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Swallow the Sun — Songs from the North

Cuenta el mito que Hades, perdidamente enamorado de la bella Perséfone, pidió permiso a Zeus para poder llevársela a su hogar con el fin de que le acompañase durante toda la eternidad. Una bella flor fue el cebo y el inicio de un plan que acabaría con la bella joven encerrada en el inframundo, y con Deméter, su madre, sumida en la depresión fruto de la desazón de haber perdido a su hija sin saber cómo recuperarla.

La dejación de sus funciones por parte de la diosa de la agricultura sumió a la tierra en un invierno eterno, con pérdida de cosechas y hambrunas que diezmaron la población de la antigua Ítaca. El infierno blanco, helado, era el reflejo del encierro de Perséfone en el inframundo, el infierno subterráneo al que iban a parar todas las almas antes de que desde el Olimpo se decidiese su destino, sometidas bajo la vigilancia de Hades.

Vistas las consecuencias de lo ocurrido, Zeus pidió a Hades que devolviera a Perséfone junto a su madre para que el calor volviese, petición que llevó al maligno a someter a la joven a la maldición del inframundo. Una única semilla de granada procedente del subsuelo serviría para que Hades tuviese garantizada la compañía por toda la eternidad, pero Zeus rompió la norma logrando un acuerdo con Hades, que Perséfone pasase seis meses junto a él bajo la superficie y los otros seis los pasase junto a la desconsolada Deméter, la hacedora de un invierno que estaba poniendo en peligro el control de los fieles.

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La llegada de la diosa junto a su madre provocaba, cíclicamente, la llevada de la primavera y el verano, mientras que su partida sometía a Ítaca al frío proviniente del dolor de la partida y la soledad. La repetición del evento provocaría la definición de lo que hoy conocemos como las estaciones del año, y la casual evolución del lenguaje nos dejó sobre la mesa la equivalencia entre infierno e invierno, palabras de origen etimológico dispar pero a las que el clima ha acabado emparentando en según que partes de nuestro planeta.

Swallow the Sun y su empeño de hacer del infierno un lugar más habitable

Puede que no del mito, pero del infernal invierno los finlandeses Swallow The Sun han demostrado saber mucho en sus ya quince años de carrera, jugando con perfecta maestría a dibujar parajes congelados, almas condenadas y pecadores buscando espiar sus pecados ahogados en el lamento mientras el dolor y la oscuridad los fustigan a golpe de gutural y riff destinado a romper sus huesos.

Los viajes de Swallow the Sun a través del Doom Metal han ejemplificado el devenir de mil Perséfones, atmósferas que se construyen tanto desde el miedo a la oscuridad como desde el deseo de que ésta se quede cuando es confortable

Su dominio del género y del espacio les ha convertido en cronistas ya no sólo del desasosiego y la soledad, sino también en embajadores de los sonidos que los acompañan, sonidos que han logrado trascender la frontera geográfica y artística para ir conquistando terrenos que poco a poco se han ido alejando de climas y músicas extremos, y acercándose a lugares de cariz lóbrego y asfixiante pero con una humedad que no tiene la obligación de ser entumecedora.

El relato de su deriva ha ejemplificado el devenir de mil Perséfones, atmósferas en las que desde la versatilidad se habla tanto del pavor al entorno como del deseo de que el sueño se haga realidad, todo esto desde la lírica imposición del Doom Metal que con magistralidad han desarrollado los también norteños Saturnus. Narraciones desgarradoras desde una entonación puramente poética, desarrollos que van desde lo acústico hasta una cascada de riffs que parece salida del centro de la tierra, tempos mortuorios que hablan tanto de maldiciones para toda una eternidad como del sentimiento de culpa que toda y cada una de ellas conllevan.

Swallow the Sun han forjado epopeyas que sólo pueden ser imaginadas desde entornos de solitario horizonte y congelado estar, relatos de furia y tragedia que atrapan como atrapa el inframundo nada más ingerir la fruta prohibida. Lo habían hecho ya en el pasado, pero lo que han logrado con Songs From the North (Century Media, 2015) ha de elevarles al papel del mito, de aquel que poniendo en peligro su integridad acomete la heroicidad de salvar a los suyos de la perdición sin importar qué puede acabar pasando con su desvalida alma.

