El año pasado irrumpieron con fuerza en nuestras cabezas con un fresco aroma ramoniano que reunía esas virtudes que uno busca en el punk-rock: que sean directos, suicidas, jóvenes y mucha diversión. El trío estadounidense Terry Malts (Slumberland Records) se lo ha tomado en serio y apenas un año después del debut, se han sacado de la chistera su segundo álbum: Nobody Realizes This is Nowhere, que sólo a ratos sigue sonando igualmente efectista como su ópera prima y que no llega a ese encanto de punk rock despreocupado que rezumaban entonces.

Aflojando en sus principales cualidades

Terry Malts guardan esas semejanzas con los Ramones que hacen de ellos un grupo que escuchar con especial interés; no sólo Phil Benson, principal vocalista, tiene un tono idéntico al de Joey Ramone, también se parecen mucho en las estructuras de los coros, en esa querencia por la melodía, en esos ritmos abrasivos que mueren fusilados en una ráfaga de apenas dos minutos de tiempo. Sin embargo, al tener una fórmula tan limitada, quedan condicionados exclusivamente por la imaginación que hayan tenido a la hora de elaborar este segundo disco. O al esfuerzo, y parece que este ha sido escaso.

Básicamente, si Nobody Realizes This is Nowhere es manifiestamente inferior que su hermano mayor, Killing Time, es porque las canciones no gozan de un acabado tan bueno en comparación con este. Aun así, por supuesto hay temas buenos que extraer, pero de nuevo al tener la paleta sonora tan cuadriculada, tu fórmula puede ser efectista, pero corre el riesgo de acabar en una espiral de anodinas escuchas. Es lo que ocurre en ciertos pasajes del segundo disco del trío americano: sus canciones no suenan tan frescas como las del debut. Cansan.

Es obvio que no inventan nada, de hecho, más bien copian patrones que ni siquiera intentan llevar a su terreno, pero la primera vez que les escuchamos eran un revivalismo con cierta frescura; con actitud. En este segundo álbum han perdido inmediatez, compostura, avanzar hacia el final del LP se convierte en tarea hercúlea. Han perdido gancho e incluso llegan a intercalar alguna canción lenta que rompe el ritmo de la escucha del álbum. Joder tíos, en qué estabais pensando. Seniles ya tan pronto no, hombre.

Indiferencia como consecuencia de la falta de esmero

A pesar de que en los sencillos mostraban un punk más propio de los setenta, destartalado, con sonido más de baja fidelidad y más incendiario, en formato LP, aunque domesticados, seguían haciendo que te desnucaras. Ahora, este peligro de romperte el cuello es difícil de conseguir de una forma más regular en Nobody Realizes This Is Nowhere. Se han esmerado menos por añadir pequeños detalles, arreglos y cambios de ritmo para resultar tan adictivos como lo fueron sus melenudas referencias. Este segundo larga duración empieza con buen pie con ‘Two Faces’; de lo mejor del disco, con ese aire melancólico tan ramoniano, un estribillo que engancha como una droga y que en directo ha de funcionar a las mil maravillas y unos coros al final para garantizar que Terry Malts siguen en forma y con ganas de dar guerra.

Pero esas buenas sensaciones se van disipando poco a poco y sólo vuelven de vez en cuando, pegando bandazos una ya otra vez; esta sí, esta no, esta sí… esta me gusta a mí me la como yo. Después de una pobre y olvidadiza ‘Human Race’ les sale la vena punk primigenia del CBGB en el minuto y poco de ‘Life’s A Dream’. Pero la línea general es que se han esmerado poco en intentar crear esa variedad dentro de las limitaciones del género, como bien estilaron el año pasado. Después del avance ‘I Was Not There’ asistimos a un bajón en el corazón del disco, que sólo salvan parcialmente la juvenil ‘Buy Buy Baby’ y más tarde el músculo de ‘Walking Without You’. En esta muestran ese punch que puede servir como alternativa a su plano modus operandi que han puesto en liza en este trabajo.

Al final del disco tenemos la dosis de cal y arena patrocinada que sigue presente en todo el disco, entre ellas, la inentendible ‘Confortably Dumb’ con su juego de palabras y su disposición de nana. Cierrra ‘So Serious’, un medio tiempo efectivo que demuestra que no siempre han de pisar el acelerador para ser efectivos, pero sí al menos recurrir a los coros y pequeñas salidsa de guión en los acordes para ser una copia con gracia.

5.7

En definitiva, Realizes This is Nowhere es un disco más flojo que su debut, que a pesar de ser más corto se hace más largo. O incluso produce una sensación peor, la de no prestarle atención y dejarlo en una segunda o tercera línea mientras piensas: “joder, aún están los peñazos estos con sus mamandurrias punk”. Lo cierto es que podrían haberse esforzado mucho más y esperar más tiempo a editar algo mejor llevado a término. Si bien es difícil destacar con fórmulas tan trilladas y con poco margen, es aconsejable esforzarse más para mostrar algo diferente. Si no, puedes caer en el pozo de la indiferencia. Que es lo que les ha pasado.

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