The Stranglers en concierto en Gijón (Sala Albéniz, 04–04–2014): estrellas en el Paraíso

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La de The Stranglers era una de las muescas en el colt que tenía que tener sí o sí algún día. Esto sucedió el viernes noche, aunque podríamos decir que ya era sábado por aquello que el concierto empezó pasadas las 00:00 horas. La Sala Albéniz no es un buen lugar para sonorizar salvo si el grupo lleva un buen equipo de sonido y un técnico solvente y titulado que pase de mero aficionado como los que solemos ver en las actuaciones que hay en estos lares.

Un concierto que no dejó descontento a nadie

The Stranglers estaban en Gijón, sí y gracias al Gijón Sound Festival, que nos obligó a tener que elegir entre uno u otro espacio musical sacrificando por ejemplo ver a Pablo Und Destruktion, Christina Rosenvinge, de la que unos chicos de Coruña me contaron en petit comité que había hecho un no concierto, repleto de fallos técnicos y desatinos, o Sidonie. Y encima nos quedamos sin ver a The Fall por circunstancias no aclaradas pero su manager confirmó que Mark E. Smith no había cogido al final el avión que le traería a Asturias.

Yendo al asunto The Stranglers ofrecieron un concierto memorable, intenso, con más luces que sombras y un repertorio de más de noventa minutos que no dejó descontento creo que a nadie. El público era el esperado, mujeres y hombres pasados la treintena y la cuarentena que estaban dispuestos a recibir una lección de lo que es el punk-rock, la new wave y el rock & roll.

No hubo paños fríos en la banda. Dave Greenfield (teclados y voz), Jean-Jacques Burnel (bajo y voz) y el último en incorporarse al grupo Baz Warne (guitarra y voz) forman un tándem de lujo que, apoyados por un batería más joven como Jim MacAulay, sustituto en los conciertos del mítico Jet Black, que con su baja forma física sería incapaz de seguir el intenso ritmo de sus compañeros.

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The Stranglers los teníamos a escasos metros de nosotros, en un escenario en el que casi podías tocar a la banda era un privilegio. Y eso es más de lo que esperábamos los seguidores que jamás habíamos visto en directo a los británicos. En septiembre cumplen cuarenta años y ésta es la gira que pudimos ver en Gijón.

Empezar con tres piezas fundamentales: ‘Tolier On The Sea’, la excelsa ‘No More Heroes’, todo un himno para mi generación y las posteriores, y ‘Was It You?’, cantada por Burnel, ya nos dijeron con un sonido casi rozando el sobresaliente que The Stranglers juegan en otra liga. Acaso la única pega de toda la actuación fue que los teclados a veces estuvieron muy por encima de la guitarra.

The Stranglers no venían a cumplir el expediente en una plaza de segunda categoría, en Madrid el día antes habían hecho el mismo repertorio que nos regalaron en Gijón. Y eso es un detalle de grandeza de una formación que a estas alturas no tiene nada que demostrar, y que con ‘Sommat Outa Nowt’ pareció que nos trasladamos a los años en el que punk era una palabra que significaba algo.

Sí, hubo momentos gloriosos como esa intensidad en crescendo de ‘Midnight Summer Dream’, o el dream pop de ‘Golden Brown’, otro de los muchos hits del set list de la noche, como la irónica ‘Peaches’ o ‘Always The Sun’, que volvió locos a todos los presentes como al amigo Manolo Abad, que desde cuarta fila estaba viviendo una de las mejores noches de su vida.

Casi me gustó más cantando Jean-Jacques Burnel que Baz Warne, como en ‘Thrown Away’ y ‘Never To Look Back’, rockeando duro en Time To Die, del disco Stranglers In The Night, pasándose a la new wave en ‘Lowlands’, de su último disco Giants, o yendo a ritmo marcial en ‘Nice N’ Sleazy’.

Y en la recta final no se anduvieron por las ramas ‘Walk on By’, donde mandó el teclado, ‘Freedom Is Insane’, ‘Duchess’, del disco The Raven, ‘5 Minutes’, y ese hit en el que rockearon a tope antes de irse a camerinos.

Esperábamos La Folie en los bises pero nos dimos por satisfechos con ‘Norfolk Coast’, ‘Some Better Change’, de su fundamental álbum No More Heroes, y ‘All Day And All Of The Night’, esa versión de los Kinks que casi es suya. Y todavía regresaron de nuevo al escenario abrumados por ese recibimiento, calor y complicidad con ‘Tank’, tema que abría Black And White, su disco de 1978.

Fotografías | Noe de la Fuente

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