… pero nos gustó, y mucho. Funcionó el boca a oreja, los que habíamos visto tocar a The Jim Jones Revue en el pasado Azkena Rock Festival no nos cansamos de recomendar encarecídamente el concierto y el Kafe Antzokia se llenó. Da igual que no conozcas de nada a la nueva banda del líder de los psicodélicos Thee Hypnotics, basta con que pulses el play de cualquiera de sus canciones para que desde el primer segundo te des cuenta que es un bolo que no te deberías perder.

Y sí, no es más que rock and roll clásico, aceleradísimo y a todo volumen, sucio y con una demoníaca energía que consigue poner la sala patas arriba. Sinceramente, no sé si será el mejor concierto en el que he estado en lo que llevamos de año, pero os aseguro que es en el que más he sudado.

Siempre me ha parecido que The Jim Jones Revue tienen en el piano su mejor baza, tocado de forma animal nos recuerda a un Jerry Lee Lewis enloquecido y se hace completamente irresistible. En Vitoria hubo un momento en el que tenías la sensación de que Elliot Mortimer lo iba a levantar con sus brazos para estamparlo contra el público en un apoteósico final. Pero aquel pianista, y ficha clave de la banda, les ha abandonado. Ahora son tres personas las que le sustituyen en sus conciertos, dependiendo del país. A nosotros nos tocó Henri Herbert, un joven de 26 años, todo lo correcto que quieras pero bastante menos animal.

El resto, mucha pose rockera estudiada al milímetro, que si chupa de cuero y uniforme de Grease para el guitarrista, traje y chaleco clásico y pelo alborotado de loco a lo Tom Waits para el líder de la banda, da igual que te lo creas o no, lo cierto es que la cosa funciona.

En sus dos discos tienen suficientes trallazos para dejarnos y quedarse exhaustos, ‘Rock ‘N Roll Psychosis’, ‘Elemental’, ‘High Horse’, ‘Premeditated’, ‘Dishonest John’ o ese ‘Burning Your House Down’ que da título a su último disco… pero anoche dio la sensación que se agotaron antes ellos que nosotros y en un concierto de este tipo nunca puedes dejar al público con ganas de más.

Hubiera preferido 45 minutos sin un segundo de respiro, sin pausas, a lo Ramones, sin necesidad de incitar al publico a dar palmas o gritar yeahs. Una continúa progresión visceral hasta dejarnos completamente k.o. Supongo que no es más que esa dichosa manía de rizar el rizo, las expectativas eran muy altas desde aquella primera vez en la que pensé “ver a estos en una sala pequeña tiene que ser brutal” y ayer me encontré lo que esperaba, pero no más.

Aún así, ya podían ser así de divertidos todos los conciertos a los que vamos. Cada vez me apetece más que los bolos se conviertan en una gran fiesta y para disfrutar de pequeños matices, texturas y pajaritos me quedo en mi casa. Por supuesto que ayer hubo magia y muchos excesos, pero no sé si la culpa fue de The Jim Jones Revue o sólo del rock ‘n roll. Son muy bestias y repetiré las veces que haga falta hasta que salgamos de allí en llamas.

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