Un, dos, tres. Un ritmo de bajo al que llamar contagioso es no decir nada, acompañado por percusiones a lo Motown y un órgano totalmente 60s y, sin embargo, tan vivo que jamás pareció ni parecerá viejo. Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché una canción de The Gift, último disco de The Jam. Es uno de esos momentos en los que sabes que te has enamorado perdidamente. Tenían razón con el mensaje que había en el vídeo de esa canción: “Si no te estamos llegando, ¡obviamente es que no estás escuchando!”

The Jam: un grupo al que llamar “el cielo”

Aquello era ‘A Town Called Malice’, quizás el mayor hit de toda la carrera de The Jam (no en ventas, me refiero a su pegada). A The Gift, sexto disco de la carrera de Paul Weller y compañía, cada uno lo habrá presentado a su manera: a mí me lo enseñaron empezando casi por el final, por los dos minutos y 55 segundos de inmortalidad.

Cada cual elige su carta de presentación, pero si me hubiesen puesto ‘Happy Together’, la canción que realmente era la apertura de ese álbum, habría caído igual: entre lo violento, lo trotón y lo powerpopero, había también mucho de ganarse el cielo, de rezumar clase y talento por todos los poros.

Dicen que The Gift es el momento en que Paul Weller demuestra su amor al Northern Soul, aunque en realidad ya se había visto antes. Pero The Gift sí que tiene más motivos para sumarse al carro y, sobre todo, más negritud. También más matices, o quizás más diferentes.

Publicado en 1982, es el disco que más saltos da por todas las cosas que a The Jam les gustaban por aquel entonces. No es nada monolítico en su propuesta, pero eso tampoco lo convierte en una obra irregular. Es un disco de canciones, pero de canciones buenas, porque hoy en día parece que se les llama así a los que son montañas rusas, con temas muy buenos junto a otros muy malos o, directamente, muy aburridos (esto último es mucho peor). Aquí no pasa.

Lo más llamativo, claro, es oír a The Jam abrazando el funk discotequero en ‘Precious’, con saxos incluidos. Y la cabalgada soul de ‘Trans-Global Express’. O el tono tropical, a lo calypso, de ‘The Planners Dream Goes Wrong’. Eso importa y funciona, pero, por supuesto, lo que no falla es lo de siempre en The Jam.

The Gift, su generación y las siguientes

I was hoping we’d make real progress –
But it seems we have lost the power
Any tiny step of advancement
Is like a raindrop falling into the ocean –
We’re running on the spot — always have — always will?
We’re just the next generation of the emotionally crippled.

The Gift se enmarca en esa línea invisible que une a los mejores grupos británicos: la de los que glorifican la juventud y la vida urbana a la vez que cantan sin problemas sus miserias (pero no se revuelcan en ellas). La brit people de la Historia-del-Pop-que-importa es la gente corriente de ya sabéis quién y en The Gift se les ve varias veces: el aún por conocer héroe de las cinco de la tarde,

Y, sobre todo, lo que trae junto a todo eso es una colección de parapapás, palmas, guitarrazos a la vez cálidos y cortantes, himnos (‘Running On The Spot’), medios tiempos que rompen y rasgan (‘Carnation’) y upbeat para no dejar de sudar y quemar zapatilla.

En la reedición, tuvimos el disco original remasterizado, todas las caras b, quince demos y tomas alternativas y 23 tomas en directo capturadas en la gira de despedida del grupo, antes de que Paul Weller decidiese que le interesaba más The Style Council que un grupo, The Jam, que ya era un mito.

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