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The Growlers — Chinese Fountain

The Growlers se embarcaron en una gira mundial, en el sentido completo de la palabra, poco después de publicar su penúltimo disco hasta la fecha, el inagotable Hung at Heart (2013, Everloving). En rigor, The Growlers nunca empiezan o terminan una gira: se pasan la vida en la furgoneta, en el avión, en barco si hace falta, de ciudad en ciudad, saltando fronteras semana a semana. El trasiego — sus aventuras se pueden seguir desde su cuenta de Instagram — les ha llevado, por ejemplo, de Nueva Zelanda al Primavera Sound, donde el año pasado regalaron un concierto perfecto. Entre tanto, The Growlers también han tenido tiempo para grabar su quinto disco, Chinese Fountain (2014, FatCat).

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Hasta que el corazón estalle, The Growlers entienden su vida como músicos en un continuo ejercicio artístico. Sólo así se explica que tras un año frenético en el que habrán debido ofrecer decenas de conciertos a lo largo y ancho del globo terráqueo estemos ante Chinese Fountain. Quizá todo ello explique la sensación de canciones menores, pensadas para matar el tiempo, que recorre los once temas que componen Chinese Fountain. Algo falta en The Growlers aquí, algo que estaba muy presente en Hung at Heart — y sus discos precedentes — y que estaba relacionado con el espíritu que dominaba sus composiciones, la alegría triste, el laconismo soleado y, ante todo, una elegancia sobrenatural que les llevaba del Garage Rock al Soul, el Country y el Surf en un parpadeo.

Algo falta en The Growlers aquí, algo que estaba muy presente en Hung at Heart y que estaba relacionado con el espíritu que dominaba sus composiciones

Nada más que cenizas de todo aquello, que parece la prehistoria hablando de ellos pero que en realidad data de hace un año, quedan en canciones como ‘Good Advice’ o ‘Chinese Fountain’. A ratos, parece que The Growlers han querido salir de sí mismos y de ese arsenal infalible de canciones que les permitió tocar en el Primavera Sound un excelente setlist sin apenas recurrir al que sigue siendo el mejor disco de su trayectoria. Subidos de tono o surcando olas de monotonía, a The Growlers, por querer sonar naturales en vez de serlo, les han salido canciones que sí, que no, que ni frío ni calor. ‘Magnificient Sadness’ o ‘Love Test’, ‘Not The Man’ o ‘Rare Hearts’. Claro que no están mal, pero.

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6.3/10

Y ahí, en esa palabra, residen parte de mis problemas con Chinese Fountain. Es un disco corto y sin embargo me canso de él en seguida. Afortunadamente aún hay joyas a rescatar. Por supuesto ‘Big Toe’, el adelanto que tanto nos ilusionó en su día, seguida muy de cerca por ‘Dull Boy’ o ‘Going Gets Tuff’. O por ‘Black Memories’, la clase de canción que te encontrabas sin querer en Hung at Heart una y otra vez, sin solución de continuidad. Sólo por esas cuatro canciones Chinese Fountain ha merecido la pena, pero lo cierto es que no puedo evitar borrar el rastro amargo que sus once temas en conjunto han dejado y siguen dejando en mi paladar. El sabor de… la decepción.

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