I searched for a way out
Don’t we all?
An existentialist recall:
Turn in all dichotomies and truths that I gave
I felt wrong in many ways
It didn’t heal
It just got harder everyday to be still
To be passing through the throes
In a daze
Feeling heavy
Feeling cold in my skin
In my hand-me-downs
I’m wearing everything thin
And the pills that you gave didn’t do anything
I just slept for years on end

Cuerdas, lazos, cortinas. Reducidas a una caja de cartón en la esquina más recóndita del laberinto al que llamamos memoria. Hay algo dramáticamente fascinante en cómo las relaciones que tejemos y destruimos activan resortes que vuelan por los aires todos los recuerdos, las cuerdas, los lazos, las cortinas, que nos unían a un tiempo pasado. Mejor o peor. Generalmente peor. El momento exacto en el que todo estalla, incluso aunque se trate de una explosión silenciosa y soterrada bajo toneladas de pretendida civilización, es Home, Like Noplace Is There (2014, Tiny Engines): la dinamita bajo la que se activan todas las neuronas del cerebro en busca de aquel día, aquel instante y, sobre todo, de aquella fragancia. El peor y el mejor momento de nuestras vidas liberado de sus cadenas, causando estragos desde el pasado hasta el presente más negro, más blanco, más gris.

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Home, Like Noplace Is There, el segundo disco de The Hotelier, simplemente juega con la temática habitual del Indie Rock y del Midwest Emo. Simplemente. Es probable que, del mismo modo que me sucedió a mí, no sólo nos perdamos en la frivolidad de las primeras impresiones sino también en la superficialidad de los mensajes que recibimos, en perfecto bombardeo, cada día. La simplicidad de The Hotelier se reduce a nuestras escasas ganas de escuchar y de liberar las cajas de cartón que amenazan nuestra paz, nuestra tranquilidad, nuestra conciencia inmaculada tras toneladas de maquillaje. Y eso está bien: podéis pasar de largo si creéis que nada de esto es para vosotros. Hay cajas que es mejor no abrir incluso cuando es inevitable.

A mí The Hotelier me parecen tan simples como:

Cut the lines. You’ll be fine
But if you break when I break, will you carry me away?
Will you fall on your blade just to hear when I’m saying I can’t?

Casi tanto como el rimbombante título que bautiza su segundo trabajo. Casi tanto como las voces llevadas al extremo que vertebran el final, el espantoso final repleto de belleza, de ‘Among The Wildflowers’. Casi tanto como la casa de madera en algún punto indeterminado entre la Costa Este y el Misisipi de su portada. Casi tanto como el rimbombante título, letras negras sobre pintura blanca, que la bautiza. Casi, casi tanto como la buhardilla que iluminaba la delicada y frágil habitación de American Football, a quienes The Hotelier tratan de acercarse, sin mucho éxito, a mediados de ‘Drendon’ o al inicio de ‘Discomfort Revisited’. Lo que nos lleva a la siguiente cuestión: ¿cómo de simple fue el clic que os desligó de vuestra exnovia para siempre? ¿Cómo de simple fue el paso que os llevó a la decisión más desafortunada de vuestra vida?

¿Cómo de simples sois?

Cajas de cartón difíciles de parar

Probablemente casi tanto como lo son The Hotelier. Es probable que, en el fondo, todos los demás seamos también prototipos, revivals, copias de tiempos pasados, tiempos mejores. Y que los caminos que guían nuestros pasos estén impulsados por la misma mediocridad, por el mismo rutinario ritual, que aviva la hoguera de Home, Like Noplace Is There. También es probable que, al mismo tiempo, tras el mismo disfraz superficial y común mediante el que nos camuflamos entre los demás, haya cajas de cartón a punto de contar historias increíbles. Historias que sólo pasan una vez en la vida y a una sola persona en la historia. Cajas de cartón difíciles de parar: cuando estallan arrasan con todo dentro de nuestra memoria. Con un poco de suerte habrá dos o tres personas interesadas en ellas, rascarán y encontrarán. Todas las demás personas las despacharán.

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Eso es exactamente este disco de The Hotelier. Si buscas lo suficiente encontrarás versos que dicen:

I can’t make this better
It fell out of my hands because
I just wasn’t built to hold on
And I can’t remember names its been too long
And I can’t find your face in the crowd
I made a promise said my eyes would stay shut
Through something called the scope of all of this rebuilding
I broke when I entered. Displaced from the center
I can’t find my way around this
My wounds healed while my fingers fixed

Y allí estarán reunidas, sin querer, sin que probablemente hayas pensado en ello antes, todas esas cajas de cartón, toda tu vida.

O no. O simplemente sea otra estrofa adolescente acuñada por el mismo grupo Emo Punk de siempre que cuenta tu vida porque, en el fondo, es tan genérico y vacío que cuenta la vida de todo el mundo. La letra de nuestra canción podría ser tu vida. La tuya y la de todo aquel que te rodea. Menuda banalidad. Qué forma de perder el tiempo.

7.6/10

Yo honestamente creo que en las letras, en canciones tan redondas como ‘The Scope of This Rebuilding’ o ‘An Introduction to the Album’, The Hotelier sí cuentan algo especial. Sí sirven para algo. Sí son un grupo diferente. Pero quizá se deba a que aún tengo demasiadas cajas de cartón por abrir en el fondo de mi memoria, mías muchas, pero muchas más de algunas personas que me rodean y a las que estoy conectado mediante cuerdas, lazos y cortinas. Y quizá, y sólo quizá, ya has leído demasiado y has escuchado demasiado poco Home, Like Noplace Is There.

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