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The Civil Wars — The Civil Wars: los amantes pasajeros

Cuando probertoj me dijo en el post sobre Sound City Studios ‘en 2013 te vas a hartar de Fleetwood Mac: ahora todos los grupos hipster les adoran’ no quise creerle. Por un lado estaba el hecho de que las supuestas referencias a la banda británica fundada por Peter Green y Mick Fleetwood siempre aparecían de forma tan disimulada que no había sido capaz de rescatarlas entre esa maraña de folk pausado y melancólico que tan de moda parece estar últimamente.

Por otro, y con respecto al proyecto que hoy nos ocupa, aún no había sido captada por mi radar una de esas bandas ante las que, creo, probertoj me prevenía. The Civil Wars son el dúo y Stevie Nicks y Lindsey Buckingham son el espejo en el que Joy Williams y John Paul White se han mirado para conformar un disco que no pasa de ser la crónica de una ruptura, ruptura espiritual y artística, siendo esta cuestión otro más de los paralelismos que The Civil Wars parecen ofrecer con respecto a la época más soft y más Country de Fleetwood Mac.

Crónica de una ruptura no anunciada

Lo que parecía un matrimonio de conveniencia significó la principal irrupción de la mal llamada Americana en el año 2011. Con su álbum de debut bajo el brazo, Barton Hollow, Joy y Paul saldrían del anonimato de la escena country underground para convertirse en Top 15 en Billboard o ser nominados como banda revelación en los premios Grammy en las categorías Country, restando espacio a aberraciones mercantiloides como Taylor Swift o Shania Twain.

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Desgraciadamente el nexo musical no sería suficiente como para mantener juntos al dúo y el nombre de la banda se tornaría profético frente a unos problemas que acabarían en disolución solo unos meses antes del lanzamiento de un segundo álbum cuyo póstumo carácter refuerza una sensación de dramatismo y emotividad ya buscada desde el inicio por Joy y Paul.

Éstas diferencias irreconciliables en lo personal, según palabras del dúo (y al respecto de lo que cada miembro esperaba de él), acaban jugando un papel importante en lo musical y letrístico, pues vienen que ni pintadas para un álbum que en lo lírico se centra en aspectos como la soledad, el desencuentro o la más visceral venganza.

Azucarado pero no mezclado

Y es que el segundo álbum de The Civil Wars opera como un magnífico epitafio para una corta pero intensa carrera en la que no sabemos si ha sido el éxito en lo artístico o el fracaso en lo personal el dinamizador de esta ruptura.

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La escueta portada ya tiene un cariz bastante significativo, jugando la gris humareda de cicerón ante un disco que huele a tabaco y sabe a bourbon a pesar de su potente componente pop. El hecho de que ninguno los 12 temas sean resultado de una reciente composición sino de compilación de ideas desarrolladas durante los últimos 3 años, y lanzadas tras decidirse la disolución del combo, no supone una merma conceptual ya que el dúo siempre ha tenido muy claro cual era el contexto lírico en el que se movían.

Referencias al sonido Nashville en forma de sonidos secos y ásperos comparten espacio con composiciones más pop y almibaradas que afean un poco el resultado pero sin desvirtuarlo. El equilibrio se encuentra en temas como ‘From This Valley’, donde el dúo comparte trabajo vocal y logra emocionarnos con la dulce voz de Joy Williams y la más áspera de John Paul White o en la dramática ‘The One That Got Away’, la cual sirve de un épico y motivador inicio de álbum.

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No todos los temas parecen tan bien rematados como apuntan, desde la versión de ‘Disarm’ (mítico tema de The Smashing Pumpkins) y su excesiva calma que resta valor al emotivo increscendo de la original, hasta la excesivamente almibarada ‘Dust to Dust’, donde el exceso de azúcar resta posibilidades a un tema con bastante potencial lacrimógeno.

7.7/10

D’Arline’, tema grabado con un Iphone, cierra el álbum como quien corta una relación por sms, de forma fría y probablemente minusvalorando la entidad que The Civil Wars podrían haber llegado a tener como proyecto. A pesar de estos sinsabores el álbum funciona gracias a un trabajo vocal que por lo general es más que acertado, quedando la parte instrumental como elemento generador de una atmósfera que logra ser atrayente hasta para un outlaw como un servidor. Obviamente no resiste comparación con las dos obras magnas de Fleetwood Mac, pero el epílogo de The Civil Wars funciona perfectamente como sustitutivo liberado de ambiciosas pretensiones.

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