El heavy metal como género sonoro vive en un profundo estancamiento desde hace ya décadas, y aunque muchas ramas surgidas del tronco siguen creciendo y alcanzando nuevas cotas, el núcleo original se mantiene casi intacto, esperando a esa hornada de grupos que produzca la catarsis capaz de ponerlo todo patas arriba. The Sword no ayudan a que esta evolución se produzca con lanzamientos como Warp Riders, pero ante semejantes discazos pocas protestas se pueden hacer.

Age of Winters, puesto 41 en nuestra lista de mejores discos de metal de la década pasada, supuso un estreno por todo lo alto para la banda tejana, y Gods of the Earth fue una excelente continuación de ese metal de vieja escuela que narra historias de héroes fantásticos, monstruos mitológicos y espadas mágicas. Dos años después vuelven con el álbum que les deberá poner definitivamente en la primera fila del panorama metalero de la actualidad.

Por primera vez se atreven con un disco plenamente conceptual, y sin perder de vista su gusto por la fantasía épica y la mitología, nos cuentan una historia de ciencia ficción atemporal, donde naves intergalácticas, brujas, piratas espaciales y objetos místicos se mezclan a ritmo de guitarras que representan la esencia del rock más duro. No esperéis una gran profundidad argumental en The Night The Sky Cried Tears Of Fire, que así se titula la historia escrita por J. D. Cronise: una clásica lucha entre el bien y el mal que no duda en beber de los grandes mitos sci-fi.

Yo no invento, sólo hago saltar tu mollera

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Se podría decir que el sonido de The Sword ha evolucionado con este tercer disco, pero casi suena a contradicción si tenemos en cuenta que estamos ante un grupo que es involución pura, basando la mayor parte de su arsenal en esquemas que se inventaron en los 70. En cualquier caso es cierto que sus composiciones se han hecho más variadas y ricas en matices, pensando (como es lógico en un trabajo conceptual) más en el todo, que en las partes que lo componen.

Como consecuencia de ello, Warp Riders se hace menos monolítico y más ameno de escuchar que sus predecesores, sin perder eso sí la contundencia propia de un muro sin fisuras que ya habían demostrado anteriormente. Ayuda mucho a este paso el fichaje en la producción de Matt Bayles, quien ya ha demostrado su valía con grupos como Mastodon, Isis o Russian Circles, y que es capaz de sacar un poco más lustre a las composiciones del grupo.

Se trata sin lugar a dudas de un paso hacia delante para ellos, no muy grande pues lo cierto es que su nivel ya era bastante alto antes de la llegada de este elepé, pero sí lo suficiente como para que la atención mediática recibida esté por fin a la altura de las circunstancias. Y es que estamos ante un trabajo que tiene sabor a clásico desde la primera escucha, sin nada nuevo que mostrar pero con los arrestos suficientes para satisfacer a todo tipo de metaleros, sean conservadores o abiertos de miras.

The Sword en un viaje astral al centro del metal

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Hay mucho de doom y algo de stoner en la propuesta que ponen sobre la mesa, pero eso no los acerca a Kyuss como muchas veces he leído por ahí, con quienes comparten antepasados directos como Black Sabbath pero poco más. Esos riffs del tamaño de colosos que inventara Tony Iommi son el principal leitmotiv del álbum, algo que bien demuestran temas como ‘Tres Brujas’ o ‘The Chronomancer I: Hubris’, pero algunos dejes progresivos o de hard rock más ligero también se dejan caer de vez en cuando.

Hay también buenos chutes de thrash con mucho de Metallica como ‘Astraea’s Dream’ o incluso momentos que nos podrían traer a la mente las desquiciadas psicodelias de Mastodon como el tema de introducción. No daréis con una canción mala en el conjunto, pero sí las hay especialmente destacadas como las ya citadas, a las que habría que sumar también la marcialidad de ‘Lawless Land’ o la energía desbocada de ‘Night City’.

8.5/10

Una portada que responde muy bien al espíritu retro de la banda diseñada por Dan McPharlin supone el envoltorio perfecto para uno de los mejores discos de metal del año, con el sabor de los grandes clásicos que inventaron el género en los 70 y ajeno a cualquier movimiento de vanguardia que se haya podido ver en tiempos más recientes. The Sword han madurado mucho y muy bien durante estos años, consiguiendo mantener los pilares maestros de su rock y dando algunos retoques aquí y allá a la estructura para que no se quede estancada. Era una apuesta bastante segura teniendo en cuenta el talento que atesoran, así que sorpresas las justas en este caso: se esperaba un gran disco y aquí lo tenemos.

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