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Tim Hecker — Virgins

Siguiendo con la cantidad de referentes electrónicos clásicos que han vuelto este año en formato larga duración, sin duda este último trimestre está marcado por, entre otros, el regreso de Tim Hecker, que vuelve con un disco para analizar tranquilamente, para saborear poco a poco sus matices, con la habitual creación de paisajes que van más allá de un ambient plomizo y desganado. Con Virgins, ha elaborado un trabajo apabullante en el que descubrir nuevas sensaciones en cada escucha y en el que ha introducido nuevos cambios.

Descomponiendo y redefiniendo el ambient

El canadiense hace tiempo que demostró que es uno de esos compositores actuales de referencia en la música electrónica y lo sigue haciendo disco a disco, sacando a relucir la transversalidad que define su forma de entender el ambient. Más allá de crear atmósferas obnubilantes, espaciales o cualquier otra sensación que el género es capaz de proyectar, Hecker siempre va a más. Haciendo gala de una sensibilidad especial a la hora de componer, sus experimentaciones con el glitch, los drones y diferentes capas de texturas han dado como resultado estructuras epatantes.

En Virgins nos encontramos con un Tim Hecker que se encierra bastante en arpegios mimnimalistas, en bellas composiciones de piano y en repeticiones que sobrevuelan el ambiente a muy bajas pulsaciones. Algunas de estas secciones han sido grabadas por pianistas profesionales, no son propios elementos salidos de su cocina. Si a estos tenues arreglos le sumamos las melodías líquidas que ha elaborado, vemos que esta conjunción eleva el discurso de Hecker a una de esas categorías que bien expresó un amigo mío, que la música electrónica es la música clásica del siglo XXI.

Tras la colaboración con Onehotrix Point Never, Hecker vuelve a Kranky y se aleja del ambient sobrecargado como el de compañeros de sello como Ethernet, juega con estructuras progresivas como las de Steve Hauschildt y Emeralds y va más allás de los sonidos calmados de Stars Of The Lid. Y sin embargo, une puntos comunes con todos para crear doce canciones en las que se baten esos paisajes mentales que se crean con el ambient, pero también hay pequeñas explosiones de sofisticación, frío y delicadas composiciones que sobrecogen por su energía.

Pequeños detalles que engrandecen su propuesta

Con Virgins nos topamos con un Tim Hecker en la cima de su creatividad, sin abusar del noise de Ravedeath, 1972 y enriqueciendo las aristas sonoras que dejaron tan buen sabor de boca con su trabajo producido junto a Daniel Lopatin, que también nos ha regalado este año un buenísimo R Plus Seven, y con el que Virgins guarda varias semejanzas por su experimentación. Al mismo tiempo, se vale de instrumentos clasicistas y sigue siendo tan evocador como los clásicos del ambient, desde la oscuridad de Brian Eno hasta el minimalismo (del que ya nos puso sobre aviso) de Steve Reich.

Al escuchar este nuevo largo del canadiense, de nuevos te enfrentas a parajes desconocidos, a un sonido más orgánico más propio de un compositor que de un productor. El ambiente es muy intenso desde el principio, con la belleza cristalina de ‘Prism’ y capas de sonido que se amontonan para crear diferentes niveles de texturas en ‘Virginal I’. Estas concentraciones de teclados, algo de noise contaminado y amagos de interferencias se convierten en belleza. Es esa la gran virtud de este Virgins, que avasalla con la intensidad de temas tan emocionantes como los de ‘Live Room’ o ‘Virginal II’, que se nutren de capas y capas de sonidos cristalinos.

En medio de algunas de las joyas que esconde Virgins, también hay hueco para los zarpazos disonantes de ‘Stab Variation’ que se pierden en el espacio o para la sensibilidad de regalos sonoros como lo son ‘Stigmata II’; para los títulos que junto con su música dicen más que cualquier sección vocal. Hecker evoca como nunca y marca la diferencia en el ambient. Donde muchos elaboran complacientes e infinitas composiciones, donde hay poco de innovación y mucho de saturación, él converge con otros géneros, rompe con los límites que separan a unos de otros y los mete en el mismo ensamblaje.

Y el resultado es un álbum tan rico en su sonido y ambicioso en sus sensaciones como Virgins; no es el típico disco de ambient que no volverás a escuchar jamás. La introducción de secciones de viento y piano reales ha sido todo un acierto. Esos pequeños cambios y detalles suponen un gran cambio que se aprecia en los picos de épica, atenazando mucho más que el ambient canónico y contando con una gama de sonidos más amplia, que también se manifiesta en las pistas más calmadas que impresionan igualmente. Un trabajo fascinante con el que abstraerse y dejar que la electrónica viole tu mente.

8.8/10

Tim Hecker continúa esculpiendo discos interesantísimos y en Virgins teje unas redes de sonidos orgánicos que sobrecogen por su combinación de sofisticación y su respeto a los cánones clásicos del ambient. Entre las progresiones y las gruesas capas de arreglos cristalinos, este trabajo esconde maravillas que descubrir en cada escucha.

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