No quería que se me fueran escapando los días antes de comentaros un evento al que tuve la oportunidad de asistir hace días en el Teatro de la Laboral de Gijón. Problemas personales graves me han tenido apartado todos estos días de Hipersónica y me impidieron asistir al recital de Patti Smith con Tony Shanahan y Lenny Kaye ofrecieron dentro de Palabra y Música ’10. 6º Festival de Spoken Word.

Aquí se presentó una propuesta que unía al novelista británico Jonathan Coe y al grupo The High Llamas. El escritor, que forma parte de esa tríada infalibre en la que también están Nick Hornby e Irving Welsh, dio el día anterior una conferencia magistral, en perfecto inglés que casi no fue necesario seguir por traducción simultánea, en el Paraninfo de la antigua Universidad Laboral en la que avanzó un poco de lo que íbamos a encontrarnos al día siguiente.

La obra que traían era Say Hi to the Rivers and the Mountains, difícil de encasillar o definir pero que Coe ha definido como Teatro musical hablado. Si el lo dice tendrá razón. Lo cierto es que encajó perfectamente con el concepto de un festival de incierto futuro que ha encontrado en esta edición cobijo únicamente en Gijón.

No hubo la desolación que muchos suponían en el patio de butacas. Pudimos ver suficiente masa crítica que arropara esta propuesta tan atrevida y que de entrada pudo resultar un cierto choque para el espectador. No fue un concierto, tampoco fue teatro, quizás un híbrido que a mí recordó en cierta medida, permitidme la comparación, faltaba el atrezzo, a Dogville.

Ni los actores fueron unos comparsas ni tampoco lo fueron The High Llamas. Ambos se dieron soporte para crear una obra creíble. Jonathan Coe salió al principio para decir que él no iba a estar en el escenario, algo que no creo que nadie esperaba, sino tres actores que fueron los que escenificar un texto que no obligó a estar pendientes del mensaje.

¿Por qué esa alianza entre Coe y The High Llamas? La razón hay que buscar en la amistad de éste con Sean O’Hagan desde hace más de una década y eso ha posibilitado la perfecta imbricación entre la música y la declamación de unos actores que contaban una historia.

Ni los de High Llamas quedaron desvirtuados ni la historia de Bobby, Susan y Jack, quedó eclipsada por la música. Bobby, hijo de obreros y criado en una barriada humilde se enamora de Susan, hija del arquitecto que las diseñó. Y en medio Jack, un arquitecto sin escrúpulos que acabará siendo el que idee la demolición de esas viviendas que unieron a la pareja.

A Sean O’Hagan y compañía, esta triste historia le queda como anillo al dedo. La instrumentación, sucinta casi siempre, fue similar al de la producción de una banda que firmó su obra maestra en 1999, Snowbug, un disco en el que John McEntire (Tortoise) y Laetitia Sadier y la malograda Mary Hansen (Stereolab) estuvieron a su lado inspirándole y ayundándole en la grabación.

Sitio oficial | The High Llamas

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