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The Zephyr Bones, allí donde todo estaba bien

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que tanto Beach Fossils y Wild Nothing parecían bandas prometedoras. Con achaques clásicos de la escena, con vicios marcados y con ideas previsibles, bien, pero también con un puñado de canciones a mitad de camino entre el Lo-fi, el Jangle Pop y el Post-punk que, al igual que The Drums primero y DIIV después, respiraban vitalidad por los cuatro costados. The Zephyr Bones, grupo barcelonés que desde febrero de este mismo año ha ido colgando canciones en su Bandcamp, viaja en el tiempo y nos transporta exactamente a aquel momento. Mucho antes de Nocturne (2012, Captured Tracks), de Clash The Truth (2013, Captured Tracks) o del espantoso último trabajo de Ducktails. Allí donde todo estaba más o menos bien.

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Tras ‘Juglar Child on the Carousel’ y ‘Secret Place’, ambas dignas de editarse por Captured Tracks, The Zephyr Bones publicaron el pasado mes de julio Wishes/Fishes (2014, autoeditado), un pequeño EP de cuatro canciones iniciado por ‘Weird Summer’ y finalizado por ‘Let’s Spit Our Bones Into The Sea’. Ambas pasan por lo mejor del conjunto: la primera acude a las referencias habituales de los grupos ya mencionados, navegando entre un oleaje cálido muy cercano al aire de aquel The Drums (2010, Moshi Moshi, Island) o al de Generationals más recientemente. Como si hubiéramos congelado a Jack Tatum en ‘Summer Holiday’, ‘Weird Summer’ se vuelve especialmente brillante a partir del minuto y medio.

Alejarse del hit sencillo y veraniego para entrar en atmósferas que coquetean sin descaro con la psicodelia, gritando a susurros el nombre de Echo and The Bunnymen

Lo verdaderamente interesante de Wishes/Fishes llega al final, al compás de los primeros acordes de ‘Let’s Spit Our Bones Into The Sea’. Esto es lo que quizá Beach Fossils podrían haber hecho de no instalarse en la monotonía, y es bastante parecido a lo que DIIV, el proyecto personal de Zachary Cole Smith, grabó en su debut. Alejarse del hit sencillo y veraniego para entrar en atmósferas que coquetean sin descaro con la psicodelia, gritando a susurros el nombre de Echo and The Bunnymen. Sus tres minutos y medio son impecables y una estupenda muestra de donde The Zephyr Bones pueden llegar. No sólo a aquel lugar donde todo parecía estar bien, antes de los peores años ochenta o la repetición sin alma de ideas repetidas, sino al lugar donde todo debería haber sido perfecto. Al futuro.

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Entre medio, ‘Get Away From the Coast’ y ‘Los Cocodrilos’. Más adictiva la segunda que la primera, una continuación un tanto fría de ‘Weird Summer’. Por aquí se cuelan aquellos agujeros que también existían en los primeros discos de toda la generación CT, abruptamente ensanchados con el paso de los años. Es cierto que el sonido, tan en boga durante varios años, ha pasado a mejor vida sepultado por otras corrientes, también debido a que sus bandas señeras se rindieron. Y quizá sea mejor, quizá nunca diera para más. Pero The Zephyr Bones se empeñan en resucitarlo. La tarea podría parecer una locura, puede que lo sea, pero de momento les funciona.

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