La apuesta era, al fin y al cabo, segura. Pero que una apuesta sea segura no garantiza que el desarrollo de lo que a continuación pase sea el ideal. Suede era el plato fuerte del Noroeste Pop-Rock, una suerte de festival que año tras año se celebra durante las fiestas patronales de A Coruña. El festival suele contar con artistas tan variopintos como Los Planetas, Maldita Nerea, Los Enemigos o Loquillo. Así, de un plumazo, uno nunca sabe si es un lugar al que ser fiel, o si el año que viene nos saldrá el tiro por la culata. En el fondo, no importa demasiado. Son unas fiestas patronales, el festival se celebra en el agradable marco de la Playa de Riazor. Y es gratis. Esa puñeta de los conciertos gratis.

El resultado, pues, es que en la arena coruñesa se agrupó muchísima gente (se habla de 25000 personas, pero a mí no me digáis), pero bien podríamos decir que los que realmente conocían a la banda británica no serían mucho más allá de la mitad. Eran las fiestas, tocaban unos tíos en la playa, y lo que podría pagar por la entrada lo invierto en calimocho. El plan no es malo, no culpéis a los jóvenes. En ese marco, Suede salío a hacer lo que, en directo, siempre hacen. Dar un conciertazo.

La banda no pasa por sus años más creativos. Puede que la inspiración se haya ido, como en parte demuestra su reciente e irregular Bloodsports, pero la inteligencia sigue intacta. Ellos se dedican a conseguir que la gente que se reúne para verlos (o para hacer botellón mientras cantan) acaben viniéndose arriba pocos minutos después de empezar el recital. En realidad, las cuatro veces que servidor los ha visto en directo, el rumbo trazado por set-list y demás ha sido bien similar. Y aunque es cierto que no fue el de Coruña su mejor directo, ni de lejos, sí disiparon sobradamente las dudas que podían vivir dentro de sus fans a tenor del tiempo que separación, de la edad acumulada, y de un hipotético bajo estado de forma. Amigos, pamplinas.

¿El guión?. El esperado. Quizás con incluso un poco más de riesgo en los primeros temas de lo que en principio se preveía. ‘Europe is Our Playground’ abrió el concierto. Un tema semidesconocido de los ’90 que, para ser sincero, no se esperaba. Sirvió, sin embargo, como termómetro para ver que el público, incluso aquel menos interesado, estaba dispuesto a ser respetuoso. Se agradece, aunque en principio el respeto fuese algo que deberíamos dar por obvio. Se redobló la apuesta en dos temas, ahora sí, previstos en esa porra sobre el set-list inicial. ‘Barriers’ y ‘It Starts and Ends With You’ representaron las virtudes de Bloodsports durante el concierto. Son seguramente los temas más redondos del disco, los mejores en estudio, y, desde luego, los más agradecidos de llevar al directo.

Y hasta ahí. En el cuarto tema empezó el despiporre. Esa celebración de pop absoluto. Esa que sólo un puñado de elegidos pueden dar. Básicamente, porque sólo ese puñado es capaz de enlazar himnos generacionales uno tras otro y dejarse en el tintero ‘Lazy’, ‘We Are the Pigs’ o ‘She’s in Fashion’. No tocaron esas, y casi ni cuenta nos dimos. Porque son de ese tipo de abusones. De los que entonan los primeros acordes de ‘Trash’ y te solucionan la noche y el mes entero. De los que nos quitan la coraza y nos hacen cantar a voz en grito por los años mozos (no es mi caso, pero los padres que llevaron a sus enanos a enseñarles a aquella banda que les encantaba antes de que ellos naciesen se contaban por docenas), sin que importe que el que esté al lado pueda estar sufriendo un trauma acústico crónico por culpa de nuestros alaridos.

Apunten: ‘So Young’, ‘By the Sea’ (obvia, teniendo en cuenta eso de que tocamos en una playa), ‘Animal Nitrate’ o la estupendísima ‘Everything Will Flow’, con la piel de gallina en puntos de casi dolor. Si es que ya está. Ya se ha homenajeado al pop y a todos los santos de religión mundial. ¿Siempre van a lo seguro?, ¿siempre tiran de los hits, de lo fácil?. Seguramente, sí. Pero teniendo en cuenta que tampoco es que la opción de ver a Suede en directo esté disponible tres veces al año, no podemos decir que eso nos aburra o nos parezca mal. ¿A quién podría enfadar ese fantástico final con ‘The Beautiful Ones’, una de las mejores canciones pop de nunca?.

Ya sólo quedaba el bis. Un bis que, eso sí, se hizo algo rácano, protagonizado exclusivamente por la encantadora ‘Saturday Night’. En principio, parece que no era ese (o cuando menos, no sólo ese) el bis programado. Pero por mucho que los adolescentes mostrasen una actitud respetuosa, imagino que la emoción del que escribe sólo fue compartida por la mitad de la audiencia, y los de Londres, siendo conscientes de ello, decidieron cerrar la fiesta ahí. No podemos decir que fuese poca la que ya habían montado.

Foto: Ed Webster en Flickr

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