Tricky — Adrian Thaws

Pongamos que se pudiera seguir fumando en los bares y clubes de nuestro país. Imaginemos que entramos en uno que lleva horas abierto, dando calor a sus feligreses a eso de las 4 de la mañana, si es que la normativa municipal no obliga al cierre antes, claro. Hagámonos a la idea de la atmósfera que se podría respirar en él; de la espesura de su aire, del estado de etílico de sus parroquianos…

¿Podéis imaginaros la música que sonaría? ¿No? Al menos os haréis vuestra propia idea, sabéis qué querríais escuchar… Pero, ¿y Adrian Thaws, o lo que es lo mismo, Tricky? ¿Qué querría escuchar él? Pues si y no. El de Bristol lo tiene claro, sí, pero no es exactamente lo que pensamos.

Tricky AKA Adrian Thaws / Adrian Thaws AKA Tricky: tanto monta, monta tanto

La respuesta sería precisamente Adrian Thaws (False Idols, 2014), o lo que, también es lo mismo: los 13 nuevos temas de Tricky, que en conjunto ha dado en llamar como él mismo, en un alarde de abrirse al mundo, de darse a conocer íntimamente, porque, como él dice, no lo conocemos.

El resultado de tanta sinceridad es un disco espeso, tanto como el aire de ese club del que os hablaba antes y del que nos parece hablar Thaws desde la portada del álbum o títulos como ‘Nicotine Love’; ese club para el que dice que estas canciones están creadas. Un club en el que sonaría trip-hop, por supuesto, pero no sólo eso.

Y no es que Tricky haya pecado precisamente de ofrecer temas luminosos y optimistas; para esa car del trip-hop ya teníamos a Morcheeba, pero es que, en esta ocasión, Thaws parece dispuesto a mostrarnos lo oscuro y podrido que puede llegar a estar su fuero interno si este es su sonido más sincero.

Queda claro con Adrian Thaws que Tricky es un inconformista y que no gusta de dormirse en los laureles de sus éxitos pasados. Que no quiere vivir haciendo una y otra vez lo mismo, aunque su legado esté presente en este nuevo disco. Porque lo que ofrecen estas nuevas producciones del de Bristol, pasa muy de puntillas por lo ofrecido en entregas pretéritas, para entrar en terrenos más experimentales y cenagosos, que harán que no todo el mundo se quiera meter hasta las rodillas en ellos.

Adrian Thaws: sinceridad que echa para atrás

En temas como ‘Nicontine Love’, por ejemplo, Tricky se aleja completamente de los ritmos del trip-hop para adentrarse en sintetizadores más pisteros, con cierto sabor retro y siempre desde la sensual voz de su ya habitual colaboradora, Francesca Belmonte, que le sirve además para ofrecernos sus típicas rupturas de ritmo.

Otra de las constantes de este disco es la sustitución del “trip” por el “hip”, en pasajes como ‘Gangster Chronicle’, con Bella Gotti, mezcla del sonido Madchester con las más urbanas influencias americanas, mientras que en ese hip hop que en ‘Lonnie Listen’ encarnan a dúo Mykki Blanco y Belmonte, recuerda más a una versión urbanizada de algún momento radom en la carrera de Orbital.

Las guitarras eléctricas que tanto gustan a Tricky también se pueden escuchar por aquí y por allá, en pequeñas pinceladas que pasan casi desapercibidas, aunque en ‘Why Don’t You’ tienen todo un adalid, dejándonos un tema con una fuerza, prodigy-osa, desde esas mismas guitarras hasta los ritmos DnB que apenas suenan ya como un eco del pasado.

Pero la tónica general que domina Adrian Thaws son los temas lentos, oscuros, que se arrastran pesadamente hacia su final, dejándonos con esa sensación de atmósferas opresivas que comentaba al principio.

Temas como ‘Sun Down’, ‘Keep Me In Your Shake’ o ‘I Had A Dream’, con Tricky haciendo en cada una de ellas una de sus particulares apariciones vocales, son buena muestra de lo que digo: clubes sucios y de mala muerte, en los que le único foco de luz está en la vocalista femenina (Tirzah, Nneka y Belmonte respectivamente). Incluso el único tema que podríamos considerar trip-hop de la vieja escuela, ‘My Palestine Girl’, podría estar entre esos temas más noire del álbum, con otra de esas ominosas interpretaciones del mismo Thaws, junto a Blue Daisy en esta ocasión. Inconfundiblemente Tricky, éste si, bien podría haber salido de alguno de los primeros discos del de Bristol y nadie habría notado la diferencia.

Pero si alguno de los cortes de Adrian Thaws marca verdaderas diferencias, ese es sin duda ‘Silly Games’. Es el verdadero momento luminoso de un disco que realmente necesita algo así para sacarnos de la más negra depresión. Aquí, él y Tirzah se permiten incluso llevarnos a terrenos tropicales, en una balada de inspiración jamaicana casi reggae.

6.2/10

La verdad, se agradece la sinceridad de Thaws, casi tanto como que arriesgue y trate de experimentar y de no acomodarse en lo que siempre le hemos escuchado, pero, de ahí a que esto sea lo que queremos oír en un club, va un trecho.

Excesiva oscuridad, excesiva opresión, sonidos demasiado “espesos”… Como ejercicio de estilo para el propio Tricky están muy bien, pero para el que sólo quiere pasar un buen rato escuchando la música de uno de los referentes del trip-hop, aunque sea uno menos representativo que Massive Attack o Portishead, este Adrian Thaws es un disco a todas luces excesivo, en el que precisamente brillan pocas luces y que hace brillar, incluso más, a lanzamientos no muy lejanos del de Bristol, como False Idols sin ir más lejos, y para que hablar de los grandes, como Maxinquaye.

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