Supersubmarina — Viento de Cara

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Desde el pasado 23 de septiembre lo nuevo del cuarteto de Baeza está ya en las tiendas. Su tercer trabajo, Viento de Cara, después de Electroviral (2010) y Santacruz (2012), llega con éxito alcanzando el Top1 en iTunes España con su formato digital y con las entradas agotadas para algunos de los conciertos de su próxima gira que empezará el 17 de octubre en Ciudad Real.

La banda ha irrumpido con un sonido más trabajado y sólido y unas letras quizás menos desechables, pero sin salirse de su zona de confort. Canciones con gancho momentáneo y estribillos que las primeras filas del público se sabrán desde los primeros directos pero que no acaban de ser un acierto redondo.

Repiten experiencia con Tony Doogan como productor, encerrados en el estudio por mucho más tiempo que las veces anteriores, hasta treinta días en esta ocasión; lo que les ha permitido, (aquí sí que hay que soltar una baza en su favor), conseguir que las once canciones que dan forma al disco, presenten una atmósfera más cuidada detrás de las melodías y las letras, un sonido más preciso para cada instrumento.

Aparecieron hace relativamente poco como una banda emergente y desde entonces se han ido formando encima de los escenarios

En esto han intervenido las pautas de Tony pero también la experiencia de los componentes de Supersubmarina, que han ido creciendo con los años y han podido explorar nuevos campos. Aparecieron hace relativamente poco como una banda emergente y desde entonces se han ido formando encima de los escenarios, con la suerte de tener un público entregado y que los respalda desde su llegada a la escena musical del pop-rock nacional. Por qué no decirlo, están ahora en primera línea y sus fans siguen aumentando y confiando en el cuarteto liderado por José Chino.

El disco es un trabajo más optimista, la sonoridad es más brillante, más luminosa que en sus trabajos anteriores. Como si reflejase el estado de ánimo de los que están viviendo un buen momento musical. Atrás dejaron esos temas con una mayor carga de tormento que destacaban en sus discos anteriores.

Traen canciones con versos más cuidados, que con intención o sin ella te acercan a los poetas andaluces de la luna plateada y el rayo que no cesa. Pero ellos mismos se van muy lejos de esta idea con el discurso whastappero de un horrible bajón en temas como ‘Inestable’ o la sorpresa desagradable de ‘El mañana’ donde parecen los solistas del coro juvenil de la misa de domingo.

Los temas son bailables, las cuatro primeras pistas del disco muestran unas guitarras poderosas y arreglos de piano bien colocados, con ‘Algo que sirva como luz’ como mayor acierto. Tras esto, un punto de inflexión con ‘Extrema Debilidad’, el respiro del disco, la melancolía. A partir de aquí, el paso en firme de la banda empieza a perder estabilidad, se tambalea. Nos quedan todavía seis temas y no mucho que decir. Ni la rabia contenida en ‘Hasta que sangren’, ni las hechuras más rockeras de ’Furia’ o la apariencia de banda latina que ameniza los festejos religiosos en ‘El mañana’, un desacierto en cuanto a estilo, son suficientes para poder cerrar un círculo con este nuevo trabajo.

6/10

Ya tienen videoclip para uno de los hits del disco, ’Arena y Sal’, protagonizado por un náufrago-hipster que se lleva a la isla desierta su bici. Como si no se necesitara más para (sobre)vivir y por si alguien quisiera desligarlos de la etiqueta indie. Pese a todo, tienen el viento de cara y a su favor, despeinados y con la alegría de vivir más presente que nunca. Dejan claro que buscan mejoras y posibilidades diferentes. Pero las canciones acaban moviendo el aire en muchas direcciones.