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Thee Oh Sees — Drop

En apenas un abrir y cerrar de ojos, Thee Oh Sees anunciaron su particular cese temporal de la convivencia matrimonial, se permitieron una semana de relajación entre la histeria generalizada de todos sus seguidores y alguna que otra lectura hilarante sobre su trayectoria e influencia, volvieron y anunciaron un nuevo disco, Drop (2014, Castle Face). Todo esto tras haber publicado en el mismo año su enésimo disco, Floating Coffin (2013, Castle Face), su millonésimo EP, Moon Sick (2013, Castle Face) y una recopilación de singles y canciones varias bajo el título de Singles Collection Volume 3 (2013, Castle Face).

Sí: esto es lo que John Dwyer podría definir como “un año tranquilo”. Tanta frenética actividad responde a la necesidad vital del grupo de expulsar lo primero que piensan. Es genial. Y tiene una contrapartida: la regularidad es totalmente imposible.

Tras los fastos poros psicodélicos de Floating Coffin, el disco que les colocaba definitivamente en la liga de los-más-grandes de su tiempo — si es que tal puesto no lo habían alcanzado ya tras el visceral, divertidísimo, enajenado e histórico Carrion Crawler/The Dream EP (2011, In The Red) — , Thee Oh Sees plantean en Drop una versión relajada de sí mismos. Como decíamos, publicar más de un disco al año hace humanamente imposible mantener una línea más o menos regular.

En efecto: Drop está un peldaño por debajo de lo que Thee Oh Sees nos han ofrecido en el pasado. No pasa demasiado, también lo estaba Putrifiers II (2012, In The Red) y fue uno de los mejores trabajos de su año. Thee Oh Sees siguen siendo un grupo interesantísimo y muy excitante pese a que las canciones les surjan sin demasiada reflexión, de la nada, tan naturales como ‘Penetrating Eye’, en su zona de confort.

Esqueletos básicos, crudos

¿Qué sucede cuándo Thee Oh Sees se alejan de forma consciente de la maraña de ruido y distorsión de su anterior trabajo? Que las canciones quedan reducidas a su esqueleto. A lo básico. A lo más crudo, vía Raw Power: ‘Encrypted Bounce (A Queer Sound)’ busca y encuentra a The Stooges como casi nunca antes en la carrera del grupo.

Lo mejor de Thee Oh Sees también es esto: pese a su continua producción discográfica se repiten entre poco y nada. No subyace aquí el pulso nervioso de Carrion Crawler/The Dream EP o el aire Folk-raro-kraut de Putrifiers II. Tampoco, por descontado, la exhuberancia sonora de Floating Coffin. Ni siquiera el Garage Rock más convencional de Help (2009, In The Red). John Dwyer está otra vez jugando a lo que menos le aburre, o lo que es lo mismo, a todo lo que no ha hecho con anterioridad.

La inquieta tranquilidad de ‘Savage Victory’, la verbena zumbona de ‘Put Some Reverb On My Brother’ o la tysegallización completa de ‘Drop’ también muestra el nunca evaporado amor por los sesenta del que siempre han hecho gala Thee Oh Sees. Lo cual nos lleva a la siguiente cuestión capital en la historia de Thee Oh Sees, que se remonta ya a mediados de la década pasada en lo que John Dwyer, justamente, consideraría la prehistoria: aún no hay disco de ellos que podamos considerar aburrido. Todos ellos, mejores o peores, son la mar de entretenidos.

7.7/10

Canciones que nunca se agotan porque son frescas, rápidas, originales e interpretadas con todo el talento demencial, exagerado y narcotizado de sus miembros. Drop es todo eso. Y la prueba de que Thee Oh Sees no saben estarse quietos: alegría para todos, en tal caso.

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