“The Fall — Slates (1980)” src=”http://img.hipersonica.com/2013/06/slates-thefall.jpg" class=”centro” />

1980. The Fall apenas acaban de irrumpir en la escena musical británica. En sólo dos años, el grupo, dirigido por un arisco hombre llamado Mark E. Smith, ya ha publicado la friolera de cuatro discos y un ep. Comienzan, además, los bailes de alineación: ¿quién aguantará al Mark E. Smith feroz, a un hombre que ha utilizado en su carrera a más de cien músicos distintos?

Quizás siempre haya dado igual quien acompaña al líder de los Fall, como demostró Mark en su reciente concierto del Día de la Música, pero lo cierto es que algo de importancia debería dársele tener el resto de participantes de su ya larguísima odisea musical. En 1980, con Mark E. Smith está Craig Scanlon, un guitarrista básico, pero tremendamente efectivo y muy imaginativo. Le toca adaptarse de nuevo al caos sonoro que son The Fall (lo hizo por primera vez en Dragnet) y del choque está a punto de nacer uno de los grandes discos del final del punk.

Slates: perros viejos, amantes jóvenes

¿Punk? ¿Se les puede llamar punk? Fueron casi padres fundadores del movimiento, pero cuando llegan a Slates, andan ya varios pasos por delante del resto de coetáneos. El resto de bandas del movimiento o se han estancado o han desaparecido o sus cabezas pensantes han cambiado de nombre (Sex Pistols por PIL). A Smith no le convence ni la huida jamaicana (The Clash y demás) ni tampoco las inmersiones en la oscuridad (el post-punk) y prefiere enquistarse en su actitud arisca y caústica. Se tirará años ahí. Tantos que todos parecerán haber muerto y resucitado y Mark seguirá justo en el mismo sitio de siempre. Sin un revival de mierda que le saque del pozo.

EH… Como si él quisiera salir a la luz…

Las guitarras rasgan, los ritmos se vuelven aún más trogloditas y no hay estribillos, sólo proclamas. Con esos ingredientes, The Fall crean 24 de los minutos más abrumadores creados por el grupo y también uno de los eps más intensos de la historia de la música. ¿Exagero? Claro. De este grupo no se puede hablar si no es en hipérbole.

Concebido inicialmente como un corto disco para grabar en directo, Slates tiene un triplete inicial demoledor. Abre ‘Middle Mass’, una canción que podría definir el sonido Fall: teclados que descarrilan de sus propios ejes, trotón pero simplista ritmo de batería y guitarras que más que tocarse se aporrean, se maltratan. Y por encima de todo, un vocalista desafiante.

Le sigue ‘An Older Lover’, con una letra fabulosa:

Mejor te echas una amante vieja, te cansarás de ella. Prepárate para oír viejas historias de sexo adolescente de principios de los 60, a escondidas detrás de mesas de oficinas (…) Mejor te echas una amante joven o una más vieja. Te cansarás de ellas — te follarán encima de la mesa

Locura desbocada, caos sin melodía, con sólo el ritmo como hilo conductor, ‘An Older Lover’ es una canción adictiva y muy premonitaria (por lo escuchada que ha sido y lo presente que sigue estando en tantas y tantas bandas).

The Fall: mejor dos acordes que tres

La tercera en liza es ‘Prole Art Threat’, algo así como un rock’n’roll de los 50 pasado por el turmix punk. Mark E. Smith no canta, declama sobre unas guitarras y una baterías que se dedican a hacer hardcore sin saberlo.

Si llegas hasta aquí, nunca te escaparás del embrujo de los Fall, porque no hay respiro. No cuando son capaces de hacer de rockabillys puestos de speed en ‘Fit and Working Again’ (¡esa tecla de piano, por mi madre!), cuando te dan ganas de abjurar de los Sex Pistols en ‘Slates, Slags, etc…’ (¡qué coño tres acordes!, con dos les sobró para dar vida a un temade más de seis minutos) o cuando se adelantan a Pavement más de diez años en la increíblemente deshilachada ‘Leave The Capitol’.

Pavement. Un nombre que bebe de The Fall y de estos Slates, pero no el único. Por ejemplo, la forma de cantar de Art Brut, los ritmos primerizos (los mejores) de LCD Soundsystem, la chulería innata de todos los vocalistas de Manchester, pero en especial de los Happy Mondays… Hay tantos grandes grupos, tantos nombres míticos, que se pueden rastrear en los surcos de Slates que sólo la ingente producción de los propios The Fall explica el poco peso que se le otorga. Si no sabes por dónde empezar y te gusta mirar primero los cimientos antes de entrar en el rascacielos, ya tardas en echarle un oído a Slates.

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