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Swans — The Glowing Man

Es bastante probable que Michael Gira se hubiera reído a carcajadas si le dicen antes de volver a reunir a su banda que esta iba a alcanzar un techo de popularidad inimaginable por él hace una década o dos. Se hubiera tronchado de pensar que esa banda en la que él volcaba sus perversiones mentales iba a ser capaz de romper esa barrera de banda de culto y no volverse una banda popular, pero sí aclamada. Una banda ampliamente venerada, especialmente por cierto sector de la crítica, y que causaría reacciones de amor u odio tan viscerales -aunque probablemente ya los causaría antes, pero no a este nivel, claro- generando una enorme división entre los que escuchan sus discos y una imposibilidad física de dejar impasible a nadie.

Ya, ya sé que esta introducción bien la podría haber empleado en 2014, incluso casi en 2012, pero no deja de resultarme fascinante que una banda como Swans haya llegado a estas alturas, alcanzando el éxito ahora, y que eso no haya quebrantado ni por un momento las pretensiones de su líder, un eterno incomprendido. Porque por mucho que nosotros, incluso los que más disfrutamos indagando en su obra, nos pongamos a realizar el más concienzudo de los análisis, difícilmente podremos llegar a diseccionar todo lo que puede contener la mente de Gira, todo lo que le impulsa a componer sus piezas y a dirigir a sus acólitos en una dirección que los lleva casi a la extenuación.

Swans y las fronteras inexorables de la mente

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De todos modos, aunque el ejercicio de búsqueda de la comprensión de la retorcida mente de Michael Gira pueda ser tan complejo y con poca probabilidad de éxito, no deja de resultar interesante y disfrutable para nosotros el realizar ese ejercicio. Yo, paradójicamente, disfruto mucho haciendo esa inmersión en los discos de Swans, disfruto perdiéndome entre los parajes que dibujan sus instrumentaciones y me fascino mucho cuando su creatividad estalla e inunda los cuatro rincones de mi habitación. Por muy tortuosos que puedan llegar a ser, sus laberintos compositivos son como un imán para mí. Por ello podréis llegar a cuestionar la objetividad de mi disertación -tampoco es que antes me haya preocupado mucho por mostrar objetividad en lo que opino-, pero creo que con una banda así los discursos y estudios fríos no tienen cabida. Son puro fuego y hay que vivirlos con intensidad y visceralidad.

Un disco como The Glowing Man vuelve a exponer esas virtudes que hacen que nos encante perdernos entre el extenso mamotreto que son sus álbumes

Un disco como The Glowing Man (Young God, 2016) vuelve a exponer esas virtudes que hacen que nos encante perdernos entre el extenso mamotreto que son sus álbumes, vuelve a reivindicar esas odas a la locura que han puesto a unos cuantos medios respetados a sus pies. Tampoco es que sea algo que les interese buscar desesperadamente, ya que a Gira le da mil vueltas todo lo que puedan decir de él y de su obra. No busca agradar, no busca encandilar, no busca ser adulado o ser adorado.

La insoportable debilidad del frágil ser

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Pero entremos ya en harina de lo que es The Glowing Man. Me es imposible no pensar en este trabajo como el cierre de una trilogía, por mucho que el regreso de Swans se rubricara en 2010 con My Father Will Guide Me Up a Rope to the Sky (Young God, 2010). A decir verdad, el propio Gira anunciaba este disco como el final de esta etapa de la banda y resulta complicado no verlo como el final de un camino trazado a partir de The Seer (Young God, 2012) y continuado a través de To Be Kind (Young God, 2014) a pesar de las evidentes diferencias existentes entre dichos discos entre sí y también con este que hoy nos ocupa. Mientras que el primero representaba la oscuridad y la tortuosidad, el perderse por un bosque en plena oscuridad, su continuación explotaba mejor su visceralidad, su animal desatado y supeditado a sus impulsos, como danzar por ese mismo bosque mientras arde en llamas.

Gira nos da de la mano aquí y nos va conduciendo a través de diferentes paisajes, nos va despertando diferentes sentimientos mientras se produce el viaje

En cierto modo, The Glowing Man evoca a ambos al mismo tiempo que no se fija en ninguno. Recoge varios de esos elementos identificables en Swans, algunos que se podrían asociar con la tensión asfixiante de The Seer y otros con los momentos más calientes y explosivos de To Be Kind, pero al final el disco logra encontrar su propio camino y solidificar su propia identidad con respecto al resto. Gira nos da de la mano aquí y nos va conduciendo a través de diferentes paisajes, nos va despertando diferentes sentimientos mientras se produce el viaje. Un viaje que en muchos momentos se equipara con una travesía desértica propia de un western clásico. El hombre despiadado que observa todos los cuerpos que han ido cayendo tras su paso, luego mira hacia adelante esperando encontrar redención y liberación, pero al final se da cuenta de que no puede liberarse de lo que es.

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Nos encontramos ante otra obra donde se complica la labor de destacar piezas concretas con respecto al conjunto, ya que el recorrerlo de arriba abajo -sí, las casi dos horas completas- el realizar el viaje donde reside la mayor fortaleza del álbum. Las canciones pueden llegar a presentar cierto carácter, cierta individualidad que les aporta su propia identidad con respecto al resto, pero siguen siendo etapas de la propia travesía. No obstante, sí que hay momentos especialmente remarcables, como ese misticismo ritual inicial con ‘Cloud Of Forgetting’, las idas y venidas que se dan en ‘The World Looks Red / The World Looks Black’ sin llegar a despegarse en ningún momento de esa idea principal que se mantiene a lo largo de esos catorce minutos y medio, la experiencia sensorial de ‘Frankie M’ que desemboca en una vorágine de intensidad, lo increíblemente sublimes que llegar a sonar al condensarse en los sólo cinco minutos de ‘When Will I Return?’. Hasta nos entregan uno de los instantes del año en esa pieza homónima que, tras una tormentosa y escabrosa primera mitad, desata una fuerza y una pasión de increíble magnitud, un huracán de energía que te devora sin compasión.

8/10

Volviendo a tratar este álbum como el capítulo de cierre de una trilogía compuesta también por sus dos predecesores, diría que The Glowing Man es el esfuerzo menos brillante de los tres, el que más valles presenta y el que menos momentos de los que te vuelan la cabeza aglutina. Aun con todo, sigue siendo un asombroso disco por parte del grupo, un derroche de vivacidad, de creatividad y de seguir manteniendo viva la llama en una trayectoria ya extensa. Vuelve a emplear armas parecidas, pero la manera de utilizarlas es lo que aporta el toque distintivo al disco y hace que esta banda siga siendo un referente de la música experimental. No sabemos qué cosas nos esperarán en la próxima etapa o quienes participarán en dicho proceso, aunque quizá esa sea la mejor parte. No saber qué esperar de Swans tras casi treinta y cinco años de carrera es, sin duda, motivo para que Michael Gira pueda estar orgulloso de sí mismo como artista.

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