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Teen Suicide — It’s The Big Joyous Celebration, Let’s Stir The Honeypot


Teen Suicide — It’s The Big Joyous Celebration, Let’s Stir The Honeypot

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Oct 6, 2016

Las inseguridades, el rechazo de la otra persona, el folleteo del verano, el momento me la pela todo. El angst juvenil lo impregna todo durante la adolescencia, a veces incluso se queda amarrado en tu cabeza hasta bien entrados los veinti y. Temas recurrentes que han sido y siguen siendo otra hoja de ruta para la lírica de cantidad de discos. Y en ese sentido, cada año tenemos alguno de esos trabajos en el que las sensaciones contradictorias de la juventud, en los que la rabia, la depresión y los momentos de gloria forman un collage que parecen una hoja del atormentado diario de Rivers Cuomo. Discursos que seguramente nos han desbordado demasiado, pero que dependiendo del envoltorio musical pueden sonar realmente bien. Es el caso de It’s the Big Joyous Celebration, Let’s Stir the Honeypot (Run for de Cover, 2016), el tercer disco de los norteamericanos Teen Suicide. Su nombre ya lo dice todo.

Del cacharrismo al todo vale

Teen Suicide vienen del lo-fi puro. Ese sonido cavernario y ruidoso era el que regía su álbum de debut, pero durante los dos siguientes discos han ido dejándolo de lado, aunque no del todo, como se ve en este tercer largo. Este no sólo es el trabajo en el que han suprimido más la baja fidelidad, también en el que son más ambiciosos a nivel musical, añadiendo nuevos recursos a sus canciones. A veces demasiados, y ese es el principal problema del álbum, que apunta en demasiadas direcciones, desenfocando cualquier amago de línea sonora que vertebre el disco. A eso hay que añadirle que son 26 canciones, eso sí, la mayoría pequeñas píldoras que apenas duran dos minutos.

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Y a pesar de todo, Teen Suicide, dentro de esas casi treintena de cortes, tienen un puñado de temas que guardar como refugio vital, tanto por las vivencias propias, que podrían ser tuyas, como por lo musical. Este tercer largo tiene auténticas perlas de las de guardar para escuchar en bucle, y da igual que hablen de partidas amorosas perdidas, de sentimientos depresivos y de tanto esto-ya-no-es-lo-que-era. Tienen varios dardos que apuntan a la patata o directamente al sistema nervioso en forma de himno generacional (pero esto de momento lo decimos con la boca pequeña). De ahí las sensaciones contradictorias que puede uno encontrarse en el disco, justamente como las letras que expresa Sam Ray.

Demasiado minutaje y desenfoque, PERO

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En las primeras canciones ya salen a rebosar esas letras jóvenes de despreocupación, hedonismo, depresión y drogas, como es el caso del tercer corte, ‘Alex’, una de las canciones destacadas del disco y que está hecha para derramar junto a la cerveza en algún antro con tus allegados. Unos primeros instantes del álbum en los que ya se ve los volantazos estilísticos que el grupo irá repartiendo a lo largo del LP: ahora guitarras pisando pedal, ahora una baladita, ahora un poco de teclados. Y entre tantos tiros a tantas direcciones, van llegando esos pequeños fragmentos que hacen de su disco algo especial por momentos, como la ornamentación de ‘It’s Just a Pop Song’ o las nanas con ese certero piano de ‘V.I.P’.

Pero entonces vuelve a entrar la parte árida del disco, con canciones que apenas tienen tirón y sí demasiadas divagaciones; bloques de un puñado de canciones que son oxigenadas por esos temas que si formaran un trabajo de 14 canciones sería mucho más completo. En cada ráfaga, su canción molona vital. Y en esta vuelven al lo-fi, al sonido cacharrero grabado en un garaje andrajoso, con la inseguridad y soledad salvada por el amigo Dios en ‘God’ o por uno de los temas con más gancho: ‘Pavement’. Un corte, que por cierto, también se acerca a cierta actitud crítica, aunque de forma tangencial, a eso que decián Pavement en ‘Fillmore Jive’ acerca de algunas bandas.

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7.5/10

Hacia final del disco encontramos la parte con menos relleno, relativamente igual de desenfocada que el resto del trabajo, pero con mayor acierto en su ejecución. De nuevo historias de amor, melancolía, la mano de Dios asomando el lomo y un conglomerado sonoro que va desde el idílico envoltorio de ‘Falling Out of Love With Me’ hasta la vitalidad que rezuma ese vivaz teclado en ‘I Don’t Think It’s Too Late’, pasando por la onírica joya de ‘My Little World’. Al final, It’s The Big Joyous Celebration, Let’s Stir The Honeypot deja la sensación de que podría haber sido un álbum mucho mejor. Casi treinta canciones, y tanta diversidad dan la sensación de inconsistencia, como ocurre en bastantes canciones. Sin embargo, tienen unas cuantas que reflejan esos momentos vitales, para bien o para mal, que tanto nos gusta repasar, sea en modo masoca o no. Temas realmente buenos que se ven empañados por un minutaje excesivo. Eso sí, después de haber sobrevivido a la ruptura del grupo, el cruce entre guitarras indies, temática emo y cacharrismo en su justa medida sigue siendo algo que vale la pena disfrutar. Si logran quitarse esos defectos que arrastran desde su inicio y centrarse más, en el futuro hablaremos, por fin, de un disco grande.

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