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Sun Kil Moon — Universal Themes

Nunca gusta que alguien a quien quieres lo haga mal

Excusas. Buscas excusas para disculpar a aquel al que quieres pero que ha cometido un error, y te ha decepcionado. A veces las buscas más para él que para ti mismo. También cuando no sabes muy bien cómo escabullirte de un tema espinoso, y tus varios intentos de cambiar el hilo de la conversación han sido un fracaso. Cualquiera está bien para intentar salir airoso de un momento en que la has cagado e intentas darle todas las vueltas posibles antes de afrontar la realidad de que no has estado a la altura. Incluso hay momentos en los que las buscas de forma gratuita: te apetece mucho que todo salte por los aires y quedarte observando, pero en lugar de eso acabas buscando lugares comunes para evitar el conflicto.

Universal Themes: lo de casi siempre, pero peor

Excusas. Podemos buscar todas las que nos dé la gana para intentar no acabar contando que Universal Themes (Caldo Verde, 2015), el nuevo disco del tan indeseable como talentoso Mark Kozelek, a.k.a. Sun Kil Moon no ha estado a la altura. Una de ellas, la más socorrida, quizás, es que tampoco podemos esperar que el hombre siempre se saque de la manga trabajos tan extraordinarios como el todavía reciente Benji. Otra sería decir que no es para tanto, que hay muchas cosas, muchos momentos realmente fascinantes en este trabajo. La última sería que las letras de Kozelek no bajan demasiado el listón. Que como contador de historias acompañado de una guitarra sigue siendo de los mejores de los últimos años. Todas ellas son ciertas. Y, sin embargo, todas suenan a no aceptar que, esta vez, el resultado final no ha alcanzado la excelencia.

Así que os contaré que no, que Universal Themes no es, ni de lejos, un mal disco. Sigue aportando unas letras enormemente trabajadas, casi capítulos de una novela en la que la música es mero acompañamiento. Pero en esta ocasión, además, las melodías son mucho más tortuosas que en Benji. Tortuosas hasta la extenuación. Para llegar de principio a fin pasamos por innumerables cruces, en ocho cortes que andan sobre los nueve minutos de media. Es decir, Sun Kil Moon no han entregado un disco, han entregado una declaración de principios. Y sabemos que los principios reales de Mark Kozelek deben estar escondidos en un agujero al que no es capaz de llegar, pero los musicales aquí, aunque se pongan sobre la mesa, distan de ser especialmente atrayentes. En resumen: Universal Themes es un disco que te permite pasar de curso, pero que te hace formar parte del conjunto de alumnos mayoritario de clase. Los que van aprobando, pero no destacan.

Universal Themes es como estar sentado viendo una película que debería gustarte muchísimo, pero no paras de mirar el reloj cada poco tiempo

Y a partir de ahí nos dejamos de excusas y admitimos que nos estamos conformando con lo que hay, porque somos gente de clase obrera a la que tampoco le hace falta comer todos los días en restaurantes con Estrella Michelín para que el paladar disfrute, pero que Universal Themes es un disco menor de Mark Kozelek, en cualquiera de sus proyectos. Y sí, ‘Cry Me a River Williamsburg Sleeve Tattoo Blues’ es un locurón mayúsculo, candidato, como tema suelto, a figurar entre los mejores del año. Pero el conjunto satura un poco. En ocasiones satura bastante. Como estar sentado viendo una película que debería gustarte muchísimo, pero no paras de mirar el reloj cada poco tiempo. Porque, entre otras cosas, Universal Themes es muy largo. Y el problema no es que lo sea, es que lo parece.

5.5/10

Hay mucho de adictivo en ‘The Possum’ o ‘Birds of Flims’, pero luego habita muchísimo hueco algo vacío de sustancia. No hay ninguna canción (ni mucho menos el conjunto de ellas) que sea mala, y sin embargo sí noto en muchas de ellas, sobre todo hacia el final, un exceso de minutaje que no acaba de justificarse. Si quieres tirar de desarrollos, estupendo, pero hacerlo porque sí no acaba de convencer. Y pasan los minutos, los cuartos de hora, y aunque nunca lo estás pasando mal del todo, hay algo en ti que te dice que no pasaría absolutamente nada si la cosa se quedase en un par de temas menos. Y eso, al final, acaba contando mucho. Aunque, claro, podemos buscar excusas, a cientos, a miles. Nunca gusta que alguien al que queremos no haya estado a la altura.

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