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The Wytches — Annabel Dream Reader

Interesting record, because it’s impossible to pigeonhole, unless ‘spooky surf garage metal sludge’ is an actual thing. It does work, however; its varying styles are anchored by this fact: Annabel Dream Reader comes from deep within the haunted house of noisy rock & roll.

Hay algo de verdad vital en todas y cada una de las reseñas que se publican a diario en Rate Your Music, el muy pasado de moda portal donde miles de personas puntúan y catalogan sus discos favoritos y no tan favoritos. Muchos de los redactores de Hipersónica estamos allí. En mi caso, uno de los motivos es la nula clarividencia con la que muchos de los usuarios hablan de discos a los que llego. El caso es que tratando de articular una crítica sobre Annabel Dream Reader (Heavenly, 2014), llegué a las tres líneas más arriba escritas. Y pensé que no sé si quedaban muchas más cosas por decir. “Spooky surf garage metal sludge”. ¿Se puede definir mejor el sonido de The Wytches, la (pen)última sensación del Garage Rock?

Quizá sí: como The Horrors haciendo las cosas bien, y no todo lo mal que pudieron, en su primer disco. The Wytches también son un grupo de jóvenes alborotados que han agarrado las guitarras como forma de expresar lo muy descontendos que están con todo. Al menos eso se desprende de las melodías deprimentes y las guitarras estrenduosas de Annabel Dream Reader. Gracias a ellas están en boca de un número respetable de gente, encuadrados ya dentro del elenco de bandas con el que se maneja el Austin Psych Fest. Pero, ¿hay algo de psicodelia realmente en estas canciones destartaladas? Si existe, cosa que es más que plausible, se trata de el reverso desquiciado de la misma. Como Night Beats en un mal día.

Pasados por, no sé, Sleep en uno bueno. Escuchad el estribillo de ‘Robe for Juda’. Dadles algo más de talento, unas voces guturales en condiciones y tienes un aire esquizofrénico entre el Doom y la psicodelia garagera a la que no sabes muy bien cómo has llegado pero de la que no quieres salir. Annabel Dream Reader tiene mucho de eso, canciones feas a las que cuesta encontrarles escapatoria.

The Wytches: trampas que estremecen

Es una trampa que tiene dos caras. Por un lado, la mayoría de las canciones parecen la misma. Se repiten una y otra vez y aunque muchas de ellas superan los cuatro minutos parecen escaparse entre los dedos. Por otro, el disco siempre parece estancarse en las tres, cuatro canciones que destacan por encima de las demás. La primera es el clarísimo single ‘Wide at Midnight’. La siguiente es ‘Wire Frame Mattress’, que es una canción desquiciada. Aún no he logrado descifrar si lo que me sugiere es fascinación o repulsa, o si lo primero me ha llevado a lo segundo o viceversa. The Wytches consiguen que me resulte imposible salir de esa turbia relación, y allí me hallo ahora mismo, repitiendo las últimas palabras que Kristian Bell, vocalista y letrista del grupo, recita circularmente, como un mantra: “…while my dignity collapses”.

Podría escuchar durante horas Annabel Dream Reader y sólo prestar atención a esas cuatro últimas palabras, que me ponen en estado de alarma, afinan mis sentidos y estremecen.

The Wytches consiguen que me resulte imposible salir de esa turbia relación, repitiendo circularmente, como un mantra: “…while my dignity collapses”

La tercera canción en la que The Wytches parecen estancarse para siempre es ‘Summer Again’. A veces tengo que volver a mirar mis estadísitcas de Last FM para comprobar que he escuchado todas las canciones anteriores y que, no, que mi reproductor no salta de ‘Summer Again’ a ‘Summer Again’ todo el rato. No sé por qué sucede ni si es bueno o malo. Creo que lo segundo: The Wytches son capaces de hacer canciones tan buenas que las demás pasan desapercibidas. ¿Es ‘Summer Again’ la mejor? No sé si esto siquiera es una pregunta, porque no sé siquiera si alguien más se plantea algo así. A mí me entristece y me alegra que haya jóvenes tan destrozados como para componer algo tan bello, tan delicado, y para descomponerlo de forma tan salvaje acto seguido. Es complicado.

‘Summer Again’ podría resumir todas sus virtudes, poniendo la visceralidad encima de la mesa como argumento no negociable. Por eso The Wytches pueden ser comparados con el Sludge Metal, por más altisonante que resulte, porque en sus canciones pervive el espíritu de lo truculento. Garage Rock desde la depresión, crecer en un permanente estado de ansiedad y desprecio. El odio hacia todo sin saber por qué, por ahí van los tiros, por ahí sí puedo explicar a dónde me llevan The Wytches y a qué recuerdos me retraen. Por eso llevo dos párrafos escribiendo sobre ‘Summer Again’ sin prestar atención a todo lo demás. Porque creo que en esa canción se explican a ellos, lo pueden explicar casi todo a cierta edad.

7.3/10

Esta visión retorcida del género les acerca de forma inevitable a Slaughterhouse (In The Red, 2012). Con matices: aún no son tan buenos, y a ellos el sonido desproporcionado no les sale, en apariencia, de la exageración, como sí era el caso de Ty Segall y compañía. El entorno sonoro natural de The Wytches parece realmente este, y es por ello por lo que son tan interesantes y por lo que se les adivina un futuro tan… incierto. Y divertido. Porque parten de un lugar de especial originalidad. Esa extraña , poderosísima balada titulada ‘Crying Clown’, esos acordes Folk de ‘Track 13’. Hay algo oscuro en la mirada que The Wytches proyectan al mundo y yo no puedo dejar de mirarles a los ojos.

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