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The Cult of Dom Keller — The Second Bardo

Parapetados en una cómoda segunda línea de la actualidad psicodélica, The Cult of Dom Keller ofrecieron el año pasado su primer disco entre claros, oscuros y motores que funcionaban a un-ritmo-pausado-pero no-demasiado. Allegro ma non troppo, entendido a la inversa. De brío y repetición se embadurnan apenas un año después para firmar The Second Bardo (2014, Cardinal Fuzz): allí donde su debut hacía arquear alguna que otra ceja — ponme más fuzz por aquí, quítame más reverb por allá — aquí hay certezas redondas y de colores fosforitos. The Cult of Dom Keller han cuajado un disco que, sin que medie evolución real, supera con cierta facilidad a su predecesor. Y eso, en un mundo donde la repetición y el pastiche suelen ser vueltas de tuercas de lo más comunes, es una excelente buena nueva para todos. Y especialmente para ellos.

Ubicaré el punto inicial de esta pequeña andadura por el universo The Second Bardo en ‘The Snake Keeps Changing’, la segunda canción del segundo disco del grupo que desea ser algo más un figurante de excepción en la segunda fila de los títulos de créditos. Algo así se desprende de los pedales atascados que vertebran el campo sonoro de The Cult of Dom Keller, expansivos en su versión instrumental como pocas veces en su anterior trabajo. Un riff repetido de forma autoritaria durante más de siete minutos: Moon Duo subidos en un carro de ácido y con el volumen del amplificador al once. Bien por The Cult of Dom Keller, que en la interminable, fascinante, críptica ‘The Snake Keeps Changing’ actúan mejor que todos sus compañeros y sientan las bases de un disco estupendo. A partir de aquí The Second Bardo no hace más que mejorar.

Más volumen, más distorsión

The Second Bardo acude a la paz espiritual de Bardo Pond y la desmenuza entre ritmos cenagosos. Allí donde los segundos ofrecen reflexión ya madura y, ante todo, autorrealización hedonista con un punto de melancolía, The Cult of Dom Keller optan por la agresividad limitada. Canciones afiladas y muy densas, imágenes conocidas — los sitares, las voces sugerentes de ‘Into The Sky Volcano / Beyond Burning Skies’ — que siempre se quiebran gracias a la magnificencia de guitarras espaciales. Literalmente: ocupan todo el hueco del pabellón auditivo. Si su primer trabajo adolecía de cierta contundencia y, en ocasiones, flaqueaba dado el relativo poco poderío de sus guitarras, The Second Bardo es su posterior corrección excesiva. ‘Heavy and Dead’ es una canción no tan inspirada como sus anteriores que, sin embargo, torna en resultona gracias a la sobresaturación.

The Cult of Dom Keller tampoco tienen demasiado tiempo para reinventarse en un sólo disco. Aplican una fórmula y dejan que ésta les lleva hasta donde haya de llevarles: más trances instrumentales, más viajes a las galaxias del más allá en forma de pedal y nave espacial. Más ‘The Snake Keeps Changing’ en ‘GodShacker’, donde por momentos parecen derivar en una Jam Band al modo de Earthless poniendo, eso sí, un dique de contención antes de tirar la canción por el retrete.

7.8/10

El espiritismo y fuzz a raudales de ‘Ghost Bones’ es acaso el último gran momento del disco, antes de sus dos dignos adiós. También es acaso su resumen: The Cult of Dom Keller subiendo el volumen dos o tres grados y sonando mejor, envidiablemente mejor. Tanto que, pese a sus dejes, The Second Bardo ya es un candidato más que reluciente a copar un lugar privilegiado en balance psicodélico anual.

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