The Vintage Caravan — Voyage

Hace no demasiado se armó una buena cuando me dio por cuestionar si el modelo de educación musical que estamos dando a nuestros hijos (LOGSE) era el más adecuado atendiendo a actitudes, aptitudes y a lo que la música y su ejecución significan para la cultura española y nuestro sistema educativo. Polémicas aparte, recuerdo me preguntaba en el controvertido artículo (o en comentarios) qué diantres estaremos haciendo mal para que todos nuestros niños sueñen con ser el nuevo Bisbal (todos mis respetos) y ninguno lo haga con ser el nuevo Eric Clapton o la nueva Patti Smith.

Evidentemente el entender al Rock como una música básicamente angolsajona y muy poco nuestra tendrá bastante que ver, pero supongo también guarda relación este asunto con el cortoplacismo que nos define, el cual nos lleva a soñar con ser intérpretes antes que creadores porque, entiendo, requiere mucho menos esfuerzo y la rentabilidad midiendo tiempo y rendimiento económico es mucho mayor en este tipo de apuestas. Tiene que haber de todo en la senda del señor, por supuesto, pero mientras en los países nórdicos salen estrellas juveniles ligadas al Rock a cascoporro, en España nos hemos especializado en crear y reventar marionetas manidas y siesas del corte de María Isabel o Raulito (hablo de oídas pues a este no le he oído en la vida).

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De Islandia proviene esta nueva apuesta para ‘rejuvenecer’ el Hard Rock europeo y, viendo que la cosa puede ir muy en serio, los acaparadores de Nuclear Blast no han dejado pasar la oportunidad de hacerse con todos. Así es como los imberbes The Vintage Caravan se han unido a una constelación que en lo que se refiere al Blues Rock, Stoner, piscodelia, blablabla… ya cuenta con grandes nombres o grandes promesas (dependiendo del caso) de la talla de Blues Pills, Graveyard, Kadavar o Witchcraft, haciéndolo con un segundo álbum bajo el brazo que ya había sido publicado en su país en el año 2012.

En cualquier caso la reedición de este Voyage no es un acontecimiento menor pues, aunque Óskar Logi (guitarra y voces), Guðjón Reynisson (batería) y Alex Örn (bajo) no oculten una insultante juventud, lo mostrado en su segundo álbum no son palabras menores. No faltará el que alegue falta de originalidad, oportunismo e incluso conservadurismo ante una propuesta que toma el rumbo opuesto a un horizonte marcado por revoluciones, innovaciones y demás zarandajas. Sordos hay y habrá toda la vida, y gracias a ellos The Vintage Caravan y un servidor tendremos material para reírnos hasta la extenuación.

Concretando un poco, lo que estos islandeses nos presentan en su segundo álbum no es un simple juego de influencias o referencias en el que se agoplan nombres como Led Zeppelin, Blue Cheer o Cream, The Vintage Caravan se instituyen, al igual que ya hicieron Troubled Horse o Kadavar hace un par de años, en una banda de los años 60 y 70 que ha nacido en nuestro tiempo, una banda para la que el presente es una casualidad y el clasicismo del Rock de hace 3 o 4 décadas no solo un estado de ánimo, sino una simple y directa razón de ser.

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Así es como dejan claro que el incluir la palabra vintage en su nombre va mucho más allá del homenaje o la casualidad, manifestando este Voyage que hablamos más de una cuestión de esencias y actitudes, de un ser y un sentir, que de un llegar a ser o una simple aspiración. La naturalidad con la que se mueven por un circuito en el que la repetición y la rutina son una constante así lo demuestra, viajando por el espacio y el tiempo con el LSD como combustible mientras surfean sobre riffs sabbathianos y frescos robados a (o por) Jimmy Page.

Teniendo en cuenta que el Blues Rock como género o razón de ser no es el esquema más versátil del mundo musical, The Vintage Caravan muestran ser diferentes justo cuando hacen lo propio, cuando se saltan las barreras que ellos mismos parecen ponerse saliéndose de tono diluyendo fronteras y difuminando los géneros por entre los que deambulan. Para ello se sirven de una actitud que recuerda a los años más ruidosos y rompe guitarras de los ingleses The Who, subíéndose al escenario espoleados por una adrenalina que tiene el poder de convertir en jam cualquier esquema que se atreva a salir de la guitarra de Óskar Logi.

Riffs de corte clásico, sin excesiva elaboración ni extravagancia son la base de un ejercicio en el que The Vintage Caravan se muestran sólidos y elocuentes, alejados de virtuosismos de chichinabo pero pateando traseros con la insolencia del que sabe que la juventud es su principal virtud y que es consciente de conocer su terreno a la perfección, que demuestra saber claramente de qué va este juego.

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Frenéticos cambios de ritmo, riffs que se convierten en solos en manos de jams que uno no sabe ni cuándo comienzan ni cuándo acaban son la tónica aunque The Vintage Caravan también saben pisar el freno y juguetear con el folk psicodélico en temas como ‘Winterland’, aunque al final todo acabe salíéndose de madre como siempre. La lisérgica ‘King’s Voyage’ (un viaje que supera los diez minutos) y la bucólica ‘Do You Remember’ dan pinceladas de color a un álbum que podría resumirse en las excitantes ‘Let Be Me’ o ‘Expand Your Mind’, aunque eso sería, evidentemente, renunciar al mayor de los aciertos de un disco como Voyage: lo importante no es llegar, sino disfrutar de todo el trayecto.

7.7/10

Volviendo a la reflexión principal, entiendo y valoro la defensa de lo español y nuestra cultura musical que emana de muchas de las apuestas que nuestra industria realiza. Eso sí, viendo listas de ventas, beneficios recogidos por la industria, festivales que se cancelan y salas de conciertos que se cierran uno empieza a cuestionarse realmente si lo que España hace como sociedad es defender lo propio o bien destruirlo todo para no ser invadido por lo ajeno. En países como Suecia, Noruega o Islandia han comprendido que la música no tiene fronteras y nos pertenece a todos más allá de folklores o chovinismos galos, lo cual ofrece frutos como los consolidados Pain of Salvation, Graveyard o Kadavar o como los prometedores Blues Pills o The Vintage Caravan. ¿En España? De momento tenemos a gente como Obsidian Kingdom fichando por sellos extranjeros. Lo de siempre, ya me entendéis.