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Todos los festivales son la misma mierda

Hay un hombre en España que lo hace todo. Lo mismo te preside un equipo de fútbol, como te crea un concurso para la televisión, u organiza un festival de música. Lo de la proliferación de festivales de hace década y media para aquí dejaría en bragas a todos aquellos que se quejaban de la burbuja inmobiliaria. Esto sí ha sido un boom. Y ahora puede que algunos nos quejemos, pero entonces bien que nos compensaba que surgieran tres eventos en veranito, cerca de casa, a los que poder acudir a disfrutar de un puñado de conciertos que, sumados, salían además a mejor precio que ir a ver uno por uno a las salas de la ciudad.

El problema es que, especialmente de un tiempo a esta parte, todos los festivales son la misma mierda. ¿Todos? No, algún irreductible evento se niega a hincar la rodilla al poder de determinadas bandas y agentes, pero en general diferenciar un evento de otro empieza a ser más difícil que levantar la carrera musical de The Strokes.

Sólo entre Supersubmarina y Dorian suman 30 presencias en ese tipo de eventos en España durante el presente año

Cojamos, por ejemplo, dos nombres de bandas españolas elegidas al azar y sin ningún tipo de maldad. No sé, me vienen a la cabeza Supersubmarina y Dorian. Un decir. Tengamos en cuenta, por otra parte, que hay muchos festivales que se celebran durante las últimas semanas de verano y el otoño, que todavía no han confirmado la totalidad de los artistas que formarán parte de sus programaciones. Pues bien, sólo entre estas dos bandas, Supersubmarina y Dorian, suman 30 presencias en ese tipo de eventos en España durante el presente año. Es decir, que los podrás ver más a menudo que a un político del PP encabezando una trama de corrupción.

En el caso de Supersubmarina y Dorian, ambos tienen motivos teóricamente justificados para que su presencia resulte tan cansina en la oferta. Los primeros están de gira con su último disco, El viento de cara, y los segundos celebran durante este año el décimo aniversario de su venida al mundo. Pero no son los únicos: Sidonie, Second, Xoel, Izal son otros de los nombres de obligada contratación para tu festival si no quieres ser víctima de una lapidación segura. Y bueno, que estamos en 2015 y Love of Lesbian se lo han tomado sabático. Si no ya sabéis lo que tocaba. 
Los nombres que hemos mencionado hasta ahora suman 56 actuaciones. Y las que queden por saber.

O sea, un puto coñazo. La tarta repartida en cuatro porciones cuando han venido a comer 25 personas. Pero lo fácil es quejarse de que los triunfitos se llevan toda la pasta de las subvenciones con las que cuentan las fiestas locales y todo eso.

Según la temporada primavera-verano que haya tocado vivir, hay otros nombres que surgen entre la oferta de recitales como setas en temporada. Apuntad aquí, en este año, a grupos de perfil más modesto que los anteriores. Neuman podrían optar a Record Guiness si esto se contabilizase. Novedades Carminha son jóvenes y quieren viajar, por lo que no hay aldea de Guadalajara que no conozcan. Niños Mutantes no son jóvenes, pero por lo visto no se cansan. El Columpio Asesino siguen teniendo deudas que pagar en el estudio, y hay que echarles una mano. Joe La Reina consiguieron su espacio. La Habitación Roja o Delafé… bueno, que siguen vivos, y que no podemos, ni nos dejan, olvidarlos. Incluso varios grupos internacionales parecen tener su segunda casa en los festivales españoles, véase el caso de Is Tropical, sin ir más lejos.

Tanto es así que para diferenciarse del resto, más que arriesgar por unas contrataciones diferentes (un abrazo al Vida Festival entre otros, que han huído del sota, caballo, rey, y espero que triunfen en su intento), parece que hay que optar por inventarse cosas raras. Por ejemplo: en lugar de un puesto de perritos, mete en el catering a un tío que tenga una Estrella Michelín y que se peine a lo hipster, que eso lo peta. Como si un sitio en el que tienes a unos tíos encima de un escenario, interpretando canciones a chorrocientos decibelios, fuese en lugar idóneo para cenar en plan espléndido con los colegas.

Los programadores arriesgan mucha pasta y necesitan acertar con lo que ofrecen. Imagino que para vender entradas tienes que meter a uno de estos, de los de siempre, en tu programa

Derribarme el argumento de que cada vez el panorama de los festivales españoles es más aburrido y desolador es fácil: haz tú uno, si tienes huevos. Al final esto es un negocio privado, los programadores arriesgan mucha pasta (por mucho que varios de ellos cuenten con un apoyo de las arcas públicas considerable, siempre se asume un riesgo) y necesitan acertar con lo que ofrecen. Si aciertan, venden entradas, si no, no. Imagino que para vender entradas tienes que meter a uno de estos, de los de siempre, en tu programa. O sea, para que vaya la gente y todo eso. Así que por un lado me quejo de que todo me parece una mierda, y, por otro, parece que es lo que le gusta al pueblo, y que me tocaría callar. No es la primera vez que me pasa.

El problema es que esto, y disculpadme el momento populista y facilón, cada vez tiene peor pinta. El público concentra sus asistencias a conciertos en los 2–3 festivales a los que acude, y las salas de conciertos de tu ciudad cierran a pares. Y sí, es un problema de mucho mayor calado como para intentar justificarlo con esta teoría únicamente, pero decir que eso no afecta es cerrar los ojos a la realidad. Si todavía este tipo de eventos concentrase a todos los P.I. de España de una tacada, podríamos verle el aspecto positivo. Pero ni eso, el P.I. nunca descansa y en toda esquina hay uno esperando a joderte la velada.

Así que, desde este humilde rincón, solicito a ese hombre en España que lo hace todo que le eche narices. Que tiene la marca creada y el producto casi vendido de antemano, y que meter a unos cuantos artistas que le den el toque de calidad y distinción a tu cartel no va a ser tan arriesgado. Que vas a petarlo igual, y colgarás el “No hay entradas” sin miedo a que los Woods estos que no conoce nadie te arruinen el negocio. Y si no, pues seguiremos abrazando cada vez más nuestras salas, con sus modestos presupuestos y sus amenazas de cierre por parte del gobierno local que se juega cien votos de los vecinos. Que lo de dar de comer al pequeño comercio, y no a los grandes almacenes, también tiene su punto romántico.

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