“The Del-Lords Sala Acapulco (Gijón)” src=”http://img.hipersonica.com/2013/11/the-del-lords-sala-acapulco-gijon.jpg" class=”centro” />

La historia de la música está llena de bandas que hubieran merecido más suerte y una continuidad en el tiempo, algo que no tuvieron por una u otra circunstancia The Del-Lords. A principios de los ochenta, una década que los incultos dicen que no hubo buena música, aparecieron en Estados Unidos una serie de bandas que recuperaron el rock con raíces; allí estaban Green On Red, The Dream Syndicate, R.E.M. y la banda fundada por Eric ‘Roscoe’ Ambel, que había formado parte del grupo de Joan Jett, y Scott ‘Top Ten’ Kempner, el guitarra rítmica de The Dictators. Eran de Nueva York y su llama se fue apagando poco a poco no sin antes dejar cuatro álbumes que siguen estando vigentes, más que nada porque esa fórmula que une roots rock, rockabilly, punk rock y garaje no tiene fecha de caducidad.

The Del-Lords publicaron esta primavera su primer álbum en veintitrés años, Elvis Club, todo un título que es un alegato sobre de dónde vienen. ¿Qué ha pasado para que no se metieran en el estudio desde Lovers Who Wander (Enigma, 1990)? Tras la separación en 1991, Ambel estuvo ocupado en múltiples proyectos como The Yayhoos, el proyecto que montó con Dan Baird, de The Georgia Satellites, o acompañado a Steve Earle; Kempner estuvo con The Dictators desde su reunión en 1991 hasta después de la salida de su disco D.F.F.D. en 2001.

The Del-Lords han vuelto a Europa con una gira que han denominado Trans-Atlantic Tour 2013 con diez fechas en nuestro país. Y si hace tres años, en su última visita a España, la asistencia a un concierto fue obligado, más lo fue teniendo un flamante nuevo disco en la calle.

Anteayer The Del-Lords pararon en Gijón. Mal día para el rock & roll un aburrido miércoles pero allá quienes se lo perdieron. Lo que pudimos ver los pocos que allí estábamos fue ni más ni menos que un espectáculo de rock en las tripas. Los más viejos del lugar recordaban el primer y único concierto que The Del-Lords dieron en Asturias, precisamente un 14 de abril de 1989 en la desaparecida Sala La Fábrika.

Una delicia escuchar ese rock americano en el que las guitarras mandan, tocado por unos músicos enormemente talentosos, porque aparte del tándem Ambel & Kempner, a la batería estaba el batería original de la formación, Frank Funaro, que también militó en The Dictators, y un bajista con un currículo muy interesante como Steve Almaas (Suicide Commandos, Beat Rodeo).

Que comenzaran con una versión de ‘Jumpin’ In The Night’, de The Flaming Groovies, solo disponible en el bootleg Howlin’ At The Halloween Moon de 1989, no dejó ninguna duda sobre qué banda teníamos en el escenario.

Después cayeron tres clásicas ‘True Love’, ‘Cheyenne’ y ‘When The Drugs Kick In’, como si quisieran decirnos: mira, qué buenos éramos y seguimos siendo. Y esto claro que era evidente. Y sin casi darnos tiempo a respirar rindieron homenaje a Lou Reed, para quien abrieron en 1987 varios shows en Nueva York. Fue su maravillosa revisión ‘I’m Waiting For The Man’, del debut de The Velvet Underground, una de las muchas alegrías de la noche.

Pasaron de puntillas por su nuevo disco, una sólida colección de canciones que merece la pena echarse a la mochila, haciendo ‘Flying’ y ‘Me And The Lord Blues’. Y recogiendo perlas del pasado en gloriosas puestas al día como ‘Judas Kiss’ o ‘How Can A Poor Man Man Stand Such Times And Live?’ y ‘Get Tough’, ambas de su debut Frontier Days.

Se despidieron con ‘I’m Gonna Be Around’, de Based On A True Story, volviendo para hacer un bis en el que recuperaron con otro clásico, ‘Stay With Me’, de los Dictators, que grabaron en Lovers Who Wander, y una sorprendente revisión de ‘Southern Pacific’, de Neil Young, cantada por Eric Ambel. Mágico final, sin duda.

Antes, tocaron, no como teloneros sino como banda amiga, The Western Sizzlers, el grupo del guitarrista Rick Richards, de The Georgia Satellites. Rock & roll de toda la vida como el que hay en su debut For Ol’ Times Sake. Música de club de carretera con cerveza corriendo a raudales sonando en una vieja jukebox como si se hubiera parado el tiempo. Lo siento por los que se lo perdieron, porque está velada por gentileza de Promouters Gijón sí que mereció la pena.

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