Hay un par de tópicos, cuando hablamos de cine o televisión, que siempre me han chirriado especialmente: uno es el clásico “tiene una fotografía muy bonita”, el otro es el también bastante extendido “la banda sonora es muy buena”. Lo que me chirría en ellos no es tanto el tópico en sí como el uso rutinario que se hace de ellos, la perezosa argumentación que siempre los sustenta: cuando alguien habla de fotografía bonita seguro que es porque la película incluye grandes planos de paisajes espectaculares (cuando, por ejemplo, pocos ejemplos mejores de fotografía me vienen ahora mismo a la mente que el de los azules de Million Dollar Baby, nada llamativos en ese sentido) y cuando alguien elogia la banda sonora seguro que es porque, ignorando por completo el score, incluye canciones que le gustan (probablemente de hecho, canciones que ya le gustaban antes). Quizá por eso The Americans no es la primera serie que a uno se le ocurre cuando se habla de bandas sonoras televisivas.

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A mí lo de “qué buena es la banda sonora” siempre me ha parecido bastante tramposo. En primer lugar porque, aunque a nadie le amarga un dulce, tampoco una retahíla de jitazos va a mejorar mi opinión sobre la obra en cuestión (si quiero escuchar canciones, me pongo el disco) y segundo y principal, porque esas canciones tienen que tener sentido dentro de ella, tienen que venir a cuento, servir un propósito y acompañar, sugerir o ilustrar sin caer en subrayados excesivos, como ha ocurrido en algún momento algo lamentable de la filmografía de Pedro Almodóvar, por ejemplo. No tiene que molar la canción, tiene que molar la canción en ese momento de esa serie. ‘Rebel Rebel’ puede no aportar nada a una escena mientras que una cara b de Pablo Alborán puede darle un toque especial y hacerla mejor. O, como aquí, usar a Phil Collins (una de las peores cosas que le han ocurrido jamás a la música) puede ser un gran acierto.

The Americans, que hace poco ha iniciado su segunda temporada, es una historia de espías que se sitúa en plena Guerra Fría, en los 80 de Reagan, y aunque no es una serie que pierda más tiempo del necesario en la recreación histórica (un mal que ha afectado a más de un producto nacido a la sombra de Mad Men), sí tiene una absoluta vocación de serie de su tiempo o más específicamente de su momento. Por eso es coherente que suene Phil Collins en su piloto y por eso es tan interesante el uso que hace de ‘In the Air Tonight’, con cero ironía pero también con cero ridículas pretensiones, como recientemente le ha ocurrido por ejemplo a algún azucarado videoclip de The Newsroom. Esa canción, tan explicativa del momento en que fue creada como icónica dentro de la televisión de los años ochenta (se convirtió en un verdadero éxito masivo cuando apareció en el piloto de Corrupción en Miami) suena simplemente porque debe sonar. Que sea una canción horrible (y en todo caso será de lo menos horrible de Collins) no tiene la menor importancia.

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Su utilización, que recuerda en cierto modo a la que hacía Zach Snyder del ’99 Luftballons’ en aquella escena de Watchmen, cumple además con un objetivo esencial en una historia de secretos y mentiras como ésta: descolocar al espectador, hacer que se pregunte constantemente acerca de la veracidad o no de lo que está viendo y de sus intenciones. Los no convencidos con The Americans suelen echarle en cara lo que otros alaban como sus grandes hallazgos estilísticos: su frialdad, su indefinición sistemática, esa falta de química entre sus dos protagonistas (y los dos actores que los interpretan) que nunca se acaba de saber a ciencia cierta (dudas, de nuevo) si está buscada y admirablemente lograda o es simplemente resultado de una serie de incompetencias. En ese contexto es donde Phil Collins tiene todo el sentido.

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Las dudas y las mentiras también están presentes en el ‘Tusk’ de Fleetwood Mac con el que se cierra el primer episodio y su Why don’t you tell me what’s going on? / Why don’t you tell me who’s on the phone? En una época de paranoia y desinformación encajan bien ‘The Pictures On My Wall’ de Echo and the Bunnymen en el cuarto episodio y, desde luego, la electrónica de tintes industriales de Fad Gadget, que suenan con su ‘The Box’ en el séptimo e ilustran a la perfección una serie de tonos desvaídos, llena de grises, que en la música como en las tramas prefiere dar sólo las pinceladas necesarias de lo general para enseguida pasar a lo concreto: pocos grandes éxitos de los ochenta, por tanto, aparecen entre la selección de los supervisores musicales P. J. Bloom, Heather Guibert y Janice Ginsberg. Desde la oscurísima ‘Siamese Twins’ (uno de los asfixiantes rincones del Pornography de The Cure) hasta crescendos épicos (‘Rough Boys’, de Pete Townshend) o ese brillante final de temporada con el ‘Games Without Frontiers’ de Peter Gabriel, todo está siempre ahí por una razón.

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No hay un único carril para la música en The Americans ni una sola forma de emplearla. Al contrario, se puede llegar hasta el extremo opuesto y divertirse planteando juegos de espejos en los que las canciones dicen lo contrario de lo que expresan las imágenes. Y así, una escena dramática, de despedidas (vamos a evitar los spoilers) puede adquirir un tono inesperadamente cínico si de fondo suena el ‘To Love Somebody’ de Roberta Flack. Es ese tipo de momento de momentos que evitan los caminos más trillados los que dan el plus de calidad y justifican el detenerse a prestar atención a una banda sonora como ésta.

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Como el propio Bloom comentaba en una entrevista, el comienzo de la serie, en 1982, es también en cierto modo un ángulo muerto a nivel popular dentro de la historia de la música: ha pasado la fiebre del disco pero todavía no ha estallado el hair metal y muchos de los grandes éxitos del tecnopop están aún por llegar. Una grieta musical que parece ideal para un relato de espías, que a fin de cuentas se ganan la vida colándose por cuantas rendijas encuentran.

Huyendo, en fin, de lo evidente y buscando siempre transmitir algo a través de sus canciones, The Americans hace un uso inteligente e interesantísimo de la música en la ficción televisiva. Incluye pocos jitazos de libro, motivo por el cual poca gente comentará de ella “lo buena que es la banda sonora”, e incluso fuera de contexto más de un tema nos dirá poca cosa. Pero vale mucho la pena acercarse a ella, ver lo que ofrece y (siempre unido a ello) qué fin persigue en cada caso. Y luego ya veremos si la fotografía es bonita.

Tunefind | The Americans

Spotify | Playlist de la música de la primera temporada.

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Series de televisión en Hipersónica

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