Es difícil, por no decir imposible, que para muchos de los asistentes al concierto de ayer de Teenage Fanclub en la Sala Capitol, que ponía el broche de oro al Ciclo Xacobeo Importa, la noche de ayer, y la eterna sensación de felicidad durante toda la actuación, no nos vaya a durar durante todo el puente (controladores aparte). Porque, además del concierto, y del habitual componente emocional, subyacía en el entorno la sensación de poder, al fin, tachar de la lista a un icono generacional, a tantos buenos momentos que desde los 90 nos han acompañado, y que nos sintamos eternamente jóvenes.

Vale, lo reconozco: miento si me incluyo en este sentimiento, porque sólo tengo 2 años más que la banda, pero empatizo con la mayoría de treintañeros y cuarentones que llenaban ayer la Sala Capitol. Porque, y ahora viene el tópico de abuelo, el pop que ellos practican no entiende de edades, como tampoco lo era el de los Beach Boys, los Byrds o el de Big Star. Tan sencillo y a la vez tan complicado de conseguir: Teenage Fanclub también tienen la esencia del pop, y lo de anoche fue una clase magistral.

Podría ir desmenuzando el repertorio, pero abrevio diciendo que “cayeron las que tenían que caer”. Vale, no tuve la paciencia de apuntarlas, pero sólo un grupo de su calibre puede tocar un acorde, pedir que se solucione el problema técnico, y acto después soltar un tema como ‘Start again’. Y las canciones que cayeron de su nuevo disco (creo recordar que ‘The fall’, ‘The past’, ‘Shock and owe’ y una enorme ‘Baby Lee’) no desentonaron entre el resto de clásicos (‘I don’t want control of you’, ‘Empty space’, ‘Star sign’, ‘It’s all in my mind’).

No obstante, es evidente que su cénit creativo, su disco para la posteridad, su obra maestra, ‘Grand Prix’ fue la que se llevó los aplausos más numerosos y sonoros. Aunque la audiencia mantuvo una calidez como nunca había visto hasta ese momento, la primera gran ovación de la noche fue para ‘Don’t look back’, como luego serían para ‘Verisimilitude’, ‘About you’, ‘Say no’, la (para mi gusto, acelerada y deslucida) enorme ‘Mellow Doubt’ y la que a la postre cerraría el concierto en un BIS 2 inesperado: ‘Neil Jung’.

Por tanto, hay que ser muy puntilloso para buscar fallos o deméritos en un concierto de algo más de hora y media, con un repertorio tan logrado (como quizá homogéneo), pero nos podríamos quejar de la media hora de retraso con la que empezó el concierto, y con que… vale, no hay mucho más (aparte de mi queja con ‘Mellow Doubt’, o que quizá deberían haber adelantado ‘Neil Jung’ y haber cerrado con Everything flows’). Interpretaciones cálidas, ‘Graciñas’ sinceros al acabar las canciones, el hecho de recordar el Santirrock de hace 10 años donde habían participado, sentido del humor ante los mensajes del público (inenarrable la imitación del “/sóis-lo-mejó/”) y hasta la petición de una pandereta al público. No sé si a Luqui le gustaban, pero usaré una frase suya para definir el concierto: ¡GOZADA TOTAL!

Fotos | Fishplums en Flickr (otro concierto)

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