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Terbutalina — Al otomano se le va la mano

Terbutalina son el grupo que quieres encontrarte en un festival, en las fiestas de tu pueblo, en ese garito infecto en el que acabas una noche cualquiera por culpa de ese perla colega tuyo que siempre te acaba llevando a lo peor de lo peor. Luego al final siempre acabas yendo a bolos de Beach House y cosas así, y cuando tienes que hacer una lista de los mejores discos del año, metes a Joanna Newsom para quedar bien aunque no te has escuchado ni una puñetera canción hasta el final (la vez que te pusiste de fondo el disco mientras comprabas los billetes de avión no cuenta). Pero el disco que de verdad te gusta es Al otomano se le va la mano y el grupo con el que de verdad te lo pasas bien son ellos.

https://www.youtube.com/embed/uMWE-dmDkYs

La nota de prensa no decepciona y sólo con ella ya te haces una idea del tipo de individuos del que estamos hablando: “Terbutalina te hace bailar como si te duchases todas las mañanas en aguardiente, es garage-punk fiestero disparado por cinco asmáticos de la costa oeste amantes del tabaco, la playa y el matrimonio entre políticos imputados”. Y el disco, tampoco: en menos de 20 minutos les da tiempo de soltar hasta once pildorazos de punk garrulo cantado en gallego (ya, el título está en castellano: cosas de la diglosia), mover el cucu, dejarnos con una sonrisa en la boca (y una cerveza en la mano) y volverse por donde habían venido.

No tiene mucho sentido ponerse a explicar estas canciones, a elucubrar sobre lo que hay detrás de ellas o a colocarles demasiados adjetivos. La cosa no va precisamente de buscar dobles lecturas y si no, coged por ejemplo ‘Autopista’, uno de los jitazos más logrados de este desmadre de álbum: Sobre as sete da tarde espertamos / Xa ninguén sabe onde andamos / Veñen á mente movidas borrosas / Toda a noite apalpando baldosas / e cabesa / que con tanta servesa xa non pensa. / Ademais era desa, da boa / da que solusiona unha noite, unha festa. Ya veis que no hace falta romperse la cabeza para desglosar las claves de su propuesta sonora: mejor escuchadla vosotros mismos y ya os vais haciendo una idea.

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Ojo, eso sí, con confundir falta de pretensiones con amateurismo o tomarlos por unos recién llegados. En primer lugar, es su séptimo disco (una cifra a la que probablemente será más fácil llegar cuando no tienes que replantearte constantemente el lugar de cada obra en tu discografía) y en segundo lugar, porque, con todo lo despreocupado que es el disco (Mira como me miras / Mira como respiro, / que quedo sin aliento cada vez che miro / Mambo! Dame mambo! Morena, dame mambo!) las canciones están seguramente más trabajadas de lo que pueda parecer. ‘Mala tinta’, por ejemplo me ha recordado a una versión calculadamente destartalada de ‘Creo que te voy a dejar (Bueno, no sé)’ y, mirando el disco con perspectiva, no puede ser en absoluto sencillo encadenar esta sarta de cortes frenéticos logrando esas melodías prodigiosas (los teclados son el secreto de la masa) y evitando transmitir la sensación de estar contando el mismo chiste una y otra vez.

7.8/10

Y eso, que no hay mucho más que decir: que los escuchéis y punto. Y a pasarlo bien, que es de lo que se trata. Al otomano se le va la mano es uno de los discos más divertidos de los últimos meses y eso lo digo con cero condescendencia y sí mucho reconocimiento. Alguno lo menospreciará, dirá que esto es poco más que una broma y tal y cual, pero yo me pregunto, si hacer un álbum así es tan fácil, cómo es que no tenemos uno nuevo todas las semanas.

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