“The Knife” src=”http://img.hipersonica.com/2013/04/650_1000_The-Knife.jpeg» class=”centro” />

Ya lleva unos días entre nosotros Shaking The Habitual (Mute Records), el nuevo álbum de The Knife, que sin duda ha sido uno de los más esperados del año. Comentábamos en los avances que nos habían mostrado que no iban a dejar indiferentes, algo habitual en sus trabajos, en los que acostumbran a girar en su estilo. Las expectativas y las ganas de ver qué traían aumentaron proporcionalmente, al menos en mi caso, al ver los dos adelantos que nos habían enseñado: ‘Full Of Fire’ y ‘A Tooth For An Eye’. Poco tenían que ver entre sí, musicalmente hablando. En muchos sentidos, Shaking The Habitual es un disco fascinante, no sólo por el atrevimiento a radicalizar su sonido, sino también por la concepción del mismo. Además, es el disco que ha acabado por sepultar su synth pop. Pero, ¿es eso suficiente?

Lo que esperabas de Shaking The Habitual

La ruptura con respecto a sus producciones anteriores no es algo muy novedoso en el dúo sueco, puesto que siempre tienen a moldear su música de forma diferente en cada álbum. En esta ocasión, esa ruptura ha ido mucho más allá, si obviamos Tomorrow In A Year, dejando una estela de fans que estarán echando espuma por la boca, y otros que se sentirán decepcionados en parte por el resultado. La razón es obvia: la radicalización de su sonido, con una casi práctica sepultación del synth pop y el acercamiento a postulados de IDM, atreviéndose a configurar cuatro canciones que duran prácticamente diez minutos y una que dura nada más y nada menos que diecinueve. Algunos echarán de menos cierto continuísmo, otros estarán muy satisfechos con esta nueva faceta.

En el momento de ver el tracklist, me sorprendió ver el minutaje, lo cual no hizo más que aumentar mis ganas de escuchar el álbum. Después de haberlo tratado, es lógico que se cree una polarización en muchas canciones, algunas suenan maravillosamente bien y otras no son más que varios minutos de infumabilidad que no se pueden justificar por el mero hecho de estar bajo el manto de ‘música experimental’. Mi impresión general con respecto a este cuarto larga duración es que podría haber sido un disco fenomenal, pero se han pasado musicalmente de rosca, navegando por dimensiones de difícil travesía para el oyente.

Una de las preguntas que nos deberíamos hacer para obtener una respuesta a qué nos parece el álbum es qué esperábamos de este trabajo. Creo que probablemente coincidiríamos en gran parte de planteamiento: en seguir avanzando hacia nuevos territorios, descubriéndonos nuevos horizontes musicales, en los que siempre daban una vuelta al synth pop para someterlo a un proceso de sonidos retorcidos, opresivos, frenéticos o fantasmagóricos. El problema que encuentro es que musicalmente han forzado demasiado; es loable que nos lo pongan difícil con nuevas estructuras tan complejas de asimilar. Shaking The Habitual se convierte en un reto para la escucha, aunque por momentos el reto es no darle rápidamente a next. Todo lo contrario que Silent Shout.

Un cambio que se podía intuir

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Desde Silent Shout (2007), su último disco, han pasado muchas cosas: el mundo se va cada día un poco más a la mierda, han sacado una bizarrada operística, Tomorrow In A Year (doble álbum con un segundo disco especialmente interesante), y lo más importante, se han embarcado en dos proyectos diferentes. Ella con Fever Ray y él con los sesudos ritmos minimal techno de Oni Ayhun. Merecidamente, es el primer proyecto el más conocido, y del que referencias más explícitas encontramos en este Shaking The Habitual, aunque tampoco está exento de culpa el trabajo previo de Olof Dreijer. Si analizamos estos episodios en solitario y la ópera anteriormente mencionada, se podría entender en cierta forma la deriva musical que el dúo ha elegido.

Pero dejando aparte el tema musical, han sido más ambiciosos y han solido meterse en temas donde la electrónica suele no llegar, a temas políticos en los que se imbuyen en la sociedad capitalista, tocando desde asuntos de género, sexualidad, androginia e inseguridad, hasta los roles de poder establecidos como la monarquía y otros puntos polémicos como el fracking. En su panfleto lo podéis ver todo más claro; un manifiesto musical abogando por un cambio en los roles sociales; en las estructuras de poder. Aunque las críticas al sistema no dejan de ser en ocasiones sobre clichés sin mucho peso, es un ambicioso acercamiento de estos temas a su compleja música. El tandem podría haber sido una fascinante pieza de orfebrería electrónica conceptual, con temas fríos o en algunos casos rompepistas, que hablan sobre temas ‘serios’.

En este giro ideológico que han plasmado en forma de manifiesto musical a Shaking The Habitual, además de recurrir a artefactos comunes en su música como clavicordios, también incluyen samples de animales y objetos domésticos. Pero introducir aspectos nuevos en su música no implica que mejoren tu propuesta musical per sé. De hecho, ahí radica el principal obstáculo que encuentro en la escucha de este esperado nuevo disco de los suecos, que produzcas con nuevas maquinitas o lo hagas de una forma diferente, no tiene por qué significar un magno trabajo.

