Adrian Thaws, persona que se oculta tras el alias de Tricky en esto de la música, puede presumir de muchas cosas; de llevar 20 años en el negocio; de haber conocido el éxito, de tener un verdadero icono en su discografía como es Maxinquaye, de haber hecho lo que ha querido y de haberse plegado a las exigencias del público.

Pero también puede presumir de haber recapacitado y de haber vuelto a su senda, a hacer lo que él quiere, sin rendir cuentas a nadie, justo a tiempo, antes de ser olvidado y vilipendiado por haberse vendido.

Lo ha hecho ahora, creando su propio sello discográfico, False Idols, y grabando su décimo disco de estudio, también llamado False Idols, en el que ha tenido a bien volver a sus raíces modernizándose lo justo y necesario y acercándose sin tapujos al sonido de aquel Maxinquaye, disco con el que debutaba en solitario aunque poniéndose en esto del trip-hop muy por encima de Massive Attack, proyecto en cuyos dos primeros discos colaborara, durante una larga temporada.

Tricky, sin complejos, sin compromisos

El listón estuvo alto en su día, aunque con las concesiones hechas al público y a la industria en trabajos anteriores, como aquel Mixed Race de sonido gangsteril, este listón había quedado fácilmente superable, y el mismo Tricky lo tenía muy claro:

en este nuevo disco estoy tras cada uno de los temas. No me importa si a la gente le gusta. Estoy haciendo lo que quiero hacer, que es lo que hice en mi primer disco. Eso es lo que me hico quien soy al principio. Si a la gente no le gusta, me da igual, porque estaré donde estaba entonces

Menos mal: se acabaron las tonterías y el tratar de contentar tanto a la gente como a él mismo. En un movimiento de sensatez, volvemos a tener al Tricky oscuro, susurrante, agobiante, opresivo de siempre; el que nunca debería haber desaparecido para sólo destellar en la lejanía.

De entrada, lo que más llama la atención es el concepto del álbum, centrado en abolir la religión, en hacer abrir los ojos a todos aquellos cegados por esos que él denomina falsos ídolos y sobre todo, y aunque obviando nombres propios se podría aplicar a otras creencias, la religión católica.

No hay más que echar un vistazo al título del álbum, al nombre elegido para el sello; a temas como ‘Somebody’s Sins’, ‘We Don’t Die’ o ‘Passion Of The Christ’. Tenemos un tema que vertebra este trabajo y que posiblemente es el que lo dota de tanta cohesión como exhibe.

En cuanto a la música en sí, por un lado tenemos las señas de identidad de Tricky, con sonidos oscuros, capas y capas de producción, de electrónica y otros instrumentos, y varias voces en casi todos los cortes del disco, que cuentan con un invitado protagonista y en muchos casos, Tricky, en segundo plano, susurrando, e interpretando el papel de ese dios, presente en todo momento, que observa los pasos que dan sus minúsculas creaciones sin inmiscuirse, dejándolos a su libre albedrío.

En ese aspecto, este False Idols es precisamente lo que la gente esperaba que fuera, una actualización de Maxinquaye poco más o menos, pero sería injusto tratar este décimo disco del de Bristol tan sólo de eso, de actualización, porque este nuevo material tiene entidad y personalidad más que suficientes, si no para pensar que es uno de sus mejores discos, si para pensar que es de los mejores de sus últimos tiempos y que es todo un paso adelante en su evolución musical.

False Idols, aboliendo religiones a golpe de trip-hop

De hecho, Tricky llega dispuesto a sorprender desde el principio, sentando las bases del disco con ‘Somebody’s Sins’, un tema que ya por título ayuda, pero que, tras escuchar la adaptación de aquellas palabras de Patti Smith, jesus died for somebody’s sins, but not mine en boca de Francesca Belmonte y con el mismo Thaws haciendo las veces de eco, deja claro que él no esconde sus ideas y que no iba de farol al decir que con este disco no trata de contentar a nadie más que a él mismo. Una breve intro, con más contenido que si se hubiera extendido a lo largo de cinco o seis minutos.

