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Titus Andronicus — The Most Lamentable Tragedy

Patrick Stickles es un hombre con obvios problemas de incontinencia verbal. La totalidad de su carrera al frente de Titus Andronicus, grupo que él ordena y conduce desde su fundación en 2005, es un constante desafío a las leyes racionales de la concisión y el mensaje viral. En una época definida por la información inmediata, los titulares clickbait y esparcimiento irreflexivo a través de todas las redes, Stickles hace suyo el legado de la novela al modo tolstoiano y se embarca en tareas compositivas titánicas, ya sea a través de marcos discursivos impropios y profanos dentro de su teórico género, el Punk, ya sea a través de un borbotón inagotable de canciones, pistas silenciosas y epílogos. Conceptos, metarreferencias, instrumentos, entrevistas, letras. Todo en Titus Andronicus se entiende desde y por el exceso. The Most Lamentable Tragedy (Merge, 2015), su último disco, es una oda absoluta a la exageración impostada.

Baste esto como carta de presentación para todo lector incauto que haya caído en las fauces de este texto desconocedor de la naturaleza inquieta y salvaje de Titus Andronicus: este es un disco difícil, en ocasiones imposible, una lucha constante contra las tozudas leyes de la gravedad sonora, larguísimo, denso, existencialista y depresivo, imposible de entender sin el contexto adecuado, y ciclotímico. También es un disco catártico, visceral, emocional, impactante, introspectivo, personal, universal e irremediablemente genial. Cualquier clase de adjetivo podría ajustarse con precisión al carácter de The Most Lamentable Tragedy, pero quizá sólo uno lo haga con rotunda certeza: difícil. Porque este, querido potencial oyente de las aventuras y desventuras psicológicas de Patrick Stickles, es un disco que requiere amplias dosis de esfuerzo extra por tu parte. Y si no estás dispuesto a ofrecerlas, es probable que termines asqueado e irritado.

Antes de seguir, pasa por aquí. Es una entrevista que hicimos hace poco a Patrick Stickles a cuenta de The Mot Lamentable Tragedy. En ella, explica todo lo que tienes que saber sobre el disco, lo que es. El concepto, las motivaciones emocionales y personales que le han llevado a escribirlo, la lógica detrás de una pomposa Ópera Punk. Ahora, pasa por aquí: es el perfil en Genius del propio Stickles. Genius no es otro archivo infinito con letras de canciones, sino un portal que, con sus más y sus menos, invita a discutir e intelectualizar el mensaje subyacente en cualquier canción. Dadas las referencias constantes y sonantes que Stickles incluye en sus temas, Titus Andronicus es el patio de recreo de los miles de editores. Pues bien, en un alarde de verborrea y exagerada clarificación de los hechos, Stickles está comentando sus propias canciones. Las está desnudando.

Ok. Y ahora intentemos explicar por qué estamos enganchados a un disco de 90 minutos y 29 canciones que habla sobre esquizofrenia, dobles personalidades y terribles luchas internas contra uno mismo. Aunque, ¿habla en realidad de eso?

The Most Lamentable Tragedy: qué hay de nuevo

Si aceptamos la máxima de que toda canción es todo lo que su oyente desee que sea y no tanto lo que su creador original haya pensado sobre ella, The Most Lamentable Tragedy vuelve a hablar de los temas más recurrentes y esenciales de Titus Andronicus: enemigos por doquier, un mundo inservible y ensuciado, la siempre compleja aceptación de la singularidad y el aislamiento social, el nihilismo diario y la inmortal lucha contra lo absurdo de la existencia humana, interpretada al modo de Camus o Nietzsche, referentes comunes en el imaginario de Stickles. De forma paralela, The Most Lamentable Tragedy también puede ser un recital de referencias personales hacia tu propia vida, hacia la historia de tus pasos vitales, hacia todas tus decepciones emocionales y a través de los demonios internos que, en plena adversidad, abrazan tu condición de perdedor como arma retórica y blanden la bandera del fatalismo con furia incontenible, (auto)destructiva.

Nada de esto es nuevo, y nada de esto explica The Most Lamentable Tragedy.

