Anuncios

Sun Kil Moon — Benji

Seguramente pocos esperaban un resurgir de Mark Kozelek a los mandos de su proyecto Sun Kil Moon. Benji, que viene de estrenarse esta semana, supone su sexto disco bajo dicho nombre, y los precedentes inmediatos dejaban adivinar cierta caída en el confort y condescendencia. Todo seguía siendo bueno, pero perdía la calidad del otrora orfebre del folk-rock, como si el aplauso ya se lo hubiese ganado a priori y no hiciese falta currárselo de verdad. Así, Admiral Fell Promises y Among the Leaves (por mucho que entre medias Kozelek también lanzó trabajos en otros proyectos) no permitían ser especialmente optimistas. No es que hiciese falta hablar de resurrección. La cosa no era para tanto, pero Sun Kil Moon parecía comenzar a disolverse, poco a poco, como esas pastillas efervescentes de mala calidad, que quizás tarden un buen rato, pero que acaban desapareciendo ante tus narices.

Pero sea lo que fuese que le hacía falta a Benji. Lo tiene. No sé si es esa resurrección innecesaria, el santo grial, el puto elixir de la eterna juventud, o qué otra mierda. Básicamente, lo tiene todo. Benji es a los discos lo que la mayor de las metrópolis a las ciudades. No hay nada que no puedas encontrar aquí. Y me da igual si Benji es un nombre casual, o si el eterno Ben Gibbard, además de llevarse una canción (‘Ben’s my Friend’) dedicada ha llegado a inspirar el título del álbum por completo. Sea lo que sea, como sea, gracias Mark. Gracias por volver a alcanzar un nivel que me atrevería a decir que nunca había alcanzado bajo el sobrenombre de Sun Kil Moon.

‘Carissa’ abre fuego con la brillantez que marcará el resto del disco. Folk a fuego tan lento que nunca te quemará. La temperatura ideal para encontrarte en el cobijo que llevas meses buscando. Como si por fin volvieses a casa tras largo tiempo fuera. A casa de verdad, con la familia, en un ambiente en el que un título que podría resultar (que resulta, seguramente) excesivamente dulce, ‘I Can’t Live Without my Mother’s Love’ se acaba convirtiendo en un tema de belleza delicada y sin embargo abusiva. Pero Benji se empieza a ensuciar las manos cuando llega ‘Truck Driver’, una historia amarga contada como si tras el micrófono estiviese el mismísimo Townes Van Zandt. Y es que si algo no ha bajado un ápice Mark Kozelek, incluso en sus discos menos inspirados, ha sido la calidad que atesora como letrista. Como contador de historias que se hace acompañar de la música como mera excusa, como en ‘Pray for Newtown’.

I was a Junior in high school when I turned the TV on.
Jean Tiberty went to a restaurant, shot everyone up with a machine gun.
It was from my hometown. We talked about it til the sun went down.
Then everybody got up and stretched and yawned and then our lives went on.

Esto es lo que siempre ha sido Mark Kozelek, y, en consecuencia, Sun Kil Moon. Un novelista (incluso más que poeta), metido a músico. Capaz de contar con tono amable historias tan estremecedoras como las de ‘Jim Wise’, sentado con una infusión, como quien realmente comparte charla tranquila con su padre y un vecino tras una comida cuantiosa. Y con impulso suficiente todavía para firmar dos canciones supremas, probablemente las mejores de Benji. Una dilatadísima ‘I Watched the Film the Song Remains the Same’, una canción que apenas muta de acorde durante los más de diez minutos de los que tiene a bien disponer. Unidle algo que ya se había dado a conocer. Un obituario sobre pentagrama. La historia del asesino en serie Richard Ramirez contada por Mark Kozelez en ‘Richard Ramirez Died Today of Natural Causes’. Un relato estremecedor y que se convierte en el mejor momento de Benji, con un final sencillamente soberbio.

8.7/10

A estas alturas sabes que el disco se va a ir, de la mano de ‘Micheline’, penúltimo corte, más allá de la hora. Apuesta que mira el suicidio a los ojos. Disco de folk que dura más de una hora. Riesgo inmenso del que sale absolutamente indemne. Mark Kozelek disfrazándose de actor de doblaje para escenas de riesgo, en el que cada vez que el director grita “corten” el de Ohio muestra su cara, sin un sólo rasguño. El telón lo echa, definitivamente, ‘Ben’s my Friend’, compuesta mano a mano con Ben Gibbard, como antes decíamos. Llena de arreglos, probablemente el tema más trabajado, el más complejo de Benji. Y tan fascinante como, en definitiva, todos los demás. Y ya. Se acaba un disco que te ha secuestrado, como sin que siquiera fuese a pararse el mundo ante semejante drama. Suerte tenemos de que exista el play. De que la vida nos de esta segunda, tercera, eterna oportunidad. Lo más grande que ha parido Sun Kil Moon nunca.

Anuncios