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Thom Yorke — Tomorrow’s Modern Boxes

Es un experimento para ver si las mecánicas del sistema son algo que el público general puede esquivar. Si funciona bien podría ser una manera efectiva de entregar el control del comercio en Internet a las personas que están creando el contenido. Permitir a quienes hacen música, vídeo o cualquier otro tipo de contenido digital que vendan por ellos mismos. Pasar por encima de los auto proclamados guardianes de las puertas.

Le salió un poco el hype por la culata a Thom Yorke cuando hace unos días enseñó un vinilo blanco con el objetivo de iniciar la promoción de su nuevo álbum en solitario y todo el mundo comenzó a especular con el regreso a los ruedos de Radiohead. Para muchos fue un bajón descubrir que lo inscrito en la superficie de dicho disco era este Tomorrow’s Modern Boxes que el músico británico ha decidido distribuir por una vía mucho más actual, empleando BitTorrent para dejar claro una vez más a la industria musical que se puede vivir fuera de sus pesados engranajes. A falta de ver cómo le funciona la jugada a Yorke, esta decisión es probablemente lo más interesante que nos depara el álbum en cuestión.

Y no lo digo porque Tomorrow’s Modern Boxes sea un mal disco, que no lo es, pero queda lejos de estar entre lo más atractivo que este artista ha firmado. Por descontado, es a The Eraser (2006, XL Recordings) hacia donde tenemos que dirigir la mirada para encontrar el punto de conexión más cercano con este reciente trabajo, pues una vez más ha aprovechado la libertad de no tener cerca a nadie más que a su fiel escudero en la técnica Nigel Godrich para seguir profundizando en esas inquietudes electrónicas que han sido su guía creativa durante los últimos años y que definitivamente parecen haberse apoderado de todo su trabajo.

BitTorrent Now

No es descabellado hablar de su trabajo menos accesible, tan abstracto, oscuro e indescifrable como su propia portada

Con la cabeza más metida que nunca en los sintetizadores, no es descabellado hablar de su trabajo menos accesible, tan abstracto, oscuro e indescifrable como su propia portada. La misma pluma que participó en la escritura de varios de los grandes himnos del rock de los últimos veinte años se muestra aquí casi indiferente al concepto de melodía en su forma tradicional y más preocupada por la descomposición en capas de ritmos por el mero placer de ver lo que se puede llegar a conseguir exprimiendo la tecnología.

Es curioso que, precisamente en su frialdad, sea éste el disco más personal de Yorke; al menos, el más cercano a su momento creativo. Las imperfecciones de The Eraser, precisamente las que hacían de dicho álbum una obra tan atractiva, desaparecen bajo el filo de una producción que es como un bisturí aplicado con precisión quirúrgica. Tampoco hay aquí apenas rastro del dinamismo que hacía de Amok (2013, XL Recordings) un esfuerzo mucho más voluptuoso y estimulante de lo que muchos han sido capaces de aceptar. Canciones como ‘A Brain In A Bottle’, ‘Interference’ o ‘There Is No Ice (For My Drink)’ presentan el acabado de un metal extremadamente pulido, tan brillantes en su superficie como ajenas al calor de las emociones.

7/10

Y en toda su obtusa aritmética sonora, en su distante acercamiento a la electrónica de referencia de Yorke que representan proyectos como Modeselektor, Burial o Four Tet, Tomorrow’s Modern Boxes es un disco con más méritos que errores, de interés creciente a cada nuevo acercamiento que le dedicamos y con atmósferas verdaderamente elaboradas. Creo también que es una muestra de que a este músico va a ser muy difícil bajarlo ya del caballo del sintetizador, algo que inevitablemente va a seguir repercutiendo y mucho en el devenir de Radiohead, mal que les pese a todos esos seguidores descontentos con el resultado de The King of Limbs (2011, autoproducido). Pero así es como están las cosas.

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