La máxima de esta santa casa es que siempre llegamos tarde. A lo que sea. Pero al fin y al cabo lo importante siempre ha sido llegar. Puede parecer lo contrario en estos tiempos siempre cambiantes y siempre llenos de prisa donde hay que tener cuanto antes la reseña del grupo del momento, anotarse el tanto y prepararse para analizar cuanto antes al próximo grupo del momento, dejando en el olvido al anterior hasta que llegue el momento de hacer las listas de lo mejor del año. Quizá hace falta dejar reposar según qué discos después de su punto álgido, cuando son publicados, para terminar de comprobar si nuestro asombro con el mismo es capaz de aguantar el paso del tiempo.

Todo lo que he dicho puede sonar a excusa barata para estar hablando de IV (Superball, 2015), el último trabajo de Toundra, casi seis meses después de su publicación, y en cierto modo así lo es, pero atreveos a refutar que muchos discos terminan casi olvidados una vez ha pasado el momento del hype. No digo que este disco sea uno de esos casos, más bien al contrario, porque a pesar de darle muchas escuchas en su momento no terminé de quemarlo y conforme han ido pasando los meses el disco ha seguido cayendo en mi reproductor con más frecuencia o menos. Seis meses después, sigo regresando a IV y compruebo como este me sigue despertando una gran fascinación, prácticamente la misma que nada más salir, cuando los discos estaban sólo comenzando a aparecer.

Toundra: consolidados en la élite nacional

No voy a ponerme ahora descubrir a la banda madrileña, ya se han ganado ellos mismos a pulso que un público importante más allá de su género a base de trabajo duro y esfuerzo constante. Son una de las bandas más reconocidas dentro de nuestras fronteras y por ello han dado el salto hacia un sello internacional subdivisión de unos gigantes como Century Media. Todo ello con un sonido no mayoritario fácilmente etiquetable dentro del post-rock, pero que esconde muchas más influencias y más diversas una vez se rasca la superficie de sus composiciones.

No obstante, el mayor mérito de Toundra ha sido el de ir construyendo una discografía sólida, sabiendo dar un paso hacia adelante con cada lanzamiento. Se confirmaron dentro de nuestra escena con III (Aloud, 2012), el clásico disco donde una banda busca sonar de una manera que refleje fielmente cómo son en directo. ¿Cuál es el siguiente paso cuando realizas tal movimiento? Uno puede mantenerse en sus trece y seguir en la misma línea, pero los madrileños han optado por enriquecer su estilo, por hacerlo más rico en influencias que nunca pero sin renunciar a todo lo que les caracteriza.

La presencia de Macón como nuevo guitarrista ha facilitado esta expansión del sonido del grupo, dando cabida a elementos de bandas progresivas pero sin llegar a enmarcarse nunca del todo en el rock progresivo. Seguimos encontrando mucha querencia por la exquisitez en las estructuras y en los desarrollos al más puro post-rock, permanecen esos toques de post-hardcore pero, sobre todo, se mantiene esa habilidad para peinarnos para atrás con cosas como ‘Qarqom’ o ‘Kitsune’, composiciones 100% identificables con Toundra, del mismo modo que nos brindan momentos tan especiales y poco habituales en ellos como ‘Lluvia’ o ‘Viesca’, especialmente la última con su sorprendente y sublime instrumentación reforzada con viento metal y cuerdas.

Pero si algo permite que IV sea un disco tan fantástico es su capacidad para lograr emocionarnos con cada punteo, con cada rasgado de la cuerda de una guitarra o con el ritmo que sigue la batería de Álex. Podemos comprobarlo en ‘Strelka’, donde con una interesante progresión el grupo va hipnotizando nuestra mente al mismo tiempo que nos eriza el vello. Pero sin duda una de las joyas de la corona en el aspecto de transmitir emotividad es ‘Oro Rojo’, que cuenta con uno de los instantes musicales más excelsos de este año según mi compañero Mohorte (y me es imposible no darle la razón en este aspecto).

8.6/10

Aunque sigan pasando los meses, la calidad de IV se mantiene altísima y resiste una vez ha pasado el momento donde el hype está más alto con él. Cuando estás ante un disco que aguanta de esta manera y al que sigues regresando de manera asidua, está claro que estás ante uno de los discos del año. Con su cuarto esfuerzo, Toundra consolidan su posición como una de las bandas más notables de la escena española y firman un trabajo magnífico que no debería faltar en los repasos de lo mejor del año. No merecen menos después de todo el esfuerzo realizado para llegar hasta donde están y por continuar explorando hasta dónde puede dar de sí su música y ellos como compositores.

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