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The Soulbreaker Company — Graceless

Esta es la tercera vez en la que me enfrento a un nuevo disco de los vitorianos The Soulbreaker Company como seguidor y, probablemente, es la primera ocasión en que lo hago sin preguntarme si éste será el álbum de su salto al estrellato, el largo con el que se confirmarán, definitivamente, como una de las bandas más importantes del Hard Rock europeo. Una fuerte sensación de hastío ante un merecido éxito que no llega me ha hecho arrojar la toalla y dejar de soñar con el encumbramiento de una de mis bandas españolas favoritas. Afortunadamente, este pesimismo que os destaco es una cuestión meramente personal, pues The Soulbreaker Company siguen sin rendirse y golpean cada vez con más fuerza los cimientos de un mundo que no entiende de merecimientos, sino de casualidades y caprichos del destino y público.

Y es que el público rockero español es especialmente caprichoso, ávido de encumbrar al primer proyecto sueco con olor a los setenta que pase y con muy pocas ganas de hacer lo mismo con talentosas bandas cuyo origen pueda ser el sur de los Pirineos. Una suerte de Saturno devorando a sus hijos, relegando al injusto anonimato por mero prejuicio o denostando por envidia a aquel que debería derribar fronteras por puro merecimiento.

Quizás cierta descortesía o falta de empatía hacia el semejante. Sensaciones a las que, casualmente, The Soulbreaker Company aluden en el título de su nuevo álbum aunque, probablemente, con una intención o causa muy distinta a la que el que escribe esgrime en su defensa. En cualquier caso, Graceless cuenta con todo lo necesario para borrar de un plumazo todo el sabor amargo que pueden haber dejado mis primeras palabras. Porque Graceless es un disco sólido, imaginativo y muy bien estructurado, un disco que logra que un ejercicio maravilloso como Ítaca no ejerza una sombra demasiado alargada sobre él, dejando el sabor de la prueba superada, del obstáculo superado con cierta soltura.

Las apariencias engañan

Graceless es un álbum que en un primer acercamiento descoloca, deja desubicado al oyente pues sabe encerrar, guardar o proteger muy bien sus puntos fuertes, ofreciéndolos como premio poco evidente al que persevera o escarba en una propuesta que, a simple vista, aparenta ser conservadora si la comparamos con la ambición exhibicionista de la impresionante apertura que fue ‘It’s Dirt’ hace cuatro años.

Y digo descoloca porque el cuarto álbum de los vitorianos acaba demostrando ser mucho más de lo que da a entender en un inicio, encerrando en su interior un juego de despiste, de misterios que se van resolviendo conforme sus temas se ubican en nuestra cabeza, sus aparentemente sencillas estructuras se acaban convirtiendo en lo que son, una plataforma de despegue para un disco cuidado hasta el último detalle y con recompensas recurrentes que lo convierten en un ejercicio muy adictivo.

Para que todo esto se haga realidad The Soulbreaker Company han jugado con inteligencia la baza de ‘clasicalizar’ aún más su sonido, de dejar el efectismo de Led Zeppelin o Deep Purple a un lado y utilizar como armazón la psicodelia más hippie de The Byrds o Grateful Dead o la poppie de The Beatles, demostrando que el alquimismo estructural no tiene por qué asegurar mayor empaque ni mayor elegancia, sino, a veces, todo lo contrario.

Graceless es un disco que se expande conforme lo dejamos madurar o respirar en nuestra mente, que mejora como lo hacen bebidas que en un primer momento dejan indiferente pero cuyo empaque crece al contacto con el aire limpio, cuanto mayor es el tiempo transcurrido entre el descorchado y el tránsito hacia nuestra garganta. Y al igual que el vino acaba dejando aromas, matices que en inicio parecen ser poco evidentes al gusto y al olfato, lo mismo sucede con lo nuevo de The Soulbreaker Company, un álbum que poco a poco se instala en tu mente gracias al detalle, al mimo que demuestra en la composición y en la ejecución y venciendo cierto recuerdo que acaba despertando, aquel de que para el Rock, cualquier tiempo pasado fue mejor.

8.3/10

Por fortuna el último axioma no siempre es cierto y The Soulbreaker Company son prueba viva de todo esto. Quizás no desde el estrellato que siempre he pensado que se merecen, pero sí desde la coherencia, solidez y ambición que demuestra toda su trayectoria, desde el ya lejano y enérgico Hot Smoke and Heavy Blues (2006) hasta el actual Graceless. La noción de éxito es relativa y, supongo, los vitorianos son conscientes de que el apoyo de sus seguidores, por pocos que sean, vale mucho más que miles de placas vendidas. Ojalá esta crítica pueda sumar algún nuevo seguidor para su causa.

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