“The Soundtrack Of Our Lives — Throw It To The Universe” src=”http://img.hipersonica.com/2012/09/criticas-tsool-throwittotheuniverse.jpg" class=”centro” />

En unos tiempos en que interesa más la opinión de un disco en la semana de su lanzamiento, a pesar de que la escucha pausada y la asimilación de las propuestas necesitan no solo de la repetición y de un número de escuchas suficientes, sino también de comprobar en parte cómo cambia tu percepción con los días, quizá parecerá innecesaria la reseña del último disco de un grupo que ya ha anunciado su separación oficial. Con el lanzamiento internacional de Throw it to the Universe, aprovechamos para despedir a unos notables gregarios del rock clásico, los suecos The Soundtrack Of Our Lives.

My idea when we started this band was that we were gonna peak around 2012. Which suddenly is pretty soon!

La redención del pastor Ebbot Lundberg

Si las guitarras siempre habían sido protagonistas, si la psicodelia había acentuado sus facciones y la personalidad (vocal, presencial e intelectual) de su líder les había distinguido del resto de grupos suecos y del rock europeo de, especialmente, la pasada década, este disco aglutina todas sus virtudes compositivas conformando un conglomerado amable, reluciente y pulido, aprovechando las cotas de contención, fragilidad, y pulcritud alcanzadas en Communion (2008), el disco doble en el que no solo plasmaron su talento sino que expusieron sus capacidades de una manera tan expresiva que dejamos de verlos como el grupo de la psicodelia melódica, del mantra rock de más fácil digestión que ha dado Escandinavia en años.

13 canciones en órbita sin perturbaciones gravitatorias

La trascendencia mística (‘If nothing lasts forever’, ‘What’s your story?’, ‘When we fall’,…) y las metáforas astronómicas (‘Throw it to the Universe’, ‘Solar Circus’, ‘Faster than the speed of light’) que embargan a muchas de las canciones del disco se sirven de una imaginería deliberadamente excelsa e inabarcable con una actitud pretendidamente abierta, comprensiva, acompañando, sea cual sea el camino, la búsqueda de una identidad que resuma en una serie de rasgos el particular prisma que configura el sexteto.

We are the songs you learn to sing
but we are the sound of everything
We’re here to make you feel alive
We are the ones that never die

El disco comienza así de radiante, con su tema homónimo, creciendo paulatinamente hasta que te atrapa en su espiral de estribillos y coros, levantándote desde el suelo, ingrávido e indefenso. El tono paternal de ‘You are the beginning’, calcando el planteamiento, desarrolla a través de la intimidad el sentimiento de esperanza, complementaria a la confianza con que van desmenuzando su legado emocional. La búsqueda de la exculpación, tanto si afecta a uno mismo (‘Waiting for the Lawnmowers’), a la pareja (‘If nothing lasts forever’), a la persona que tienes delante (‘What’s your story?’) o al círculo más íntimo (‘When we fall’), camina por mullidos colchones melódicos, con su concesión americana (‘Where’s the rock?’, ‘Freeride’), sus reminiscencias a The Who (‘Busy land’) y permite que el disco conserve y desarrolle con dignidad un planteamiento tan manido como complicado de llevar a la práctica sin conducir al sonrojo.

Aunque en ocasiones roce el larguero de la autoayuda, la búsqueda de alivio emocional es una necesidad del género humano; la madurez con la que afrontan ese paso, fuesen conscientes o no del final de la banda o no, demuestra que en la vida tan importante es mantener la honestidad y la lealtad por encima de todo, como reconocer cuándo es el mejor momento para acercarte a alguien y, sobre todo, cuándo decirle adiós. Este epílogo recapitula más luces y virtudes que sombras y defectos, y aunque refleja con mayor precisión sus últimos años como banda que los primeros, conserva una pureza de espíritu que explica la vigencia de su mensaje. 13 canciones que no buscan destacar unas sobre las otras, sino que permitan que su discurso fluya libremente, sin cauces que lo canalicen hacia ningún lado concreto. Independientemente de su densidad, transparencia, fluidez, tensión superficial o de sus presiones hidrostática, hemodinámica u osmótica, este Throw it to the Universe, como cualquier líquido, adopta la forma de su contenedor, y es en éste último donde debemos buscar el poso que deja. Sin ser impecable, sus errores se diluyen entre la cohesión de sus aciertos. Y eso es mucho decir.

Shine on
There’s another day after tomorrow
There’s another day after the end

Shine on
There’s another life for you to borrow
There’s another life for you to mend

Forever to be found
Forever in my mind
Forever everyone we have
We are

La banda con el nombre más acertado del mundo ha construido su mapa de recuerdos sin estridencias, sin hypes, sin decepciones. Su honestidad hacia la historia del rock, su público y hacia sí mismos no encuentra fisuras, y su ética nos trae hasta una despedida sin sobreactuación, sin un dramatismo desmedido. No han intentado cambiar el mundo, pero el mundo tampoco los ha cambiado a ellos.

Da igual que el moderado éxito tanto de crítica como de público siempre lo haya considerado escaso, porque ellos han hecho lo que estaba en sus manos. Iniciaron la expansión de una serie de grupos suecos que probablemente recogieron más frutos de los que sembraron, pero en su relativo ostracismo, no hizo falta arropar su desarraigo o su desasosiego, porque mantenían sus valores intactos. Probablemente les habría ido mejor si Noel Gallagher, en vez de adorarlos públicamente los defenestrase, pero no es tiempo para lamentos. Gracias por haberos convertido, también, en la banda sonora de mi vida.

 

 

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