Con algunos discos cualquier cronista corre el peligro de sumar hipérboles y exageraciones varias. Disintegration es de ésos. Para mí y para muchos, la obra maestra de los Cure. Es, además, todo un plante en su carrera: después de varios discos buscando nuevos sonidos, apostando por el eclecticismo, confiando en el poder de los hits, Robert Smith se planta y regresa a los sonidos oscuros, en clave baja y plagados de lentitud de su “trilogía siniestra”.

No sólo se planta él: el disco en sí es todo un monumento a la derrota amorosa, al adiós, a la ruptura. Las canciones se llenan de recuerdos y a lo largo de sus mil recovecos (excepto ‘Lovesong’ todas pasan de los 4 minutos) The Cure desparraman frases y sonidos con la melancolía como hilo conductor.

Disintegration no es sólo uno de los discos más alabados de la carrera de The Cure, sino, posiblemente, el más imprescindible de todos. Con singles suicidas y una imagen oscurísima, consiguió llegar a más gente que nunca. Que un disco tan triste y malherido como éste llegase al 12 en la lista de discos más vendidos elaborada por Billboard es uno de esos pequeños milagros que ocurren en la música de vez en cuando.

Disintegration: al límite de los detalles (grises)

Como en Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, The Cure vuelven a aprovechar al máximo la capacidad del CD. Las ambiciones de Smith se traducen en canciones larguísimas, done la épica está diluida en una cadencia suave, en paisajes sonoros ricos pero nunca exhibicionistas. Robert Smith no quiere hacer himnos (aunque le salgan varias canciones que sí lo son), y la banda se emplea a fondo: los patrones rítmicos son exageradamente detallistas y complejos, los teclados brillan en todo su esplendor, las guitarras se superponen unas a otras sin que haya posibilidad de diferenciarlas y las líneas del bajo no se arrastran, sino que agarran al oyente para guiarlo por todo el disco. The Cure en Disintegration estallan, como cantan Los Planetas, en “colores aún por inventar”, aunque adscritos todos a la trama de grises y marrones.

https://www.youtube.com/watch?v=ggP5YDziMSY

Hay quien dice que Disintegration es un gran capítulo de dreampop, pero yo lo dudo: su ambiente es demasiado claustrofóbico, su dolor por lo perdido demasiado intenso. Que Robert Smith no dramatice no transforma el disco en un sueño, porque la sensación final no es precisamente dulce, aunque tampoco apunte maneras de pesadilla.

La voz de Robert Smith, como todos los instrumentos, se pierde en el eco

‘Plainsong’ abre el disco y lo emparenta directamente con ‘Atmosphere’, de Joy Division. Como allí, el inicio de Disintegration es una canción llena de magia real, de la que se puede tocar. Emotiva hasta la extenuación, con chispas de teclados prendiendo cada segundo, es toda una declaración de principios: la voz de Robert Smith, como todos los instrumentos se pierde en el eco, como si estuviera cantada en medio de una pradera azotada por el viento. Como si estuviéramos al borde del fin del mundo. On the edge of the world, claro.

Pictures of You, escogida como cuarto single, es una de las más carismáticas del disco. Siete minutos de largo desarrollo, que mantienen el mismo toque etéreo de Plainsong y contienen una de las letras más emotivas del disco, con esas “fotos tuyas” sirviendo a Robert Smith para lo mismo que la magdalena le sirvió a Proust: como simple instrumento del recuerdo.

Como para el escritor francés, estilo es para Robert Smith una forma de ver el mundo: no es que los Cure de Disintegration toquen canciones tristes, sino que su realidad era así. If only I could fill my heart with love… susurra el cantante en Closedown y no suena a simple deseo puesto en canción pop, sino a la realidad vital de un músico con el corazón partido, incluso en lo profesional (su banda volvía a estar al borde de la disolución).

