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Tachenko — El amor y las mayorías: a veces es mejor no pensarlo tanto

“Tachenko” src=”http://img.hipersonica.com/2013/04/Tachenko-El-Amor-Las-Mayorias.jpg» class=”centro” />Siempre he creído que las continuas referencias a El Niño Gusano en cualquier artículo o crítica sobre Tachenko no están demasiado injustificadas. Es cierto que en algunos momentos, los menos, la guitarra de Sergio Vinadé evoca ligeramente a lo que un día sonó El Niño Gusano. Pero Tachenko siempre han sido otra cosa. Y nunca lo han ocultado. A partir del power pop, a fabricar canciones pegadizas. A veces con éxito, a veces no. Tachenko son un grupo de pop. Y como tal, funcionan sólo cuando se sacan de la manga melodías pegadizas y exhuberantes. ¿Es posible vivir a golpe de inspiración? La pregunta es legítima pero, ¿es que hay algún otro modo de hacerlo en el pop?

Tachenko: canciones que son discos

Tachenko, como tantos otros, no es un grupo de grandes discos. No sucede absolutamente nada. No es ningún agravio. Hay grupos entre los que me muevo mejor si salto de gran momento en gran momento. El amor y las mayorías no es una excepción, como tampoco lo era Os reís porque sois jóvenes, donde había un puñado de canciones redondas y otro puñado que se sostenían a duras penas. En realidad, esta y no otra ha sido siempre la tónica general de los discos de Tachenko. En estas circunstancias, no es deshonroso ni extraño afirmar que el mejor disco del grupo sea el recopilatorio Los años hípicos, que aglutina sus dos primeros discos y otros tantos EP. No por nada en especial, sino por la obvia ventaja de poder saltar de las canciones que más me gustan de Nieves y rescates a las canciones que mas me gustan de Las jugadas imposibles. Que son muchas.

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En aquel disco doble de obvias reminiscencias rusas se guardaba la esencia de Tachenko y sus múltiples personalidades. No ha sido el de Vinadé un grupo esencialmente cambiante, pero sí podíamos diferenciar al menos dos de las grandes corrientes que han impregnado su música: por un lado, el pop casi acústico, a medio gas y repleto de deliciosos coros que practicaban en la paradigmática y genial ‘Amable’; por otro, el power pop acelerado y vitalista de ‘Rayos y centellas’ o ‘Yúmber’, que tan buen resultado ofreció en Esta vida pide otra, justo antes de que Tachenko viraran hacia el adult orient pop en Os reís porque sois jóvenes.

¿Qué ha significado, tres años después, Os reís porque sois jóvenes en la trayectoria de Tachenko? Una isla. El amor y las mayorías no va por el mismo camino. Aquel no eran un mal disco y contaba, al menos, con una de las mejores canciones del grupo: ‘El Respland’Or’. De algún modo, también fue su salida radiofórmula. Si todas las radiofórmulas del país sonaran como Os reís porque sois jóvenes el mundo sería un lugar mejor. No lo es, y de algún modo Tachenko se han deshecho de aquellas canciones y han recuperado el pulso juvenil y power pop de antaño en la velocidad ultrasónica de ‘Suerte y relámpago’, casi con toda seguridad la canción más pegadiza de El amor y las mayorías.

De salto en salto

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Como siempre que Sergio Vinadé está inspirado, escuchar a su guitarra es uno de los mayores placeres del panorama nacional. A mí me sucede en el nuevo disco de Tachenko lo que siempre me ha sucedido en todos sus discos: voy buscando entre sus canciones hasta que capto ese momento, ese instante, en el que todo lo que hace bien el grupo vuelve a estar en su sitio. ‘Suerte y relámpago’ es el primer destello, pero luego vienen más: ‘Mi amor, las mayorías’, ‘Estados Libres de la Unión’, ‘Error, Error’, ‘Vendaval’. La recta final de El amor y las mayorías es una sucesión de canciones bien pensadas y mejor ejecutadas. Canciones pegadizas. En las que pasar unas cuantas tardes. Sin muchos miramientos. Sin poner pegas.

Si pienso demasiado las canciones de Tachenko las miro con cierta condescendencia. Sé que es mi culpa y no la suya, pero no puedo evitar dar varias vueltas a los tres o cuatro problemas que me encuentro, casi por sorpresa, en ‘Campos de Marte’ u ‘Ojo de Halcón’. Cuando las composiciones de Tachenko me llevan en volandas y me arrinconan no puedo dejar de aplaudirles, pero en el momento en que me dejan un resquicio para respirar no puedo evitar arquear una ceja. Me vuelve a pasar, de forma mucho más aguda, en ‘Dame una Pista’. También en ‘Levántate’. Ahí Tachenko no resultan naturales. Ellos funcionan en melodías incansables a las que no importa cuántos defectos encontremos. Ellos funcionan en ‘Mi amor, las mayorías’.

“6,10” src=”http://img.hipersonica.com/2013/04/6,10-1.jpg» class=”derecha” />Lo mejor de El amor y las mayorías es que de sus entrañas surgirán tres o cuatro canciones para otro futuro y espléndido recopilatorio de Tachenko, y que a esas tres o cuatro canciones tan acertadas e inagotables volveré durante unos cuantos días a lo largo de este año, como en su día volví a las de Os reís porque sois jóvenes, como vuelvo a Nieves y rescates de tanto en cuanto. No es poco. En realidad, es mucho. Cuando dejéis de dar tanta importancia a los discos comprenderéis por qué.

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