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The Contortionist — Language

Salvando las distancias y el posible exceso de ambición en la comparación, resulta sorprendente como una teoría tan pretérita como la que derivó en la creación del Taoísmo pueda servir de base para la mitología en la que The Contortionist han encerrado el mundo creado para la ocasión del lanzamiento de Language (eOne/Good Fight Music, 2014), un álbum que habla de realidades pretéritas, de conflictos eternos que nos llevan a un futuro de esperanza y desesperanzador al mismo tiempo, constatando el potencial de la simbología del taijitu de cara a describir los conflictos entre realidades enfrentadas que dan forma a nuestra existencia.

El bien y el mal, el día y la noche, el frío y el calor, el cielo y el infierno… algunos por convención y otros surgidos gracias a un simple vistazo al entorno, todos dan forma a un universo que se apoya en un ir y venir, en un fluir de entes de signo contrario al que The Contortionist aluden con el omnipresente ‘Ebb and Flow’ en un mundo sometido por el enfrentamiento entre lo terrenal y lo apocalíptico mientras entidades numéricas e incorpóreas batallan por hacerse con el control de aquello sobre lo que gravita todo: Mother Sun.

Language: una historia de realidades enfrentadas que se retroalimentan

Elemental pero complejo al mismo tiempo, el tercer disco del sexteto de Indianapolis lleva a rajatabla la biporalidad entremezclada a la que aluden en el aspecto conceptual del álbum, dibujando un Metal Progresivo que en su desarrollo se ha alejado del efectismo de los inicios y ha ido abriendo paso a una carga sentimentoatmosférica que ha fortalecido la dicotomía a la que se han aferrado como innegociable razón de ser.

En este desarrollo han sobrevivido los requiebros instrumentales que aluden tanto al Math como dejan espacio para algún que otro deje Djent, aunque su protagonismo pasado ha sido reemplazado por los, otrora, actores secundarios. El teclado como inspirado soporte atmosférico y creador de texturas en las que se apoya la distopia, el bajo como átono constructor de los cimientos y furtivo protagonista en algunos parajes jazzísticos y la voz del flamante Mike Lessard como nuevo maestro de ceremonias constituyen el paradójico elenco de protagonistas en un álbum que destaca en su progresividad sin artificio, en un despliegue de estructuras que fluctúan sin recurrir por decreto a la circularidad pero cimentándose en nuestra memoria como si así lo hiciesen.

The Contortionist van del cielo al infierno con una facilidad pasmosa, describiendo conceptos contrapuestos que existen gracias a su antónimo

El de la bipolaridad es un concepto recurrente a la hora de hablar de Language pero su propia concepción, estructura y plasmación hace imposible no recurrir a ella. The Contortionist bailan como una mariposa y golpean como una abeja, embelesándonos con parajes de onírica instrumentalidad que dibujan tanto a Pink Floyd como a los Dredg de esa genialidad llamada El Cielo (Interscope, 2002) para después noquearnos con un reverso tenebroso que aturde a base de riffs que recuerdan a los maestros Messuggah y guturales robados a la prodigiosa garganta de Tommy Giles Rogers de los enrevesados Between the Buried and Me.

Y a pesar de que a priori lo parece, lo nuevo de The Contortionist es un álbum que se sobrepone a su propia complejidad sin dejar de guardar recompensas para sucesivas visitas. Language es un reto que sabe dónde apretar y dónde aflojar, que emociona apoyándose en la fiereza y que enfurece gracias a una sensibilidad que hasta el momento los norteamericanos apenas habían insinuado. Todo en este tercer disco acaba gravitando alrededor de la misma dicotomía, en un ir y venir que es traslación de trayectorias opuestas que dibujan realidades tanto cotidianas como imaginarias, en la transposición de una verdad universal que se basa en la existencia de entes antitéticos que se necesitan unos a otros para poder existir.

8.3/10

Como único pero Language no ha acabado siendo tan grande como por momentos parece pedir en su desarrollo, es un álbum que plantea ideas tan acertadas y que están tan bien ejecutadas que acaba dejando con ganas de mucho más a pesar de sus más de 45 minutos de duración. Dibuja un brillante futuro para The Contortionist si son capaces de perfeccionar lo que en él muestran, pero deja con esa sensación con la que uno se queda cuando le roban el último trozo del bocadillo. No es éste un defecto estrictamente compositivo del álbum, pero la que podría haber sido una obra definitiva nos acaba emplazando para el desenlace en un próximo capítulo. No es ésta una mala noticia en cualquier caso, tenemos suerte de que la historia continúe.

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