He dicho antes que Disintegration es un disco de singles suicidas, pero hay dos excepciones. La primera es ‘Lovesong’, la cuarta canción del disco: pop encantador de letra simple y eterna (Whenever I’m alone with you / You make me feel like I am home again), estribillo acogedor (However far away / I will always love you / However long I stay / I will always love you / Whatever words I say / I will always love you) y una instrumentación radiante (con esos teclados en los que el Sr. Chinarro se ha mirado en no pocas ocasiones).

“Pensaban que estaba siendo deliberadamente oscuro, una frase literal de la carta que recibí de ellos. Desde ese mismo momento me di cuenta de que las discográficas no tenían ni puta idea de lo que The Cure hacían y de lo que The Cure significaban”. (Robert Smith al respecto de la opinión de Elektra sobre el disco)

Una nana para atarlos a todos en las tinieblas

‘Last Dance’, como ‘The Same Deep Water As You’, aporta cohesión al disco aunque no son canciones que resalten demasiado en escuchas sucesivas. Ahí la que nunca falla es ‘Lullaby ‘, el segundo hit claro de Disintegration y un tema a la que el paso de los año ha otorgado cierto halo mítico, casi tanto como a su vídeo. Si en el futuro hubiese que explicar por qué en los años 80 el póster de Robert Smith estuvo en las habitaciones de medio mundo, lo más lógico sería recomendar a quien hiciese la pregunta que se viese el clip de ‘Lullaby’.

Tras ella llega ‘Fascination Street’, el primer sencillo extraído del disco. No sólo posee una intro casi perfecta, sino que hace gala de una intensidad a prueba de escuchas. La perfecta producción de todo el disco brilla aquí como pocas veces, con el reverb acompañando a las guitarras mientras bajo y batería suenan libre de ecos. Épica de dormitorio, psicodelia oscurísima, ‘Fascination Street’ es una canción que no se puede compartir: se disfruta mejor en la intimidad, incluso cuando vas a los conciertos del grupo. Si existe una categoría llamada “canciones para escuchar con los ojos cerrados”, ‘Fascination Street’ pertenece a ella.

El contraste con ‘Prayers for Rain’, lo más hondo que The Cure llegaron a caer en este disco, es tremendo y por ello aún hace más valiosa esa siguiente canción desolada, con Smith en plan extremo: I suffocate, I breathe in dirt and nowhere shines. A esas alturas del disco, poca luz llega al universo de la banda.

Otra de las míticas es la que da nombre al disco y que podría valer para capturar todo el espíritu del álbum. Pese a sus más de ocho minutos, Disintegration no es un ladrillo, ni siquiera se acerca al rock progresivo. Tiene un desarrollo pop, tremendamente accesible, pero se alarga a lo largo del tiempo sin llegar a cansar, gracias al estupendo dibujo del bajo de Simon Gallup y a la batería marcial y matemática de Boris Williams. Con Robert Smith capturando imágenes afortunadas en la letra y cantando con más intensidad a cada segundo que pasa, todo el tema es un largo crescendo que no quiere ir de tal, pero que acaba estallando en un final grandioso. ¿La mejor canción de The Cure?

Decía yo que los discos perfectos no existe. No es una frase que me crea, Disintegration es uno de ellos

El cierre del disco, con la caricia tierna de ‘Homesick ‘ y el aire fresco de ‘Untitled’, deja al oyente con una sensación inaudita para un disco de estas características. Pese a que Robert Smith nos ha estado guiando por algunos de los lugares más golpeados de su alma, pese a que nos ha contado cómo puede doler un adiós, el final del disco abre la puerta a la esperanza.

Atrás quedan minutos y minutos de música abigarrada, especialmente gracias a los brillantes seis minutos de la canción sin título. Ahora, aun con Smith cantando que el tiempo de lo nuestro ha pasado, aun entonando estrofas tan punzantes como I’ll never lose this pain / Never dream of you again, Disintegration ya no duele: sólo emociona, deja con los ojos encharcados y con la necesidad de volverlo a disfrutar de nuevo.

Decía yo en el anterior post del especial que los discos perfectos no existen. No es una frase que me crea. Yo tengo varios y Disintegration es uno de ellos.

The Cure en Hipersónica

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