Patrick Stickles siempre ha sido un escritor fabuloso. Imaginativo en sus inicios, constante y vibrante a partir de The Monitor (XL, 2010). En este sentido, The Most Lamentable Tragedy es otra muesca en el revólver, pero no la más brillante y no la que define el terrible magnetismo que irradian casi todos los cortes del disco. En The Monitor, Stickles logró sublimarse introduciendo dos temas conceptuales entrelazados en uno sólo que, a la postre, podrían interpretarse por el oyente a su libre antojo. Por un lado, amasó un sinfín de discursos bélicos y de referencias a la Guerra de Secesión Americana, las disfrazó de marco conceptual y las incrustó de forma indudable en sus vivencias personales entre 2008 y 2009, de modo que los fusiles aún encendidos de Gettysburg narraran sus eternos viajes en autobús entre Nueva Jersey y Massachusetts, sus turbulencias emocionales y su visión aún juvenil y rebelde de lo que el mundo era — una mierda — y de lo que podíamos esperar de él — nada — .

Se trata del punto intermedio de un grupo que no podía volver a los mismos trucos de The Monitor y que no podía simplificar tanto como en Local Business

Aquel doble juego narrativo sirvió de cima aún por superar, pero no impidió que en Local Business (XL, 2012), aquel giro a los orígenes de la simplicidad Rock, las letras continuarán teniendo un protagonismo destacado en el relato sonoro de Titus Andronicus. Pensemos en ‘Ecce Hommo’, por ejemplo, y en cómo aquella pequeña carta sobre la angustia derivada de un mundo complejo, incierto e incomprensible podría ser considerada su mejor canción, su mejor single. ¿Qué falló, entonces, para que Local Business, al margen del entusiasmo natural que despierta en nosotros un grupo así, quedara lejos de la magnificiencia de The Monitor? La música, por supuesto, rebajada a un terreno más ordinario. Allí donde The Monitor se llenaba de drones, arreglos de viento, gaitas y varias canciones encapsuladas en largas y tremendas suites, Local Business optaba por pequeños destellos, fulgores que bebían del Springsteen más clásico y no tanto de la fragilidad de Neutral Milk Hotel.

The Most Lamentable Tragedy llega tres años después con el objetivo casi expreso de construirse sobre las dos identidades recientes de Titus Andronicus: la megalómana, en forma de disco conceptual, y la directa, en forma de canciones que, pese a todo, no son tan complejas ni tan exageradas como las de The Monitor. Se trata del punto intermedio de un grupo que no podía volver a los mismos trucos de The Monitor — porque han pasado cinco años, porque aquel es un disco irrepetible — y que no podía continuar por el mismo sendero simplificado y no demasiado excitante a largo plazo de Local Business — al final, un disco de transición — . The Most Lamentable Tragedy son los nueve minutos progresivos, de raíces irlandesas — y metarreferenciales — de ‘More Perfect Union’ y los 47 segundos puro Hüsker Dü de ‘Lookalike’. Los casi siete minutos de homenaje a Daniel Johnston de ‘Stable Boy’ — frágiles, dolorosísimos, terribles al nivel de ‘The Battle of Hampton Road’ desde un prisma opuesto — y los cuatro minutos y medio de ‘Stranted (On My Own)’ — alcoholizados, románticos y más The Saints que los propios Saints — .

El punto exacto donde todo está bien

Stickles ha dado con la tecla adecuada y ha combinado de forma efectiva lo mejor de dos mundos que, por sí mismos, ya constituían una galaxia apta para la vida eterna. Los continuos arreglos de violín introducidos por un excelso Owen Pallett combinan a la perfección con el sentido atemporal y ageneracional de las canciones de Stickles. La contundencia del enrabietamiento Punk y existencialista de ‘No Future Part IV: No Future Triumphant’ no palidece ni combina en formas extrañas con el delicioso clasicismo, piano incluido, de ‘Mr. E Mann’, donde Titus Andronicus dan rienda suelta a su admiración por el Heartland Rock y abrazan más que nunca el legado de Springsteen — imaginando, de paso, una gira per-fec-ta con The Men en nuestros corazones — . La bipolaridad temática de Stickles en su narrativa se expresa de forma sublime, y mucho menos errática de lo que podría parecer, en las canciones de The Most Lamentable Tragedy.

