The Jam: repaso discográfico

Cuando The Jam decidieron poner fin a su carrera discográfica en 1982 lo hicieron aún en la cima de su popularidad y de su creatividad artística, hecho poco común a lo largo de la historia del pop británico. Paul Weller consideraba que no tenía sentido alargar la vida útil de una banda que en seis años había publicado seis discos, unos mejores, otros peores, todos originales en su concepción artística a un tiempo que fieles al origen Punk del grupo. Fue The Gift (Polydor, 1982) el punto y final a una trayectoria que se había iniciado con el clásico In the City (Polydor, 1977) y que hoy, tres décadas más tarde, continúa reluciendo de forma impecable. Todos los discos de The Jam, al contrario que muchos otros de los grandes nombres del pop inglés — y ellos por proyección mediática y talento están, sin duda, entre los más grandes — , han sobrevivido al paso del tiempo sin tacha alguna.

Lo que sigue es un pequeño y personal repaso discográfico de la trayectoria de The Jam, centrado de forma exclusiva en los seis LP publicados a lo largo de posiblemente los seis años más importantes de la historia musical de Gran Bretaña.

In the City (Polydor, 1977)

Se ha escrito mucho sobre cómo se llegó a 1977 y por qué es aún hoy uno de los años más importantes de la historia del pop, de modo que no merece la pena extenderse en este aspecto. La sacudida que habían supuesto los Sex Pistols permitió que un amplio rango de grupos, a lomos del Punk, revolucionaran el panorama musical británico. The Jam, conducidos de la mano de un jovencísimo Paul Weller, lograron destacar tanto desde el punto de vista sonoro como mediático gracias a su reivindicación exitosa del movimiento Mod, germen remoto de la escena Punk y referencia básica de la contracultura juvenil británica de finales de los sesenta. Orientados hacia grupos como The Who y The Small Faces, pisando géneros no tan obvios en aquel momento como el Surf o el Rockabilly, The Jam firmaron un debut, In the City, capaz de proyectar una voz propia entre la amplísima ola de grupos y discos propulsados por el Punk.

Además, Weller tenía talento compositivo. The Jam conjugaban a las mil maravillas el sentido melódico de sus referentes con la agresividad ruidosa de sus contemporáneos. La jugada maestra quedó enmarcada para la posteridad en una de las canciones aún hoy más enérgicas de la historia del pop anglosajón, la homínima ‘In the City’. Sólo por un himno tan conciso y atemporal como éste The Jam ya merecían y merecen todo elogio imaginable.

This Is the Modern World (Polydor, 1977)

Se acusa con frecuencia a This Is the Modern World de no ser más que un remedo oportunista de In the City. The Jam grabaron su segundo trabajo a toda prisa, tratando de capitalizar el sonido genuino y fresco de su debut, sin éxito. Hay algo de falaz en esta idea, del mismo modo que es del todo injusto despreciar Give ’Em Enough Rope (Epic, 1978) como una transición fallida entre The Clash (CBS, 1977) y London Calling (CBS, 1979). This Is the Modern World no es tan original en su propuesta sonora como los cuatro discos que posteriormente The Jam publicarían, está bien, pero capturaba con plenitud el espíritu contemplativo, poco optimista y vigorizante de Paul Weller de forma tan ajustada como In the City. Y dilucidaba ciertos dejes que en el futuro definirían a The Jam, como la inolvidable ‘Life From a Window’:

Life from a window
I’m just taking in the view
Life from a window
Observing everything around you
Staring at a grey sky
Trying to paint it blue
Teenage blue

All Mod Cons (Polydor, 1978)

Fuera This Is the Modern World una decepción o no, tanto para la crítica como el público, The Jam huyeron con rapidez de los lugares comunes. Fue una constante a lo largo de su carrera: llevar los límites de su originalidad artística tan lejos como sus fundamentos sonoros les permitieran. All Mod Cons representa el primer paso de Weller hacia horizontes lejos del Power Pop elemental de In the City y All Mod Cons. Aquí las influencias matriz del grupo comienzan a tener más presencia — versión de ‘David Watts’ de The Kinks — y Weller abre la puerta a atmósferas más pausadas y una instrumentación más sofisticada. Sin embargo, pervive en The Jam el protagonismo capital del tándem guitarra-bajo-batería y la energía incandescente del Punk Rock. Weller siempre entendió a la perfección los límites de su banda, dónde no podían estancarse y hasta dónde podían llegar.

El mejor ejemplo de cómo All Mod Cons representa el esquema musical tradicional de The Jam y, al mismo tiempo, su madurez compositiva es ‘In the Crowd’ — medio tiempo melancólico sobre la alienación y la supresión de la individualidad en la sociedad de masas — y ‘Billy Hunt’. Del upbeat al downbeat en un suspiro, complementado con otros clásicos como ‘Down in the Tube Station at Midnight’ — influencia Funk — , ‘Mr. Clean’ — otro medio tiempo — , ‘Fly’ o ‘English Rose’ — piezas acústicas — y ‘All Mod Cons’ — back to the basics — .