Songs From the North: las tres caras del invierno

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Presentado como un disco triple que tienen tanto entidad conjunta como entidad por separado, el nuevo disco de Swalow The Sun es un álbum que perfila todo el área fronteriza de lo que conocemos como Doom Metal pero coloreado desde una perspectiva cercana al gótico, a la usanza de lo que Paradise Lost diseñaron a principios de los noventa y que con tanta maestría se ha desarrollado desde los países escandinavos.

El dominio del género y sus aristas permite a los finlandeses realizar viajes interminables sin que las fronteras se vean traspasadas y sin que el mensaje quede en deuda, por mucho que el margen se estire desde parámetros que van de lo acústico hasta la brutalidad que entronca con el Metal Extremo. El mérito ante esto no es sólo que sepan estar a la altura en cada uno de los tres escenarios presentados, sino también que a pesar de una posible individualidad que no es tal y de un minutaje que ronda las 3 horas, hayan logrado que Songs From the North suene compacto, potente y coherente sin caer en efectismos ni trucos baratos.

En sus tres caras el álbum recoge tanto la crudeza de la tormenta como la soledad de la oscuridad subyacente o la belleza del entreacto. Para ello se sirve de coros femeninos que aderezan estribillos poéticos e inspiradores, guturales desgarradores que parecen salidos del abismo que une nuestro mundo con el de los muertos, tempos que dibujan esa disparidad de sensaciones que es coloreada con arreglos meticulosamente cuidados y encajados en cada uno de los entornos a los que Swallow The Sun nos trasladan.

El álbum recoge en sus tres discos tanto la crudeza de la tormenta, la soledad de la oscuridad que la sucede como la belleza de recreo en el entreacto

A un primer disco épico y sugerente, cercano a lo que en inicio uno puede esperar de un disco de los finlandeses, sigue otro expansivo y melancólico, con aires que llevan hacia el Folk mientras las voces susurran lamentos o añoranzas a momentos mejores. El cierre, alegato Funeral Doom nunca visto en la banda, opresivo, machachón, oscuro desde unos ritmos lentos y unas voces que nos trasladan al Black Metal, definiendo un entorno que asusta, aturde, aterra, y todo ello sin que la épica que define a los grandes álbumes desaparezca en ningún momento, esos cuya inspirada construcción invita a revisitarlos y bucear hasta sus profundidades en busca de los tesoros escondidos.

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En cualquier caso la ambición del esfuerzo no sería nada si esta no viniese acompañada de canciones, y está fuera de discusión que este Songs From the North las tiene, construyendo desde éstas un álbum que desde ya debe ser considerado como una de las obras claves para el Doom Metal de lo que llevamos de siglo. Puede que su duración asuste o ahuyente al curioso, pero aquel que se sumerge en el álbum y en su invernal e infernal atmósfera queda atrapado como atrapada quedó Perséfone tras probar la fruta del inframundo.

Songs From the North es un álbum sincero y honesto, que a pesar de encerrar detalles como para estar buscando en él durante meses no se esconde nada, es un álbum atrayente y un álbum profundamente inspirado, un álbum que solo puede ser concebido desde la seguridad de aquel que domina tiempo y espacio, desde la confianza del que sabe que lo que tiene entre manos está muy por encima de la media y que no podrá ser tachado de ejercidio fatuo o postureo embriagador desde la abundancia.

9/10

Lo nuevo de Swallow the Sun confirma a la banda finlandesa como un nombre clave dentro de la escena metálica europea, y esto es así porque acaban de lanzar un álbum por el que habrían matado los mismísimos Anathema de haber seguido inmersos en el mundo del Doom Metal, no confluyente desde lo lírico pero artísticamente un muy digno sucesor de una obra maestra como The Silent Enigma (Peaceville Records, 1995). Tres horas pueden parecer muchas como para dedicárselas a un disco, pero no son nada frente a la inmensidad que éste dibuja. Si te gusta el norte no lo dudes, vas a acabar enamorado de ésta que es su banda sonora.

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