Nothing Matters’, cantanda por Nneka, podría ser perfectamente otro single del álbum, pero más que eso, la voz de la nigeriana es un claro contraste entre los sonidos espesos y oscuros de Tricky y sobre todo sus graves susurros, esos que por los que nos lleva en el siguiente corte, ‘Valentine’, que usa parte del clásico ‘My Funny Valentine’ de Chet Baker sólo para decirnos que este tema no tiene nada que ver con lo que su título sugiere, hablando de una madre soltera en lugar de idílicas historias de amor. Por cierto, por si no la reconocéis, la voz femenina aquí es la de Alison Goldfrapp.

Bonnie & Clyde’ no es sólo el punto gangster del álbum por su título; aquí queda algo del sonido de Mixed Race y tenemos una revisión mucho menos luminosa de temas como aquel ‘Murder Weapon’. Probablemente sea por eso por lo que este es uno de los cortes menos memorables del disco.

Todo lo contrario que ‘Parenthesis’, el tema en el que colabora Peter Silberman, de The Antlers. Un tema en el que la tensión se masca en el ambiente, como la calma que anuncia la tempestad antes de explotar en un estribillo de agresivas guitarras y con el contrapunto habitual entre la voz de Thaws y la del invitado de turno, que, en este caso, al no ser femenina, se consigue a base de ese extraño e intrigante falsete que Silberman entrega.

El primer single que conocíamos, ‘Nothing’s Changed’ nos lleva por paisajes grises y sombríos, repletos de melancolía entre ritmos a medio tiempo que se antojan demasiado planos.

Pero si antes ya hemos escuchado momentos típicamente trip-hop, e incluso ha habido lugar para retazos de hip-hop, aún queda hueco incluso para guitarras inspiradas en el funk como la que adereza por aquí y por allá ‘Is That Your Life’, mientras que ‘Tribal Drums’, como su nombre sugiere, incide en ese tipo de percusión que también hemos escuchado ya en alguno de los temas anteriores y que se apoya además en ese sintetizador que emula algún tipo de flauta exótica.

We Don’t Die’ por su parte, viene a jugar un poco al despiste en su temática, siendo otro tema cantado a dúo entre Francesca Belmonte y un Tricky en segundo plano; como si ambas voces dialogasen sobre si hay una vida después de la muerte.

Otro de esos temas que crea tensión y más tensión que no llega a liberarse en ningún momento es ‘Does It’, que al terminar te deja con sensación de coitus interruptus, mientras que en ‘Hey Love’ aunque tenemos de nuevo un tema a dúo, Tricky prefiere salir de la sombra y convertirse en el protagonista, para terminarlo todo en ‘Passion Of The Christ’, un tema atmosférico, con cuerdas sintéticas que invocan lugares lejanos en nuestra mente y discos pasados.

8/10

En definitiva un disco que, aunque sea quizás algo extenso en número de temas, (aspecto que compensa con la escasa duración de muchos de ellos), merece todo nuestro tiempo; que nos descubre nuevos matices con cada nueva escucha, repleto de lugares complejos y recónditos y que nos devuelve a los 90 a la vez que trae a la primera plana de nuevo a un artista que lo mejor que hace es ser él mismo.

No cabe duda, si Tricky ha estado haciendo discos para el público estos últimos años, nos ha estado engañando porque nosotros, su público, preferimos que sea fiel a sí mismo y que se deje de tonterías, sobre todo si esto lo acerca más al mítico Maxinquaye.

False Idols, tracklist:

  1. Somebody’s Sins
  2. Nothing Matters
  3. Valentine
  4. Bonnie & Clyde
  5. Parenthesis
  6. Nothing’s Changed
  7. If Only I Knew
  8. Is that Your Life
  9. Tribal Drums
  10. We Don’t Lie
  11. Chinese Interlude
  12. Does It
  13. I’m Ready
  14. Hey Love
  15. Passion of the Christ

En Hipersónica | Tricky quemará sus falsos ídolos en mayo con su nuevo disco: False Idols

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