Templeton — Rosi

Cuando uno habla de Templeton, parece que hace falta pegar un puñetazo en la mesa y dar un par de voces para que a uno le presten atención, que hay que aclararle a quienes no hayan estado demasiado atentos que no son otro-grupo-indie-español-más, que aquí hay algo más donde rascar. Hay que aclararlo porque desde fuera, no me preguntéis por qué, lo parecen y porque… bueno, porque en alguna ocasión lo han sido. Pero por suerte aquí está este Rosi para quitarse cualquier sombra de complejo.

Templeton, luces de la ciudad

Quizá fueron un poco más de lo mismo en algunos momentos de su debut Exposición Universal (Subterfuge / Arindelle, 2009), donde combinaban jitazos como ‘Brasil’ con canciones de ésas que te hacen exclamar entre dientes “uy, qué bien, otro grupo que se parece a Los Planetas”. Llegó El Murmullo (Autoeditado, 2012) y despejó más dudas, mirando en aquella ocasión a la canción española de los 60. Pero todo eso queda lejísimos en el mismo momento en que empieza este disco con la deslumbrante ‘La gran ciudad’, ese single quizá no tan evidente en un primer momento pero que luego acaba por descubrirse como lo que es: absolutamente perfecto, una de las canciones en castellano de este 2014 que condensa además toda la esencia de un disco que, de puro dispero, es realmente difícil de condensar.

“Esta noche / estás cansado / y sales de trabajar / En el coche, en la radio / suena la gran ciudad”. Y empieza el festival de sintes. Chimpún. La noche, el pop, los ochenta, la España decadente. El tono y el abanico estilístico y temático desplegado en cuatro minutos redondos que crecen y crecen hasta casi amenazar con devorar al resto de temas (pero no). En alguna entrevista han dicho que la imagen que les evoca ‘La gran ciudad’ es Drive protagonizada por Juanjo Puigcorbé: es una definición muy de crítico musical, así que qué bien que se les haya ocurrido a ellos, que para eso la han parido, porque es perfecta.

Pop electrocarpetovetónico

Porque Rosi es español y ochentero, y ambas cosas no sólo en lo estilístico, sino también en lo temático: coged si no la voz de mujer mayor que suena en ‘Fucsia’ (y que de paso da título al disco: huele a historia divertida detrás) y decidme si no parece una Chus Lampreave esperando la réplica de una Rossy de Palma. Ese costumbrismo, ese toque castizo (serán cántabros pero han firmado un disco bien madrileño), esa idea de lo cotidiano y ligeramente cutre, recorre de alguna manera todo el disco y otorga una cierta unidad a lo que podía acabar reventando por las costuras de tanto eclecticismo, desde los himnos más enérgicos (‘39300’, el código de su Torrelavega natal) a esas desconcertantes baladas de dandy venidos a menos a lo Julio Iglesias (‘Noches blancas’, corte que sale airoso de un equilibrio dificilísimo).

La variedad amenaza con hacer naufragar a Rosi, pero también lo hace francamente entretenido y le da el atractivo de extra de lo inesperado. Coged, por ejemplo, el comienzo de ‘Pálida camarada’: uno no sabe muy bien si de ahí van a acabar saliendo Golpes Bajos o Miguel Bosé y cuando la cosa echa a andar, resulta que quienes aparecen son The Jesus and Mary Chain. Y cuando ya estéis curados de espanto, disfrutad de la otra gran joya, esa ‘El látigo’ que resucita durante durante tres minutos a los Chucho que tanto echamos de menos, una especie de canción protesta a su manera (“El látigo te quiere al cien por cien / Te pega y dice que es por tu bien / El látigo restalla sin parar / Tiene tu alma pero quiere más”) que se las apaña además para mencionar a la web de Renfe, máximo exponente de todo lo que va mal en el mundo.

Templeton, ahora septeto y producidos de nuevo por Paco Loco, firman su disco más colectivo, en el que más se nota la disparidad de firmas y sin embargo el más sólido, el que contiene sus canciones más redondas. Es desigual, sí, y no siempre capta nuestra atención con la misma intensidad, pero se mueve dentro de un nivel de autoexigencia siempre alto. Es, en fin y por si no ha quedado claro todavía, su mejor disco hasta la fecha. Y ahora queremos más.

7.9/10

Siguen mirando a los 60, como en ‘Quemado por el sol’, pero por el camino van disparando a objetivos diferentes, con el pop de sintetizadores como brújula, aunque no siempre motor. Buscar un estilo propio a base de heterogeneidad no es cosa fácil, pero a ellos les ha salido razonablemente bien.

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