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Se ha acabado la crisis, al menos en cuanto a la asistencia de público se refiere a los conciertos. Eso o que la gente se mira muy mucho a la hora de gastarse sus euros en la música en vivo. No se entiende sino cómo el 9 de mayo Crystal Fighters consiguieron unas ochocientas almas en su actuación en Oviedo, o cómo el pasado jueves, día entre semana pero víspera de fin de semana, The Jon Spencer Blues Explosion no llenaron su concierto pero metieron una buena cantidad de fans en la Sala Albéniz de Gijón.

Y cuando tocaban los teloneros, los ovetenses Las Nurses, The Logical Dream, una banda tributo a Supertramp, sí, como lo oís, tocaron en la Sala Acapulco de la misma ciudad ante unas ciento cincuenta personas. Por circunstancias que no vienen al caso me perdí a la banda de Ronnie Río, que siguen aferrados a ese crudo after-punk visceral y sombrío, que los hace discípulos directos en este siglo 21 a bandas clásicas con P.I.L. o Killing Joke.

The Jon Spencer Blues Explosion son para disfrutar en distancias cortas

Justo entré en la sala cuando The Jon Spencer Blues Explosion, de gira por España, hacían aparición en el escenario, rondando las 23:00 h. Era ésta una señal premonitoria de que esa velada iba a ser gloriosa. Solo con ver en el hall de la sala un puesto repleto de merchandising con camisetas, vinilos, CDs, carteles y demás artefactos ya daban ganas de adentrarse entre el público que poblaba el antiguo cine Albéniz.

Jon Spencer, Judah Bauer y Rusell Simins dieron una lección de lo que se debe hacer encima de un escenario: dejar boquiabiertos al público, hacer que aquello fuera un evento con tal complicidad entre los de arriba y los de abajo que había conexión total.

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Sus armas las justas. Dos guitarras, una de ellas con sonido de bajo aguitarrado pasado de fuzz, voz con mucho reverb, batería y un theremin que era el detalle anecdótico. Lo de The Jon Spencer Blues Explosion podemos definirlo como una exhibición sónica. Dominio instrumental, saber hacer, improvisación, mezcla de estilos y una catarsis sonora en la que el climax empezó en el primer minuto y terminó cuando se fueron a camerinos antes del bis.

No esperaba ese punch, esas guitarras tan salvajes ni esa percusión obsesiva, tan embaucadoras como lectura. En mi último encuentro con The Jon Spencer Blues Explosion, en el BBK Live 2012. A los estadounidenses les tocó bailar con la más fea, es decir, en el escenario pequeño, con un barullo de griterio y con un sonido desastroso, al menos eso es lo que apreciamos Natxo Sobrado y yo en aquella ocasión. Yo lo definí como un quiero y no puedo de The Jimi Hendrix Experience.

Me supo mal aquella noche que con su disco de regreso, el primero desde 2004 y tras el hiato entre 2007 y 2011, el titulado Meat & Bone, al que ya deben pronto dar un hermanito, no pudieran hacer una exhibición como la que el pasado jueves dieron en Gijón.

The Jon Spencer Blues Explosion son para distancias cortas, salas de medio aforo en el que hay perfecta sintonía entre la audiencia y el trío. Casi se puede oler el sudor que sale del escenario y esa perfecta comunión es síntoma de que todavía el rock & roll tiene futuro, que no ha muerto.

Fueron noventa minutos en non-stop, con mucha improvisación, mezclas, superposiciones y clásicos a ritmo frenético. Aquello era punk, era blues, era garage, por algún momento hip-hop e incluso rock mestizo. Todo eso y mucho más, y nada de eso, en un show en el que cayeron en cascada temas de su disco de regreso como ‘Bag Of Bones’, ‘Black Mold’ o ‘Danger’.

Como curiosidades, decir que Russell Simins desde la batería cantó ‘What is Love’, de los Dead Boys, y Judah Bauer hizo lo propio con ‘Chicken Dog’. Pero casi el repertorio era lo de menos, que estuviéramos asistiendo a una fiesta de rock & roll, de esas que muy pocas veces tenemos por estos lares y son recordadas a lo largo del tiempo, era suficiente motivo para disfrutar de repertorio antiguo de Orange, Acme o Now I Got Worry.

Y sí, cayeron ‘2 Kindsa Love’, ‘Identify’ y ‘Blues X Man’ y un montón de clásicos que nos dejaron no con ganas de más, porque fue hora y media repartiendo cera, y la sensación de irse a casa, una vez que Jon Spencer, gentil y ambilísimo, nos firmara algunas piezas de colección, con una sonrisa de oreja a oreja.

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Fotos | Víctor R. Villar en Pinterest

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