Suede — Night Thoughts

No os penséis, la mayoría de las veces yo hago lo mismo que vosotros: hago clic en la crítica, bajo a mirar la nota y luego, sólo si me interesan los argumentos, me detengo a leerlos. Pero no debería ser así. Las dichosas notitas nos dan un baremo, una referencia para entendernos, un listón para contextualizar y saber de qué hablamos cuando hablamos de x, pero por otro lado no son sólo una cárcel para cualquier debate posterior, sino que son algo volátil, coyuntural, absolutamente relativo. Por eso por ejemplo me negué a otorgarle un numerito hace unos meses a la maravillosa boutade de Ryan Adams y por eso tantas veces tengo ganas de cambiar los numeritos que puse en tal o cual reseña. Por ejemplo, la que le di al Bloodsports de Suede hace tres años.

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En este momento, desde la perspectiva que me da este Night Thoughts, creo que, efectivamente, cambiaría ese notable-pero-no por el que los fans os echasteis sobre mi chepa (bendita migración y benditos comentarios perdidos por el camino). He vuelto a Bloodsports más de una vez en este tiempo y sigo en él viendo un regreso enérgico, glorioso, pero que poco a poco se va diluyendo irremediablemente después de darlo todo nada más llegar. Pero ahora entro en Night Thoughts, veo en él un intento de bloodsportear (es decir, un intento de un intento) y ahora creo que el notable-pero-no debería ser éste y, por comparación, quizá aquél merecería ahora que eliminara la adversativa, o que al menos la pusiera mucho más abajo.

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Veo a Suede intentando desesperadamente ser Suede y lográndolo sólo a ratos

Night Thoughts, por suerte, nos explica a los Suede de 2016, eso es cierto. No a la banda que fue en otro tiempo, ni a la que les gustaría ser, ni a la que habrían querido llegar y ahora intentan atrapar de manera retrospectiva. No, aquí están detalladas (parafraseando al título) las cosas que les quitan el sueño, o al menos ésas en las que piensan por la noche, antes de quedarse dormidos. Bowie ha muerto y estos Suede huérfanos se meten quizá en el jardín pseudoconceptual más complejo con el que se habían atrevido hasta ahora (ahí está la dupla ‘When You Are Young’ — ‘When You Were Young’) y, aunque al final no se atreven a llevar esa unidad tonal y temática hasta sus últimas consecuencias ni a establecer una verdadera narrativa (y tampoco lo queremos: siguen y deberían seguir siendo un orgulloso grupo-de-canciones), sí se atreven a enfrentarse al paso del tiempo y el existencialismo junto a lugares más comunes en su universo lírico, como el deseo y las adicciones, sean físicas o químicas.

Y sin embargo, frente a la frescura de su antecesor, aquí veo a Suede haciendo un poco lo que Tim Burton viene haciendo desde hace una década: intentando desesperadamente ser ellos mismos todo el rato (Fight the sorrow / like there’s no tomorrow es una rima que habrían firmado en 1993) y lográndolo sólo a ratos. Estamos exactamente donde estábamos hace tres años: recuperar las esencias, hacer una mezcla del Dog Man Star y el Coming Up, etcétera, etcétera. Es un disco que, salvo por ese puntito extra de ambición, se plantea los mismos objetivos que Bloodsports, pero es que ya tuvimos Bloodsports y allí la mayoría de cosas funcionaban mejor: ‘Outsiders’ está bien pero no es ‘Barriers’, ‘Like Kids’ está bien pero no es ‘It Starts and Ends With You’, ‘Pale Snow’ está bien pero no es ‘Sabotage’.

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6.6/10

Para su desgracia, Night Thoughts se iguala por abajo con su predecesor copiándole la mayoría de sus defectos: flojea mucho más en su segunda mitad, se queda sin munición bastante antes de lo que debería y mantiene esa secuencia cortarrollos siempre después de los temas más vitales, lo cual no beneficia demasiado al desarrollo del álbum como tal. Y asumiendo que tampoco consigue superarlo en lo bueno, parece condenado a quedarse siempre bajo su sombra. Quizá injusto para un álbum con unas virtudes que habrían brillado más en otro contexto, pero es lo que hay: es un disco con el que nos daríamos con un canto en los dientes cuando sentimos el miedito de oír hablar de una reunión por primera vez, pero que sabe a poco después de haber recibido ya de sus manos el más-que-digno-retorno hace tres años. Todo es, en fin, relativo. También el numerito que está aquí, al ladito de este párrafo.