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¿Se ríe de nosotros Trentemøller? ¿Cómo si no explicar el por qué de llamar a un álbum de ideas tan claras Lost? ¿Perdido de qué? ¿De no tener claro con que estilo obsequiarnos con cada nuevo lanzamiento?

Más bien todo lo contrario; el danés Anders Trentemøller parece tener la cabeza muy bien amueblada musicalmente y ser capaz de darle a todo lo que se proponga sin fallar lo más mínimo.

Trentemøller: del techno al pop sin dar patinazos

Sí con The Last Resort, su debut en 2006, nos ofreció una visión berlinesca del techno que hacía de las melodías su elemento diferenciador, para luego evolucionar en The Great White Yonder en algo cercano al pop pero plenamente bañado por el house bailable y arropado por los siempre oscuros y personales sonidos del danés, esta tercera entrega es la confirmación de aquella línea que comenzaba en 2010 con su segundo disco, pero elevada a la máxima potencia.

Trentemøller viene ahora a demostrar que el pop sintético no le está vedado y que, como en casi cualquier estilo que se proponga, es capaz de no sólo moverse como pez en el agua, sino de destacar y ofrecer trabajos que rozan la perfección.

Una vez más nos ofrece un disco no demasiado conciso, con doce cortes, aunque se vayan unos cuantos minutos en el silencio que se encarga de ocultar un último y misterioso tema escondido que nos despide con una dramática melodía de piano.

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Y una vez más también, estos doce temas nos traen y nos llevan por los vocales y los instrumentales, entre colaboradores a cuál más interesante e irresistibles temas carentes de letra que sirven de hilo conductor a un álbum muy bien planteado.

Lost, cambiando de estilo sin perder el norte

The Dream’ cuenta con la colaboración de Low y nos introduce en las atmósferas que Trentemøller nos quiere plantear en Lost. Es una apática balada que suena a David Lynch haciendo música interesante, al Lynch capaz de no aburrir. Aquí la electrónica se relaja para dar espacio al productor más noir que comparte mente con el de las melodías bailables, ese que todavía tardará algo más en aparecer, mientras fluyen sonidos como los kraftwerkianos de ese ‘Gravity’ al que pone voz Jana Hunter.

New Order parecen haber puesto su bajo al servicio del sinuoso ‘Still On Fire’, el primer instrumental en hacer acto de presencia, que sirve además para que no olvidemos que aunque pueda con casi todo, Trentemøller viene de la electrónica.

Candy Tongue’ si nos adentra plenamente en ese pop espeso y oscuro del que hace gala el artista de vez en cuando. La mezcla perfecta entre electro y acústica, tiene en la voz de Marie Fisker su mayor baza para ofrecer ese tono entre lo ominoso y lo sensual.

Trails’ reivindica de nuevo el papel de la electrónica en un álbum más pop de lo esperado. Es posiblemente el mejor tema del disco y sin duda alguna el mejor instrumental. Guitarras que recuerdan que en Trentemøller también hay mucho de rock y que los Depeche Mode de la “época Violator” bien pueden contarse entre sus influencias.

El primer single de Lost que conocimos, ‘Never Stop Running’ cuenta con la voz de Jonny Pierce de The Drums para redondear un tono apático que sorprenderá más a los fans de la banda y su luminosa música que a los del productor, más acostumbrados a lugares fríos y carentes de luz.

Menos interesantes son los aires krautrockeros de ‘River Of Life’ junto a Ghost Society, aunque la misteriosa ‘Morphine’ nos hace olvidarnos pronto, llevándonos a terrenos recónditos de nuestras mentes a base de coquetear con el drone; terrenos oníricos en los que incluso ahonda ‘Come Undone’, con Kazu Makino y que confirman a Trentemøller como un perfecto creador de atmósferas.

Atmósferas misteriosas y evocadoras en las que le gusta recrearse, como se puede escuchar en ‘Deceive’ con sus refilones industriales y la hipnótica voz de Sune Rose Wagner, aunque más tarde llegue ‘Constantinople’ con sus aires orientales y su ritmo acelerado a sacarnos de cualquier ensoñación y dispuesta a competir por el honor de ser el mejor de los temas instrumentales de Lost con ‘Trails’.

Y obviando el “hidden track” del final, ‘Hazed’ se presenta como el mejor cierre posible a un disco bien hilvanado, que nos lleva por diferentes y crepusculares paisajes sonoros para dejarnos claro que este Trentemøller, aunque se esconda, sigue siendo el mismo de The Last Resort.

No cabe duda de que Lost es un álbum pensado por una mente brillante, que se maneja con soltura tanto en la electrónica como en otros estilos, y que es capaz de no dejarse encasillar por nadie. Lo suyo es desafiar etiquetas y se le da de maravilla. Y es algo que se descubre a cada nueva escucha. Ahí están, ocultas tras cada recodo de su sonido, nuevas referencias y matices que descubrir en un álbum de los de saborear despacio.

Ahora que es más el pop que otra cosa lo que atrae al danés, poco hay que bailar en este Lost, aunque casi mejor así: o ¿es que nos vamos a quejar de un trabajo casi perfecto como este tercer disco de Trentemøller? Yo sí, sólo me quejo de no tener otro ‘Silver Surfer, Ghost Rider Go!!!’. Pero nada más que objetar a uno de los discos del año.

Lost, tracklist:

01. The Dream (feat. Low)
02. Gravity (feat. Jana Hunter of Lower Dens)
03. Still On Fire
04. Candy Tongue (feat. Marie Fisker)
05. Trails
06. Never Stop Running (feat. Jonny Pierce de The Drums)
07. River Of Life (feat. Ghost Society)
08. Morphine
09. Come Undone (feat. Kazu Makino de Blonde Redhead)
10. Deceive (feat. Sune Rose Wagner de The Raveonettes)
11. Constantinople
12. Hazed

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