No vamos a descubrir ahora a la gente quienes son The Prodigy. Ya se han encargado ellos mismos de forjarse un nombre bien a fuego en el panorama electrónico, rompiendo el mercado y siendo uno de esos nombres fáciles para los profanos del género. Su particular visión de la electrónica, tan machacona, tan punkarra y tan hardcore, unido a la calidad de discos como Music for the Jilted Generation (XL, 1994) o el imprescindible The Fat of the Land (XL, 1997), son motivos más que suficientes para esa alta consideración y para conseguir triunfar en un público no electrónico.

A pesar de esa condición de pesos pesados y de que son unos “dinosaurios” de la electrónica (25 años de experiencia cumplen este mismo año), no se han prodigado tanto por el estudio, aunque tampoco es que les haya hecho mucha falta para seguir siendo cabezas de cartel en los festivales por los que pasan. Sin embargo, cada X tiempo les surge el picorcillo por sacar nueva música y aquí estamos, reseñando el sucesor seis años después del notable Invaders Must Die (Take Me To The Hospital, 2009), un disco que podría pasar muchos años más como un estupendo cierre de su discografía y que, viendo el nuevo material que nos ofrecen los británicos, ojalá siguiera siendo el álbum de cierre.

The Prodigy contra su peor enemigo: ellos mismos

El trío inglés ha decidido que es buen momento para que vea la luz The Day Is My Enemy (Take Me To The Hospital, 2015), su sexto álbum de estudio. No vamos a esconder que varios de los que seguimos los adelantos que iban mostrando del álbum sentimos poco más que decepción y pereza ante lo que estábamos escuchando. Normal que las sensaciones antes de poder escuchar el conjunto oscilaran entre el miedo y la indiferencia. Me encantaría poder decir que han conseguido cerrarme la boca y que los adelantos eran meros señuelos, pero me temo que no es así.

Las sensaciones antes de poder escuchar el conjunto oscilaban entre el miedo y la indiferencia y el grupo no ha conseguido cerrar bocas

No es que el grupo plantee algo radical con respecto a anteriores lanzamientos. De hecho, su esencia en este trabajo se ve bastante férrea, heredando mucho sobre todo de su predecesor pero también toques de sus tiempos dorados. No diría que el problema es que sus trucos ya están resobados, porque no hace tanto demostraron que podían seguir haciéndonos botar sin parar a base de buena tralla. Sencillamente parece más un problema de desinspiración o de simplemente querer y no poder.

Las comparaciones son odiosas, no cabe duda, pero uno coge los singles del anterior álbum y los de este y no hay color. ‘Nasty’, ‘The Day Is My Enemy’ o especialmente ‘Wild Frontier’ no parecen propios no ya del grupo que sacara The Fat of the Land, sino tampoco del que sacó Invaders Must Die. Suenan más a imitadores desinspirados, concentrados más en repetir esquemas que de imponer su personalidad y de ofrecer un producto de calidad que transmita y nos invite movernos sin control. Luego nos las colarán mientras estamos con el pogo de sus conciertos e igual ni las notamos (o sí, a saber), pero desde luego no es lo que me apetece escuchar cuando me apetece algo de The Prodigy.

Aquí The Prodigy suenan a imitadores desinspirados, concentrados más en repetir esquemas que de imponer su personalidad

No todo es tan desastroso porque aún se guardan un par de bombacas finas, como una ‘Rok-Weiler’ que aguanta con más dignidad que buena parte del conjunto y ofrece mucha más caña al igual que ‘Wall of Death’. También destaca sobre el resto ‘Ibiza’, pero también influye el refrescante y revitalizador toque que aportan Sleaford Mods y que forma un combo bastante potente con la música de The Prodigy. Esta colaboración podría repetirse más veces en el futuro, sobre todo si dan resultados tan buenos donde no se impone uno sobre el otro.

4.3/10

No obstante, dejando a un lado esos pepinazos, el nivel medio de las canciones resulta bastante pobre y el tono general de The Day Is My Enemy hace que desluzcan un poco más, generando sensaciones de temas que me dejan a medias u otros que directamente me producen indiferencia total. Si algo malo se puede decir de un disco de The Prodigy es que este te produzca indiferencia o, peor aún, te llegue a aburrir. El consuelo está en que he podido verles en directo antes de poner este disco en el mercado, así que me libro de tener que quitarme la espinita mientras cuelan temas como estos.

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