Cinco años ha necesitado Gareth Liddiard para ponerse al frente de The Drones otra vez. Casi los mismos que he tardado yo en escribir esta crítica. Cinco años podrían parecer mucho, pero no lo son tanto si hablamos de un disco como I See Seaweed. Es probable, quién sabe, que Liddiard considerara, publicado Havilah, que The Drones necesitaban una reflexión más profunda tras cuatro discos de estudio, dos directos y una recopilación de caras B en seis años. Poco se puede reprochar a un grupo que trabaja a un ritmo tan incesante y que, para beneplácito de sus seguidores, lo hace con tanto talento, pero hay proyectos e ideas que necesitan escapar de su propia rutina. I See Seaweed podría ser el final de la escapada: el lugar exacto al que The Drones se han conducido tras comprender que necesitaban romper consigo mismos para seguir siendo los mismos. O mejores.

I See Seaweed: nos quedamos sin referentes

No hay que entender lo anterior de manera literal. The Drones se siguen moviendo en los mismos parámetros de toda su carrera: Nick Cave & The Bad Sees y una bendita querencia por el noise rock de los ochenta. Atrás quedaron, y por aquí se puede comprender la relevancia de I See Seaweed, los experimentos country y apegados a las raíces de Havilah o Gala Mia. The Drones se han reconducido hacia un discurso único, casi fascista por el escaso margen que deja a los matices en proporción a sus dos discos anteriores. ¿Se trata de la herencia de cinco años de relativa inactividad? Quizá. A lo mejor Liddiard necesitaba primero trazar una senda hacia el folk, también en solitario, para más tarde aburrirse de todo aquello y sentir el impulso de afrontar un disco como I See Seaweed. Oscuro y retorcido, en I See Seaweed está todo lo que ha hecho tan importantes a The Drones sin que podamos encontrar referentes en su discografía.

De esta dicotomía surge el que es probablemente el mejor disco del grupo australiano. Experimento una extraña fascinación, a mitad de camino entre lo perverso y lo temible, cada vez que me acerco a sus ocho canciones. The Drones no han necesitado más pistas en I See Seaweed. Este es un disco repleto de rincones inquietantes, de taras y de obsesiones. También parece bañado en una profunda melancolía. También parece haber surgido del corazón de sus creadores, como casi todos los trabajos de The Drones. Y no se me ocurre mejor resumen de todo ello que su primera canción: ‘I See Seaweed’. La delicadeza de la brutalidad, supongo. Liddiard se lanza hacia más de ocho minutos de spoken word salpicado de montañas sonoras. Cada crescendo de ‘I See Seaweed’ es una ascensión hacia el abismo. Un trayecto sólo de ida capaz de reventarte el corazón. Todo lo que merece la pena de este disco se encuentra en ‘I See Seaweed’. The Drones nunca se vuelven a poner a este nivel.

The Drones desde la sofisticación

‘I See Seaweed’ es un universo cerrado por sí mismo que justificaría cualquier nota exagerada que podáis imaginar en esta crítica, y por eso tiene el doble de mérito que The Drones sepan recuperarse magistralmente de semejante canción. Mucho mejor, con probabilidad, que de ‘Jezebel’ o de ‘Shark Fin Blues’. ‘How to See Through Fog’ es un balancín gris y alicaído en el que los teclados de Steve Hesketh, incorporado definitivamente al grupo, dan otra dimensión a The Drones. Es el sonido de la madurez y no tiene nada de malo: The Drones sobrios, jugando como nunca antes con los silencios, repletos de una elegancia que les sienta como un guante. También majestuosos. Ya no necesitan arrasar sonoramente, acercarse al punk, para emocionar: ‘They’ll Kill You’ podrían ser todos vuestros errores, narrados elegíacamente, como necesitan ser narrados todos los errores. Liddiard desde un heartland rock sofisticado y toda una sucesión de adjetivos que nunca le harán justicia.

8.4/10

Lo fantástico es que The Drones son capaces de cuadrar a la perfección una canción como ‘A Moat You Can Stand In’, más cerca que nunca del punk. Da igual, todo en I See Seaweed tiene sentido. El disco está dominado por una línea argumental sonora fabulosa. No importa que a partir ‘Nine Eyes’ o ‘The Grey Leader’ estén por debajo del impresionante nivel de las cuatro primeras canciones. The Drones se bastan y se sobran para cerrar magistralmente el disco con nueve minutos sostenidos todos ellos en la voz de Liddiard. ‘Why Write a Letter That You’ll Never Send’ es la destrucción espiritual de la humanidad, una metáfora conmovedora sobre el nihilismo, desear la nada y la desesperación tranquila por un mundo que ya no merece la pena. En su quinto trabajo, The Drones podrían ser el mejor grupo del rock del planeta. I See Seaweed es su Daydream Nation: el disco por el que deberían ser muy importantes.

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