El 1 de noviembre, día de Todos Los Santos, The Decemberists van a enterrar por fin su The King is Dead y nombrar un nuevo monarca en Long Live The King, EP de seis canciones que están desvelando a ritmo diario durante toda esta semana.

Ya os contamos los detalles de este EP de descartes, pero al oírlo queda claro que Colin Meloy y compañía han vuelto a la senda de la inspiración. Su disco largo de este 2011, The King Is Dead, fue una vuelta al redil, como la llamó Víctor. Y sí, sé que hay muchos defensores de The Hazards of Love entre los lectores; aquí el majara que piensa y sigue pensando que, salvo momentos puntuales, aquello les quedó hinchadísimo.

The Decemberists, el grupo de las novias pasadas, presentes y futuras

Colin Meloy explicaba a The AV que quizás a Hazards of Love le pasaba lo que a las novias que llevas a tu casa a comer y todos te dicen que genial, que qué majas, pero que después llega el momento en que rompéis y es en plan “¡Dios, la odiaba, estás mejor solo!”.

The Decemberists hicieron bien en quitarse de encima a esa novia tan pagada de sí misma (a la que Colin aún mira con amor, o eso dice, que es la mejor que ha tenido nunca) y en volver a encamarse un rato con su primer amor. ¿Qué cuál es ése? Pues en el caso del líder de The Decemberists la cara b de un cassette en el que estaban:

* R.E.M. — ‘Superman’
* The Replacements — ‘I Will Dare’
* Husker Dü — ‘Hardly Getting Over It’
* Una canción de Guadalcanal DIary
* Y ‘The Queen is Dead’, de los Smiths

Con eso y con la apertura de mente radical que tuvieron al escuchar el Fakebook de Yo La Tengo y ver que el country sí les gustaba y no lo odiaban como creían, es con lo que The Decemberists han construido casi toda su carrera y, en especial, este año 2011, que pinta inmejorable.

Long Live The King: descartes golosos pero funebres

A todo lo demás han ido llegando después. A los Grateful Dead, de los que por ejemplo aquí han decidido hacer una versión, tras odiarlos a muerte. A Gram Parsons, tras huir del country comercial de Nashville.

Lo curioso es cómo nos han engañado en los títulos: The King is Dead sonaba vivo, intenso pero siempre desde el alboroto, desde el rock. Por contra, Long Live The King cita a la vida larga y próspera en el título, pero nos plantea un recorrido mucho más apesadumbrado, más lúgubre y menos rock.

Es raro ver que un grupo como The Decemberists, que venía de vivir en el exceso creativo, supo recortar tan bien el material para que The King Is Dead quedara redondo. Long Live The King se revela ahora como el complemento, la otra cara de la moneda, pero mientras lo escucho sé que sus canciones no podrían haber encajado el último disco largo del grupo. Y ése es también el mérito de una banda: tener perspectiva suficiente para saber cuándo y dónde cortar.

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