The War on Drugs — Lost in the Dream

Es un elemento común a varias tradiciones: llevar “algo viejo”. Sea para celebrar una boda, un fin de año o cualquier otro evento, la superstición siempre llama a echar la vista atrás, a aprovecharse de la experiencia de lo bueno conocido para construir a partir de ello algo nuevo y mejor. Eso es algo que siempre han tenido presente The War on Drugs desde sus inicios y es algo que se sigue viendo en su tercer disco, Lost in the Dream. Algo prestado, algo nuevo y algo reciclado también hay (también algo azul, de hecho éste es un disco bastante azul), pero algo viejo desde luego que sí. Lo bueno es que eso no es un problema.

The War on Drugs, para todos los públicos

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Tanto hay de viejo aquí que casi sorprende la atención que se le presta en determinados círculos a la banda de Adam Granduciel. Nada que objetar, claro, al contrario: es una excelente noticia que gente que jamás escucharía un disco de Springsteen o de Tom Petty se acerque a algo que huele tanto a antigüedad, aunque sea porque lo dice Pitchfork o porque lo dice San Pito Pato. Ya ocurrió hace tres años con el excelente Slave Ambient y vuelve a ocurrir ahora con esta nueva entrega.

Para más inri, se da la circunstancia de que no hay aquí la menor intención de disfrazar esas intenciones, de empanar el pescado y bañarlo en salsa de tomate para que el niño se lo coma. Qué va: por aquí se pasan Dylan, Fleetwood Mac y hasta, yo qué sé, Mark Knopfler y sin pedir perdón en absoluto. Es verdad, eso sí, que no se trata de un ejercicio mimético ni mucho menos: Granduciel parece tener un enfoque enormemente pragmático que le lleva a analizar cada influencia y extraer de ella aquello que le interesa para un fin concreto y llevándolo todo a una política de comunes denominadores que evita el olor a rancio y facilita puntos de encuentro: The War on Drugs parecen aspirar a protagonizar esos mágicos momentos en los que suena una canción en la radio del coche y por una vez resulta del agrado de las tres generaciones que viajan en él, el “para todos los públicos” en el mejor sentido del término.

No hay prisa

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Eso sólo se logra mostrando una cierta indiferencia hacia el entorno que te rodea, que es algo que este disco maneja muy bien en todo momento. Lost in the Dream no tiene absolutamente ninguna prisa: se toma todo el tiempo del mundo para llegar a donde quiere y no le cuesta nada sacar un rato para pararse a oler las flores. Con apenas diez cortes, se va a la hora de duración y es de ésos que si alguien viene a meterle prisa, ralentizará si cabe el ritmo.

Pero no es un ritmo gratuitamente lento. Lost in the Dream es un disco que camina entre la niebla, entre una cierta melancolía, con una inicial inseguridad, no muy seguro de por dónde pisa. Para cuando ha encontrado las canciones en medio de esa bruma ya ha pasado un cierto tiempo y justo entonces no piensa soltarlas: se deleita en su descubrimiento, les concede el desarrollo que necesiten e incluso se despide de ellas para adentrarse de nuevo en la niebla, como al final de la inicial ‘Under the Pressure’.

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Y ojo, que esto es importante: las encuentra. Lost in the Dream no es de ésos de “lo importante es el viaje”. No, el viaje es parte del resultado final y no tiene ningún interés en ahorrarnos los procesos intermedios, pero al final las canciones aparecen, como esa magnífica ‘Red Eyes’ que puede ser fácilmente la más redonda que hayan entregado hasta la fecha. Canciones que a menudo empiezan impregnadas de esa melancolía pero que pronto se desprenden de cualquier rastro de tristeza, canciones que poco a poco van sacando músculo, que se divierten encontrando su propia estructura a medida que avanzan y al final acaban descubriendo su propio sentido de la épica desde una cierta óptica de superación personal, de crecerse ante la adversidad. Igual que nosotros las acabamos encontrando entre la niebla y los solos de guitarra, ellas también se acaban encontrando a sí mismas entre sus letras difusas y sus desarrollos imposibles.

Debemos concederle a Lost in the Dream la paciencia que nos pide: al final sabe cómo recompensarnos. Superada con nota la difícil tarea de estar a la altura de su predecesor.

8/10

Es curioso cómo Kurt Vile y Adam Granduciel parecen seguir mirándose el uno al otro por el retrovisor después de emprender caminos separados y bastante sorprendente comprobar que ambos han firmado los mejores álbumes de su carrera cada uno por su lado, especialmente teniendo en cuenta que manejan coordenadas sonoras bien similares. The War on Drugs se liberan casi por completo del elemento espacial y se echan desacomplejadamente a los brazos del rock para padres. Y la jugada les sale bien.

Lo mejor

  • ‘Red Eyes’, ‘Suffering’, ‘An Ocean in Between the Waves’…
  • Premia tu paciencia.
  • Está lleno de pequeños grandes momentos.

Lo peor

  • Que algunos prefieran los radio edits de varios temas.
  • Que otros lo tachen de Rock M-80.
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