Muy buenas canciones entre un disco irregular

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Por mucha innovación musical y política que tenga el disco, en uno u otro fragmento de él se convierte en una tarea hercúlea la escucha continuada del mismo. Si bien el inicio del álbum es de lo mejor, con cortes tan destacables como la agresiva y lasciva ‘Full Of Fire’ y la inquietante belleza de ‘A Cherry On Top’, donde encontramos a la Dreijer con una voz poderosa y desnuda, la escucha va entrando en un sendero pedregoso conforme avanzamos en él.

Hacia la mitad del ecuador tenemos una exótica esquizofrenia en ‘Without You My Life Would Be Boring’, donde hay un equilibrio entre la nueva faceta del grupo con algunas pinceladas de esos momentos inquietantes del dúo que se extienden en ‘Wrap Your Arms Around Me’. Hasta aquí todo bien, exceptuando el primer corte del álbum, que nos deja un poco fríos a pesar de su exotismo. La escucha se rompe con ‘Crake’ y sobre todo con los diecinueve minutazos de ‘Old Dreams Waiting To Be Realized’. Desgraciadamente se van por unos fueros ambientales soporíferos que no esperábamos, pedíamos alguna novedad en su música, pero no veinte minutos de casi silencio. Para escuchar líneas ambientales con profundidad y otros matices ya tenemos toda una amalgama de artistas, desde Brian Eno hasta Oval.

Aunque nos recuperamos del somnífero con probablemente la mejor canción del disco, ‘Raging Lung’, otro ejemplo de que a pesar de que han complicado su receta sonora, pueden seguir sonando fascinantes, sin irse demasiado por el sonido más radical que encontramos en el álbum y sonando a mitad de camino entre Fever Ray y Silent Shout. Personalmente es cuando más me convencen, al igual que hacen con A Cherry On Top y la encargada de cerrar, ‘Ready To Lose’.

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Para mí lo ideal hubiera sido tirar mucho más de esta última fórmula que tan bien funciona en el disco, sonando simplemente maravilloso; muestras una modificación de tu sonido con respecto a Silent Shout, y no te metes en caminos tan ‘sofisticados’ que te expulsan de la escucha, que es lo que ocurre en el corte de casi veinte minutos y en parte de la segunda mitad de Shaking The Habitual. Entre ellos, ‘Networking’ o ‘Fracking Fluid Injection’. Aunque combines un tema del que nadie seguramente ha hablado, como es el fracking, con música electrónica (más inaudito aún), no por denunciar un tema importante puedes obviar que la sección musical suene casi ininteligible. Han decidido alejarse del synth pop como nunca, lo cual a mí no me acaba de convencer, pero no se puede conocer si los hermanos Dreijer volverán algún día por ese territorio, están en constante explosión creativa en cada proyecto en el que se meten.

Echo de menos la sensibilidad pop que había en Silent Shout, no era lo que vertebraba el disco, pero sí se encontraba implícitamente en muchas canciones, logrando un híbrido perfecto, y que en este disco no hubiera venido mal si lo sustituimos por las canciones más complicadas de tolerar. Algunas de ellas incluso con cierta complacencia o indulgencia, como queramos llamarlo. Por momentos caen en un territorio que no es el suyo, en el que tampoco hacen nada que no se haya escuchado ya y en el que ya hay otros artistas que lo hacen mucho mejor. Asimismo, el haber perpetrado esos temas tan largos y por momentos insípidos, me recuerdan al efecto de alguna de las canciones del reciente Silver Cloud de Actress, que deja con cara de WTF.

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Shaking The Habitual es un buen disco, pero me queda la sensación de que podría haber sido mucho mejor si quitamos los postulados musicales más radicales y los sustituimos por esas canciones que siguen la estela de Silent Shout y Fever Ray. Aunque prefiero mucho más su último largo, siempre es de agradecer que un artista sea ambicioso y decida cambiar el chip, en este caso, ofreciendo una vertiente artística, tanto política como musicalmente. En el primer apartado aportan algo que en el terreno electrónico no suele abundar, como la crítica a las estructuras de poder y a una sociedad clasista. Y todo a pesar de que no sean críticas brillantes y de calado, porque tampoco se les exige eso. En el apartado musical, quizá con un término medio, siguiendo la línea de Silent Shout pero explotando mayores rasgos experimentales o oscuros, no hubieran polarizado tanto a su público y hubieran salido ¿igualmente? victoriosos.

Es lo que tiene arriesgar, puedes dar en el clavo, puedes cagarla o puedes quedarte a mitad de camino. Yo estoy con esta última opción, el álbum no será una maravilla pero sigue teniendo canciones fascinantes, con ambientes envolventes, inquietantes y con esa bella e inocente voz de Karin Dreijer, que a veces se alza poderosa. Eso sí, con excesivo minutaje. La historia de la música electrónica de la última década ya les dejó a The Knife en un sitio privilegiado. Veremos si repiten en esta década.

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