Porque no, este no es un disco marcado por los altibajos ni por las ideas extravagantes y fallidas — que las hay, como los numerosos interludios vacíos de contenido o el cúmulo de drones que enlaza unas secciones con otras — , ni el resultado demente de un grupo con demasiadas ideas — y todas a la vez — en su cabeza. Titus Andronicus siempre han sido un grupo mucho más profesional, cerebral y talentoso de lo que su imagen pública — y de lo que la explosividad de sus discos — ha dado a entender. The Most Lamentable Tragedy no sólo es un disco calibrado e inteligente — con excepciones, no obstante: baste citar a ‘(S)HE SAID/(S)HE SAID’ — , sino también uno repleto de canciones gigantescas. O como explicaban en Tiny Mix Tapes, canciones que hace ya mucho tiempo atrás podrían haber sonado en cualquier radiofórmula. Stickles es uno de los mejores compositores de grandes éxitos de nuestro momento, y hemos venido a descubrirlo en The Most Lamentable Tragedy, un disco complejísimo e inaccesible. Genio hasta el final.

Titus Andronicus siempre han sido un grupo mucho más profesional, cerebral y talentoso de lo que su imagen pública — y de lo que la explosividad de sus discos — ha dado a entender: TMLT es la prueba obvia de ello

De otro modo, es imposible explicar el magnetismo eminentemente Thin Lizzy de ‘Fatal Flaw’ — cerveza en mano, rock & beer — , el regusto elegante de ‘Lonely Boy’ — ¡saxos incluidos! — , la extraña luminosidad dad-friendly de ‘Come On, Siobhán’ o la excelsa interpretación del universo The Pogues de ‘A Pair of Brown Eyes’ — más rápida, más bestia, más tremenda que la original — . Titus Andronicus nunca han tratado de ocultar sus referencias, propias y ajenas, ni su obvio propósito de componer grandes canciones por sí mismas — ¡’A More Perfect Union’! — , pero en The Most Lamentable Tragedy se han arrastrado hasta el paroxismo. El resultado es sorprendente y sublime: estirando todas sus ideas hasta límites imposibles, creando una Ópera Punk extravagante, se han convertido en un grupo que podría ser universal. Cuanto más se exageran, más determinantes y exactos resultan, y también más esquivos.

Sobre cómo Stickles y el resto de sus compañeros lograrán lidiar con esta feliz paradoja en el futuro no sabemos nada, ni queremos saberlo. Sabemos, de momento, que The Most Lamentable Tragedy sí tiene resquicios de optimismo — en todo ‘Come On, Siobhán’, en el alegato rebelde-pero-no-derrotista de ‘Lonely Boy’ — inexistentes antes en su discografía. Pese a ello, Titus Andronicus es un grupo que siempre parece a punto de fenecer. Y siempre resurge de sus cenizas de forma atolondrada en apariencia, pero esencial en su fondo. Hoy por hoy, no hay grupo igual, ni en forma ni en espíritu, ni en relato ni en arquitectura sonora, ni en talento ni en originalidad. Es quizá el mejor grupo Rock de nuestro tiempo. The Most Lamentable Tragedy les pone exactamente ahí, en un lugar al que no llegaron con The Monitor — mejor disco — porque sí se dirigía, en muchos sentidos, a un nicho concreto.

9.3/10

Ahora bien, ¿es The Most Lamentable Tragedy un disco dificilísimo? Ah, amigo, claro que lo es. Titus Andronicus, ya decíamos, desean nadar a contracorriente. Y su particular acto de revolución contracultural es diseñar una pieza musical inabarcable — ¡pero universal! — cuando nadie parece tener tiempo para nada. Cuando escuchamos centenares de discos al año. Cuando ya no nos preocupamos por bucear ni por mi(s)tificar. The Most Lamentable Tragedy atenta contra todo lo que somos, y de su victoria depende la nuestra. Nosotros, huelga decir, abrazamos innegociablemente esa derrota: la tragedia más patética, más bella y más embriagadora que han conocido nuestros oídos.

En Hipersónica | Titus Andronicus – An Obelisk, crítica

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