“The Spyrals” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/The Spyrals — The Spyrals.jpg” class=”centro” />No es lo mismo acudir a las raíces de la psicodelia que extraer la psicodelia de las raíces, del mismo modo que tampoco es lo mismo sonar a la Creedence Clearwater Revival que sonar como la Creedence Clearwater Revival. Los matices son importantes y The Spyrals son conscientes de ello. Así que en su alegato alucinado y alucinante de psicodelia garagera permiten que se dibujen las delgadas siluetas de grupos como Galaxie 500 o Woods. Detalles, intenciones, resultados.

The Spyrals: cualquier terreno es válido

El origen de un grupo suele ser una pista. En el caso de The Spyrals es una certeza: San Francisco, la ciudad que albergó durante los sesenta la psicodelia más emocionante de todos los tiempos. Y de ahí a otros muchos lugares. Porque en Estados Unidos las ciudades, los estados, los lugares, son símbolos de la música contemporánea. The Spyrals vuelan, asentados en los mimbres inestables del garage y volátiles de la psicodelia, hacia terrenos más robustos y expansivos. Allí donde otros grupos pierden el equilibrio ellos se ríen de la gravedad.

Las canciones de The Spyrals suelen derivar hacia una jam no muy consistente que, de manera sorprendente, no se les va de las manos. Y es algo meritorio, puesto que pisan demasiados terrenos, muchos de ellos resbaladizos. Por ejemplo, el de la Creedence Clearwater Revival. En las composiciones de The Spyrals se palpa el mismo gusto por la creación aparentemente anárquica del Bayou Country. Toma, un ritmo. Toma, una línea de bajo. Y a partir de ahí los punteos y las derivas alucinógenas.

‘Lonely Eyes’, la canción que abre el disco, es un buen ejemplo. No hay ninguna necesidad de urgencia en el desarrollo de la canción. Se deja llevar, se crece, se expande, llena tu cerebro y tu habitación. Además se baña en múltiples referencias. The Spyrals lo hacen aún más difícil y ni siquiera se fijan en grupos: se fijan en discos concretos de algunos grupos. Por ejemplo, ‘Lonely Eyes’ también posee la fascinante capacidad de entrelazar guitarras hasta el infinito como hacían los gloriosos Galaxie 500 del Today.

Y ‘Disguise’, tras unos cuantos minutos de garage clásico, inspirado en los nuggets, de repente cambia de ritmo y comienza a calcar cualquier canción del At Echo Lake de Woods. Claro que en Woods también hay mucho de Galaxie 500, aunque no lo parezca. Pues bien, The Spyrals no eligen, se quedan con todos. Y de ellos se desprenden y regresan constantemente, como si en las canciones hubiera espacio y tiempo para satisfacer cualquier necesidad. Es posible que lo hagan de un modo autocomplaciente y, bueno, no seré yo quien les niegue el gusto.

Ahí, dando vueltas alrededor de tu cerebro

Obviamente el reverb empapa todo el disco. La música de The Spyrals se escucha al tiempo que se evapora. Transcurrido un rato, las canciones se han vuelto humo y ocupan todo el espacio restante en tu cabeza. Se quedan ahí, un buen rato, te nublan, te dejan al margen de cualquier otra cosa que suceda a tu alrededor. Y eso a ratos es malo, porque a veces no notas cuándo comienza una canción y cuando termina otra. Pero luego lo piensas y te da lo mismo. Al fin y al cabo todas retoman lo que estaba haciendo la anterior.

‘Calling Out Your Name’, por ejemplo, podría ser el resumen perfecto. Las capas se superponen entre sí y el resultado es una bola psicodélica extremadamente densa. The Spyrals abruman. Tanto que en ‘Radiaton’, creo que sin ser muy conscientes de ello, coquetean con el exotismo hindú y pisan el terreno de Amps For Christ en Circuits. Parecen tocar poseídos. Totalmente colocados. Y parece mentira que desde ese universo sean capaces llevar lo clásico a lo heterodoxo (‘Trying To Please’) desde un férreo y muy autoritario control de sí mismos.

Porque en realidad, y pese a que todo el disco es una gran jam session, se controlan. Y mucho. No cuesta imaginar cómo ‘Lond Road Out’ se alarga y se contrae sobre sí misma a lo largo de una minutada indecente. Podrían llevar sus canciones a los diez minutos sin la menor complicación. Pero no. Están acotadas, seguramente para mejor. También ‘Evil Kind’, que resiste la tentación de cerrar el disco a lo grande y se conforma con un desvarío digno de los Doors a todos los niveles, organillo incluido. Lo cual no es poco.

“8,40” src=”http://img.hipersonica.com/2012/07/8,40.jpg" class=”derecha” />De quienes parecen totalmente enamorados es de la Creedence Clearwater Revival. ‘The Rain’ son ellos, con armónica sureña y todo. O sus canciones interpretadas por The Sonics o The 13th Floor Elevators. Las raíces y la psicodelia, todas juntas, sonando como si se hubiera grabado en el garage de tu casa. Puede que suene grandilocuente y evidentemente todas las referencias optan por la hipérbole. Pero The Spyrals quieren sonar a todo eso fracasando en el intento. Eh, ahora viene lo bueno: precisamente por no sonar como ellos son aún más auténticos.

 

 

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