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Había ganas, había muchas ganitas de volver a catar en directo a Triángulo de Amor Bizarro en Madrid, y esta vez no sólo por los motivos habituales, sino también porque, con su Victoria Mística a punto de ver la luz (el cuándo ya lo dirán ellos, que parece que la cosa se va retrasando), lo de anoche en el Ocho y Medio parecía algo parecido a una presentación oficial del nuevo material, después de los adelantos que ya habían dejado caer hace más de medio año en el Festival DCode.

Antes de nada, que no se me olvide: ojito con los madrileños (y malasañeros) Trajano! Como apadrinados más o menos oficiales de la estrellas de la noche, fueron los encargados de abrir fuego y dejaron muy buen sabor de boca, me atrevería a decir que casi mejor que el producido al escuchar su material en estudio. Su receta de post-punk con reducción de Joy Division sobre lecho de Parálisis Permanente y chips de Golpes Bajos crece y crece en directo, hasta el punto de hacerte dejar la cháchara y pasar a formar parte del subgénero teloneros-que-consiguen-captar-tu-atención. Lo dicho: a seguirles la pista.

Luego salieron unos TAB que parecían no haber tenido demasiado tiempo para pruebas de sonido pero nos volvieron a dejar a todos de nuevo con la boca abierta igualmente. Porque ahora se nos ha olvidado, pero quizá alguno se acuerde de cómo, recién salido su disco de debut, flotaban por ahí ciertas dudas sobre el directo del grupo y sobre si eran capaces o no sobre el escenario de estar a la altura de su tan incendiaria propuesta. Pero uno ve en directo a los de Boiro y parece que han estado ahí toda la vida: su presencia, su dominio de la escena, su ya considerable porrón de jits, su capacidad de hacer engorilarse al personal. Parece hasta fácil, pero desde luego no lo es y si no, pensad a cuántas formaciones del llamémosle indie español habéis visto desinflarse sobre un escenario.

El bolo consistió, como es habitual, en disparar proyectiles a tal velocidad que el público no sepa ni por dónde le vienen. La cosa arrancó con ‘La malicia de las especies protegidas’, ‘El himno de la bala’ y ‘Amigos del género humano’ así de carrerilla: no os digo más. Y a partir de ahí, a seguir demostrando tablas por un lado y una legión de fans entregados por el otro. Cojamos el ejemplo de ‘Robo tu tiempo’, una canción publicada hace apenas un par de meses como adelanto y que será incluida dentro de un disco que ni siquiera ha salido: pues bien, no sólo es reconocida ya por el personal al primer acorde, sino que el propio Rodrigo, en la que quizá sea una de las primeras veces que la interpreta en directo se permite una vacilona pausa a la mitad para que todos le pidamos a gritos “¡Guillotina!”. Y lo mismo ocurrió con la todavía más reciente ‘Estrellas místicas’ y su ya emblemático “sonríe, hostia”, que todos sabíamos ya cuándo berrear. Ambas, por cierto, perfectamente integradas ya en el repertorio y sin desmerecer a ninguno de sus clásicos.

Además de lo ya adelantado, hubo tiempo también para más estrenos en primicia del nuevo material. A falta de correcciones en la sección de comentarios, diría que anoche cayeron hasta seis cortes de Victoria Mística, incluido ese tema llamado (no sabemos si sólo provisionalmente) ‘Follar’, que circula por ahí en numerosos YouTubes de sonido ratonero y que ardo en deseos de escuchar en versión pulida (es un decir) en estudio. Pero la cuestión es que todo lo nuevo tiene muy, muy buena pinta: desde luego, si al final su tercer trabajo resulta decepcionante, anoche hicieron un trabajo excelente disimulándolo.

Por lo demás, lo de siempre: oficio, oficio y oficio. Darlo todo con las canciones que se prestan más al directo (‘De la monarquía a la criptocracia’ es simplemente infalible) e integrar otras en el setlist de manera ejemplar, como ocurre siempre con ‘El fantasma de la transición’ (en principio poco lucida en medio de guitarrazos y distorsiones pero a la que los gallegos consiguen sacar un jugo que no deja de sorprenderme) o el rescate para la ocasión de ‘Estrella azul de España’, una pausa muy agradecida en medio de la locura.

Igual que en sus discos, en los conciertos de Triángulo de Amor Bizarro no hay tiempo para tonterías: una alucinada (y alucinante) interpretación de ‘El Crimen: Cómo Ocurre y Cómo Remediarlo’ como glorioso final y, después de una hora justita con dedicatoria incluida a la propia sala, adiós muy buenas. Y los bises, que los hagan otros. Mejor así, dejando al público con ganas de más, pero también con la sensación de que lo que se les ha dado ha sido simplemente impecable. Recordad: parece fácil, pero no lo es.

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