Setting Songs (Polydor, 1979)

Levantadas las persianas, abiertas las ventanas, no es de extrañar que The Jam trataran de componer un trabajo conceptual alrededor de la vida de tres viejos amigos que regresan a casa tras una guerra y que descubren, con pavor, cómo el tiempo y la desgracia no hacen prisioneros. Visto en perspectiva, Setting Songs era el paso lógico de The Jam, el momento exacto en el que el grupo, en la cima de su progresión artística y pleno de ideas y herramientas prácticas, firma el mejor disco de su carrera. Weller acometió un proyecto ambicioso, repleto de canciones edificadas sobre múltiples secciones e instrumentos — arreglos de cuerda y viento — inauditos en su carrera. El concepto, la riqueza sonora y la ambición compositiva dieron como resultado Setting Songs, un trabajo sensacional e irrepetible, lleno de tantos momentos inagotables que sus canciones raramente cuentan lo mismo cada vez que las escucho.

https://www.youtube.com/watch?v=wJRmrlkYdsQ

Setting Songs es siempre una nueva aventura y casi todas sus canciones son perfectas. Me resulta complicado elegir entre el estribillo encendido de ‘Thick as Thieves’, la inspiración barroca de ‘Smithers-Jones’ o la grandilocuencia de ‘The Eton Rifles’. Si alguien pusiera una pistola en mi sien y me obligara a elegir, sin embargo, posiblemente optaría por ‘Wasteland’: la flauta, el pasado como leit motiv, el organismo de sus teclados, las armonías vocales y esto:

We’ll talk about the old days
When the wasteland was release when we could play
And think — without feeling guilty
Meet me later but we’ll have to hold hands
Tumble and fall — tumble and falling –
Like our lives — like our lives –
Exactly like our lives

Sound Affects (Polydor, 1980)

Paul Weller se refiere a Sound Affects como el mejor disco que ha escrito nunca. Dados sus más de treinta años de carrera musical, su afirmación dice mucho de hasta qué punto Sound Affects representa el ideario artístico de Weller. Es posible que aquí se esconda el Weller que más cómodo se siente consigo mismo, reflejado, además, en las más que visibles referencias que manejaban The Jam por aquel entonces. Es cierto que el grupo menciona Off the Wall (Epic, 1979) y vagas influencias del Soul o del Funk, pero nada de eso está tan presente en canciones como ‘Start!’ o ‘Monday’ como The Beatles o The Kinks. Weller había capturado todo lo que The Jam eran — el Punk, el Power Pop — , todo lo que admiraban — Harrison, The Small Faces — y todo lo que Inglaterra era por aquel entonces — la decadencia, la precariedad — .

Sound Affects, además, contiene una de sus canciones más célebres, ‘That’s Entertainment’, relato desnudo del Londres que en 1980 representaba el abandono social generalizado al que el país se sometía a principios de década. Acaso por el simbolismo atemporal de ‘That’s Entertaiment’ o por el esquema de su trayectoria musical que The Jam dibujan aquí, Sound Affects está considerado como el mejor de sus trabajos. Y sin embargo, hay motivos más que fundados para oponerse a esta máxima, aún cuando el propio Weller esté en contra.

The Gift (Polydor, 1982)

Uno de esos motivos es, por supuesto, el disco que cierra la brillante carrera de The Jam. The Gift, publicado en 1982, dos años después de su quinto trabajo, representa el canto de cisne de Paul Weller, Bruce Foxton y Rick Buckler. Llegados a este punto, The Jam habían llevado su Punk Rock, Revival Mod, Power Pop, lo-que-sea hasta límites difícilmente sospechados en 1977, y, además, lo habían hecho manteniendo una fidelidad admirable y muy de agradecer a sus ideas originales. Habrá quien quiera observar en The Gift aires New Wave, pero la realidad es que The Jam continuaban haciendo aquí lo que les había hecho grandes durante el anterior lustro. El Soul, la Motown, la Tropicalia, todo aquello era fruto de la imaginación de Weller pero no consustancial al grupo. No son las influencias afroamericanas las que definen The Gift, aunque se agradezca el experimento.

The Gift es, por encima de todo, un disco de canciones inmensas, de nuevo entusiastas y repletas de melodías fantásticas. Weller continuaba escribiendo sobre la gente que le rodeaba, conexión directa, otra vez, con Ray Davies. Y lo hacía a partir de temas fabulosos: ‘Happy Together’, ‘Ghosts’, ‘Running on the Spot’ y, sobre todo, ‘Town Called Malice’. ¿Su mejor canción? ¿La mejor canción? ¿La Canción? No lo sé, para mí es difícil decirlo, hace años que me rendí a ella y desde entonces profeso su religión con celosa ortodoxia. ‘Town Called Malice’ es pura devoción y el punto final inmejorable a un grupo inmejorable.

Better stop dreaming of the quiet life
‘Cos it’s the one we’ll never know
And quit running for that runaway bus
‘Cos those rosey days are few
Andn stop apologising for the things you’ve never done
‘Cos time is short and life is cruel
But it’s up to us to change 
This town called Malice

Anuncios